¿cuál era la pregunta?

4: La única alumna que marcaría un lunes.

A las siete de la mañana ya estaban todos levantados.
Leonor cogía la última tostada como si cualquiera se la fuera a arrebatar de las manos.
José estaba organizando el calendario de mesa con un bolígrafo de cuatro colores.
Lucas aún estaba bebiendo su taza, y Merche estaba rebuscando en su bolso algo que Sofía le había pedido.
La familia recogió como pudo y se dirigieron en coche al instituto para empezar bien el curso.
José había encargado pequeños folletos para entregar en la puerta a los alumnos. Por si querían hacer boxeo, esgrima, kendo, Zumba o alguna arte marcial.
Mientras esperaban a que abrieran las puertas y José repartía sus panfletos; Sofía reparó en un padre y una hija discutiendo.
—Solo te pido que te controles, Pilar, ¿vale?
—¡Es que yo no hice nada malo, papá!
—Te expulsaron por acoso, cariño, eso no es bueno.
Sofía se fijó en la chica. Tendría más o menos la misma edad que ella. Tenía el pelo liso y negro como Blancanieves; y unos ojos azules que no parecían tener maldad ninguna pese a lo que había captado de la conversación.
—Querer saber todo de una persona no es acosar, es admirar. —Pilar se cruzó de brazos, enfadada.
—Tenías un corcho con todos sus pasos diarios medidos al minuto, Pilar, eso era acoso.
El detalle del corcho no le pasó desapercibido a Sofía y pensó en la instantánea que escondía tras la foto familiar. Y se dió cuenta de que hasta hacía dos años, ella también sabía todos los movimientos de Nuria. Se asustó de sí misma.
La puerta del instituto abrió y los alumnos entraron con lentitud formando pequeños grupos.
José alcanzó a Pilar y a su padre para darles un folleto justo antes de que ambos entraran al recinto.
—¡Se practica todo tipo de deporte! —Le enseñó el papel a Pilar, que lo ignoró. Mas se lo ofreció al padre—. Si creen que no hay alguna disciplina, puedes llamar al teléfono y preguntar. Estaremos encantados de atenderte.
El hombre sonrió con amabilidad y cogió el folleto para guardárselo.
—Estoy seguro de que encontraremos algo que Pilar pueda hacer en tu gimnasio, ¿cómo te llamas?
—José. Llevo el gimnasio junto a mi esposa Mercedes. —Estiró la mano para estrechársela.
El hombre respondió al gesto y se presentó.
—Yo soy Joaquín Bermúdez, y esta pequeña gruñona es Pilar, mi hija. Encantado.
Lucas se acercó a José, para despedirse. Y Sofía notó un pequeño gesto en Pilar cuando reparó en su hermano.
—Ese es mi hijo Lu…
—¡José!, yo también voy a practicar algo, ¿vale? —le interrumpió Sofía, increpando una mirada asesina a Pilar.
La chica, lejos de sentirse intimidada, su cara era de pura curiosidad y eso descolocó a la rubia.
Sofía estaba dispuesta a defender a su familia de acosadoras como lo que había entendido de esa chica nueva.
—¡Buenos días, papá! —reconoció a la voz más maravillosa del mundo.
—¡Hola, Nuria! —respondió, y a continuación, se giró hacia el padre de Pilar—. Ella es mi hija.
El pavor se apoderó de Sofía cuando se dió cuenta de que la nueva estaba mirándola. Deseó que a Pilar se la tragara la tierra si iba a perseguir a Lucas o a su amada Nuria. ¡No lo iba a consentir! Pero cuando la miró, solo vio a una chica normal y corriente, con el pelo negro y los ojos azules.
Ladeó un poco la cabeza para mirar a Nuria tras la figura de José. Pero lejos de sentirse amenazada por si Nuria le hacía ojitos a la nueva; a quien estaba mirando era al padre.
—¡Anda! ¿Kim?
—¡La pequeña Nuria! —exclamó el adulto— ¡que pequeño es el mundo!
La energía de Pilar cambió a interés cuando Joaquín mostró conocer a la de rizos morados. Mostró una sonrisa cordial que a Sofía le resultó un tanto macabra por su improvisación.
—Llámame Pilar; no me gustan los diminutivos, ni los acrónimos ni ninguna otra cosa que no sea mi nombre de pila. ¡Encantada!
Ya solo la manera de decirlo denotaba algo de superioridad. Sofía se interpuso como pudo.
—Yo me llamo Sofía y también soy hija de José —interrumpió alargando la mano—, ¡es un placer conocer caras nuevas el primer día de clase!
Una pequeña sonrisa de satisfacción quiso asomar en la cara de Pilar, que cogió a cada “veterana” por los hombros para entrar al instituto.
Sofía no quería que Pilar la tocara, y tampoco le hacía gracia que tocase a su querida Nuria. Pero se tragó ese orgullo que no sabía que tenía para tenerla bajo control.
Así que según caminaban hacia el interior; al mirar hacia atrás, vio cómo Joaquín entraba al instituto también.
La tutora de este año sería Fiona, la profesora de matemáticas. Sofía sabía que esa asignatura le iba a resultar algo difícil con esa profesora, pero el hecho de compartir clase con Lucas y Nuria compensaba el esfuerzo de tener que aguantar las quejas de esa profesora.
Otra pega, aunque no tenía porqué serlo, era el hecho de que la rara de Pilar también iría a la misma clase.
Fiona presentó a Joaquín como el profesor de lengua y literatura con un tono de casi devoción. Comentó que sería el profesor de la clase extra de teatro y que también impartiría artes plásticas.
El hombre era un All-in-one en toda regla.
A la hora del recreo ya tenían los horarios semanales repartidos y asignados por temática.
Cuando salieron al patio, lo primero que hizo Sofía fue llevar a parte a Nuria y a Lucas.
—No me fio de Pilar. —Intentó decir sin exponerse como chismosa.
—A mí lo primero que me ha dicho es que quiere que su padre y mi madre tengan una cita. —Expuso Nuria con total inocencia.
Sofía se irguió ante esa idea. Pensó que sería como una de esas vampiresas de instituto que se intentaban camelar a todos al llegar.
—Y además es guapa. —Puntualizó Lucas, que la miraba de reojo.
La aludida se acercó a Sofía y la apartó de sus amores.
—¿Qué te he hecho para que me la tengas jurada sin conocerme?
Sofía marcó territorio.
—No voy a dejar que persigas ni a Lucas ni a Nuria.
La sonrisa de satisfacción regresó a la cara de Pilar.
—Yo solo quiero que seamos familia, doña perfecta. Quiero ser tu cuñada por partida doble, Sofía.
No se sintió intimidada como la otra pretendía, pero tampoco le plantó cara.
—¿Cuñada doble?
—Seré la hermana de Nuria y la novia de Lucas; Sofía, a eso me refiero.
—¡Qué fe! —Apartó a la morena con el brazo y regresó con su hermano y la chica que le gustaba. No se iba a dejar pisotear.



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En el texto hay: gl

Editado: 31.08.2026

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