Cuando a mi vida llegó

Capítulo siete

 

"Miedo eso es lo que las personas sienten siempre. Miedo a todo.

Nadie lo puede controlar aunque las personas aseguren que es así."

11 de mayo del 2015

─Deberías contestas mías llamadas─ escucho decir a mi mamá por el teléfono, supongo que al fin consiguió tener una plática con ella─, no me importa cuán ocupada estés en este momento tu y yo tenemos que hablar.

Hay un silencio y supongo que ella está dando su excusa del día con ella y eso me molesta mucho, que no la tome enserio y ni siquiera venga a visitarla.

Me paro de la cama y cierro la puerta de mi habitación para así no tener que escuchar esa conversación fallida de mi madre por querer ponerla en orden a ella. Vuelvo a mi cama y miro el techo tratando de encontrar una forma de apagar el miedo y el coraje que tengo dentro gracias a esa persona detrás del teléfono y a Elisa. Para ambas son los mismos sentimientos.

Mi teléfono suena y como no dura mucho el sonido sé que es un mensaje, lo tomo y se mira en la pantalla el nombre de Abraham.

Abraham.

"¿Te ha gustado el helado, bella dama?"

"Podrías dejar de llamarme de esa forma, y la verdad que si me ha gustado el helado. Debiste dejar que pagara por mi helado."

Abraham.

"No hay necesidad de que te molestes por un apodo que te he asignado.

Qué bueno que te gusto, adiós."

Sé que se ha enojado y es mejor que lo haga.

"Lo lamento. Adiós"

No recibo respuesta de parte de él y no me preocupo por martirizarme en querer una a cambio, dejo el teléfono a un lado.

Miro por unos cuantos minutos más el techo y luego de eso ya no se de mí.

*****

12 de mayo del 2015

"¿Cómo es que el dormir bien y el estar bien descansado es tan importante como el funcionamiento correcto de nuestros pulmones, corazón y el cerebro?

En verdad quisiera que no tuviéramos que dormir o descansar si no quisiéramos, la verdad que eso quisiera."

Camino por los largos pasillos de la escuela y tengo una razón muy fuerte para no seguir aquí, y es que cada vez me siento peor de estabilidad mental y de salud; no he dormido nada, mis ojos pesan demasiado que no sé dónde estoy exactamente.

No sé con cuantas personas he chocado y cuántas de ellas me han dicho cosas hirientes por mirar por donde voy. Con dificultad llego a mi casillero y con la misma dificultad pongo la contraseña, quiero irme de aquí.

Siento a alguien a mi lado, pero así como lo siento no le presto ni la más mínima atención a esa persona. Llega un momento en el que siento mi vista borrosa y como mi cabeza se va adentrando al hueco del casillero.

¿Qué paso? No lo sé con certeza, pero sé que no soy yo y eso es malo, porque dentro de lo malo y lo apagada que se encuentra mi yo, está el hecho de no enfermarme nunca y eso está sonando muy extraño en mí.

****

"Las luces de los faroles se encuentran muy altas y aunque deberían ser tenues y hacer del camino por esta calle junto al mar lo único que logran es hacer que todo me dé más pánico. No sé exactamente dónde estoy y me estoy desesperando de no encontrar un poco de oscuridad en el poco camino que he recorrido.

Decido correr con todas las fuerzas que se encuentra en mi cuerpo y veo siempre lo mismo; la misma calle, los mismos faroles y las mismas rocas que hay en el mar. "

Estoy muy agitada y siento que alguien me observa con mucha determinación y eso me está llevando al borde la locura, me levanto con extrema rapidez que choco con alguien y siento como las náuseas vienen a mí con una fuerza incalculable. Creo que es más que bien sabido lo que se hace por instinto cuando alguien tiene unas ganas tremendas de vomitar y es el hecho de llevarse inútilmente un o ambas manos a la boca tratando de parar toda aquella sensación de vomitar.

¡Inútil reflejo!

Abro bien los ojos y veo otros grandes ojos mirándome con miedo y mucha curiosidad, son marrones incluso se podían decir que negros, pestañas pequeñas y esas enormes cejas que le caracterizan. Es Abraham.

Llevo una de mis manos a su hombro tratándome de sostener un poco mejor, pero sigo teniendo esa duda de no saber que estoy haciendo aquí y que ha pasado en realidad conmigo. Parpadeo varias veces tratando de hacer un poco más fácil el poder ver lo que me rodea además de esos enormes ojos casi negros, miro hacia la derecha y todo lo que veo es color blanco y huele a alcohol y medicamento. La enfermería, me encuentro en la enfermería con un Abraham muy curioso y lo que parece un poco preocupado por mí, otra vez.

Mi ceño se frunce por la misma luz tan clara de este lugar tan oloroso y parecido a un hospital, quiero hablar y no puedo, la garganta me duele y no comprendo por qué. Intento nuevamente y todo lo que sale es una voz ronca de mi garganta o cuerdas vocales; lo cierto es que no lo sé en este momento y para ser sincera me importa un carajo ese tecnicismo.




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