Cuando Amar no es suficiente

9. Un Nuevo Comienzo

El cielo ya estaba completamente despejado cuando Daniel y Leo llegaron a la avenida principal. La ciudad despertaba a su ritmo: autos pasando con prisa, tiendas subiendo sus cortinas metálicas, personas caminando con café en mano. Pero para Daniel, el mundo se sentía diferente.

Tal vez porque por primera vez en mucho tiempo, no estaba esperando un mensaje de Sofía.

No estaba esperando nada.

Leo sacó su billetera y revisó su dinero.

—Tengo para un café y una dona. ¿Quieres compartir?

Daniel soltó una risa breve, más ligera de lo que esperaba.

—No, quédate con tu desayuno miserable.

Leo sonrió.

—No es miserable si lo compartimos.

Entraron a la cafetería de la esquina, la misma donde se habían sentado tantas veces después de clases, donde él solía esperar a Sofía cuando todavía se preocupaba por llegar temprano.

Se sentaron en la mesa del fondo. Leo le pasó la mitad de la dona sin preguntar.

—¿Te sientes mejor? —preguntó entre bocado y bocado.

Daniel apoyó los codos sobre la mesa.

—No sé si mejor… pero diferente.

Leo asintió.

—Es normal. Terminar algo que pensaste que duraría siempre no es fácil.

Daniel tomó su café y lo revolvió, más por hacer algo con las manos que porque realmente lo necesitara.

—No fue un final —dijo, casi para sí mismo—. Fue un abandono.

Leo no respondió.

La campanilla de la puerta sonó. Una carcajada alta llenó el lugar.

Daniel levantó la vista por reflejo.

Un grupo de chicas entró riendo. Una de ellas le resultó vagamente familiar.

—¿La recuerdas? —dijo Leo con una sonrisa torcida.

Daniel frunció el ceño.

—¿A quién?

—A Natalia.

La chica de cabello oscuro y mirada afilada.

La que solía sentarse en la fila de atrás en clase de historia.

La que le había dicho una vez, sin rodeos, que Sofía no era tan buena como él creía.

Natalia lo vio y arqueó una ceja.

—Vaya, Daniel. No esperaba verte aquí.

Él parpadeó.

—¿Por qué?

—Porque siempre estabas con ella.

Hubo un momento de silencio incómodo. Daniel lo rompió con una sonrisa leve.

—Ya no.

Natalia sonrió de lado.

—Me alegra.

Leo se rió.

—¿Ves? No todo el mundo está de luto por tu relación.

Daniel negó con la cabeza, pero por primera vez en mucho tiempo, sintió que algo dentro de él se acomodaba.

Tal vez había más vida después de Sofía de la que había imaginado.




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