CUANDO CAIGA EL ÚLTIMO TELÓN
Capítulo 2
La caballera que no ríe
La primera explosión hizo vibrar los cristales del corredor.
Lysandra no se detuvo.
Acababa de ver a Seraphine desaparecer del tejado y ya regresaba hacia el corazón del palacio.
La segunda detonación sacudió una lámpara de hierro sobre su cabeza.
-¡Abrid paso!
Criados y soldados se apartaron. Las campanas de alarma resonaban por todo el palacio.
Un joven oficial llegó corriendo.
-¡Dama Valcyr!
-¿Dónde está?
-¿Su Majestad?
-La arlequina.
-No lo sabemos.
Lysandra lo miró.
-Eso ya lo sé.
Le ordenó reunir informes de todas las explosiones: lugares exactos, daños y víctimas. Después siguió caminando.
Otra detonación iluminó los ventanales.
Rojo.
Y, sin saber por qué, Lysandra recordó una carpa.
No fuego.
Tela roja, blanca y dorada.
Recordó música.
***
Había sido adolescente la primera vez que vio a la Caravana Carmesí.
Su padre le había prohibido abandonar el recinto familiar. Ella esperó a que se marchara y escapó por la cocina.
La música podía escucharse antes de ver las luces.
El circo ocupaba un campo fuera de las murallas: lámparas entre carretas, dulces, animales, músicos y una gran carpa en el centro.
Su vida estaba llena de reglas. El circo parecía construido para burlarse de ellas.
Una voz apareció a su lado.
-Cuidado.
Una joven aproximadamente de su edad la observaba. Vestía un traje de arlequina rojo y negro.
-¿Cuidado con qué?
La muchacha señaló su bolsa.
La moneda de Lysandra había desaparecido.
La arlequina la mostró entre los dedos.
-Eso es mío.
-Era tuyo.
-Devuélvelo.
-Pídelo.
-Por favor.
La arlequina abrió la mano.
Vacía.
Lysandra parpadeó.
Cuando volvió a mirar, la moneda estaba otra vez allí.
-Eres insoportable.
-Gracias.
-No era un cumplido.
-Los mejores nunca lo son.
La joven dejó caer la moneda sobre su palma.
-Deberías vigilar mejor tus cosas.
-Tú deberías dejar de robarlas.
-Yo no robo. Enseño.
-¿Qué me acabas de enseñar?
-Que eres fácil de distraer.
La arlequina se alejó.
-¡Espera!
Caminó de espaldas.
-La función empieza pronto.
-No te pregunté eso.
-Entonces haz preguntas mejores.
Siete años después, atravesando los corredores del palacio, Lysandra volvió a escuchar aquella voz dentro de su memoria.
Rojo.
Negro.
Cascabeles.
Seraphine.
***
En el gran salón encontró un cascabel rojo con el símbolo de una carpa atravesada por tres líneas curvas.
Caravana Carmesí.
El rey confirmó lo que Lysandra ya sospechaba: Seraphine había sido una de sus artistas y todos la creían muerta.
Más tarde, en el despacho real, un mapa mostraba ocho puntos atacados.
-¿Víctimas? -preguntó Lysandra.
-Dos guardias heridos. Ningún muerto confirmado.
Aquello llamó su atención.
Todos los objetivos estaban relacionados con personas o instituciones vinculadas a la antigua operación contra el circo.
-No está intentando destruir el reino -dijo.
-Acaba de atacar propiedades reales.
-No he dicho que sea inocente. Digo que sus objetivos son específicos.
El rey la observó.
-Quiero que la encuentres.
-La encontraré.
-Y la traerás ante mí.
-Viva.
-Si es posible.
-Será posible.
-¿Por qué tanta seguridad?
Lysandra pensó en la mujer que había podido matar al rey y no lo había hecho.
-Porque si quisiera cadáveres, ya los tendríamos.
***
Horas después abandonó el palacio con seis caballeros.
En una taberna alguien tocaba con una flauta la vieja melodía del circo.
Por un instante Lysandra volvió a ser una adolescente.
Luces.
Azúcar.
Una muchacha con cascabeles robándole una moneda.
En el camino encontraron demasiadas huellas. Rutas falsas.
Lysandra recordó otra vez la frase:
Haz preguntas mejores.
Miró hacia el único sendero sin marcas.
-Norte.
Uno de los hombres frunció el ceño.
-Pero no hay huellas.
Lysandra sonrió apenas.
-Precisamente.
La persecución comenzó.
***
Nota:
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Nos leemos en el próximo capítulo.