Cuando casi lo fuimos todo

10

Lena

Entro furiosa por el pasillo y voy directamente a la sala de reuniones para rellenar el papeleo de final de día. Al entrar, cojo mi agenda junto con los formularios, me siento y apoyo la espalda en el respaldo de la silla.

Clavo la mirada en los papeles.

No puedo entender nada.

¿Cómo hemos pasado de cero a mil en un segundo…, y de vuelta al vacío tan deprisa?

Ha sido precioso. Íntimo. Inesperado. No encuentro palabras para describir todo lo que siento al recordarlo. Y, sin embargo, de un momento a otro…, ¿qué? ¿Se arrepiente?

Tiene novia. Seguro.

Pensaría que está casado, pero me parece que aún es joven para eso.

Tiene que tener pareja.

No hay otra explicación. Nuestra conexión —porque claramente es una conexión— no la he sentido nunca antes. Todo fluye, sin incomodidades, sin necesidad de hablar demasiado.

Pero, ¿se arrepiente?

¿Fue eso lo que pasó ayer cuando apareció Lucas? ¿Se arrepintió? ¿O tenía miedo de que lo pillaran conmigo en una situación íntima? Si es así…, es porque tiene novia.

Aunque en el café había gente. Nos cogimos de la mano, sí, pero estábamos debajo de la mesa, nadie podía verlo…

Me estoy volviendo loca.

Apoyo los brazos en la mesa y hundo la cabeza en ellos.

—¿Estás bien, Lena? —pregunta Lucas, de repente.

—¡Qué susto, por favor! —respondo, sobresaltada.

Ni siquiera me había dado cuenta de que había entrado.

—¿Te encuentras bien? —insiste, mientras se sienta a mi lado.

—Sí, sí… Solo estoy cansada. Supongo que los nervios de los primeros días y el dormir tan poco están haciendo mella… —miento.

—Me imagino. Necesitas desconectar de todo esto y no irte a casa a pensar en mañana —comenta, pensativo.

—Quizá tienes razón. Es lo que llevo haciendo estos días —suspiro, encogiéndose de hombros.

Olivia entra en la sala y se apoya en la mesa, justo a nuestro lado.

—¿Qué hacéis? ¿Qué tal el día?

—Olivia, tenemos que sacar a Lena por ahí esta noche. Está agotada de darle vueltas a la cabeza en sus primeros días —dice Lucas, divertido.

—¡Eso está hecho! ¡Hoy se sale! —responde ella, levantando el puño con entusiasmo.

No puedo evitar reírme. Me siento a gusto con ellos.

—Voy a avisar a los demás. ¿Te vas tú con Olivia? —me pregunta Lucas mientras se levanta y va hacia la puerta.

Asiento, sonriendo.

—Sí. Nos vemos allí.

¿Quiénes son "los demás"? ¿Zane también viene?

Los nervios se apoderan de mí.

Pero él no aparece.

Ni cuando Olivia y yo salimos del trabajo, ni cuando llegamos al bar donde se reúnen todos.

Lucas ya está allí, junto con otros compañeros de Solace que apenas conozco. Me saludan con calidez, y aunque intento disfrutar, no puedo evitar buscarlo con la mirada de vez en cuando.

Nada.

No puedo dejar de pensar en todo lo ocurrido hoy. Cada instante, cada gesto, cada mirada, vuelve a mí con una claridad que me abruma.

Siento el roce de sus manos, tan suave y a la vez tan firme, como si sujetarlas fuera lo más natural del mundo. El calor de su cuerpo tan cerca del mío, ese tipo de cercanía que no incomoda, sino que calma, que envuelve.

Y sus labios… Sus labios sobre los míos, ese beso inesperado y perfecto, cargado de algo que no sé nombrar, pero que me atraviesa. Todo se repite en mi mente a cámara lenta, una y otra vez, como una película que no puedo detener.

Y con cada recuerdo, mi estómago da un vuelco. Es una montaña rusa de emociones: deseo, duda, esperanza, miedo… Me siento como si el tiempo se hubiera detenido dentro de mí, como si una parte de mí se hubiese quedado atrapada en ese momento y no quisiera avanzar.

Intento centrarme en las voces a mi alrededor, en las risas, en las luces del bar, en el murmullo constante que me envuelve, pero nada logra silenciar lo que pasa dentro de mí porque todo en mí lo busca a él.

Y lo peor es que no está.

Y, justo cuando por fin siento que me estoy logrando desconectar, vibra mi móvil.

Lo saco con disimulo del bolso.

Es él. Zane.

—Hola…

Lo leo mil veces. Me aprieto el móvil entre las manos. Respiro. Me recompongo. Tardo en responder. Me hago la dura. Porque estoy dolida, y si le facilito las cosas, se irá como vino: sin explicación.

—Hola

Respondo sin más entusiasmo. No sé bien qué decirle, ni con qué ánimo ha escrito.

—¿Has salido con los del trabajo?

¿Ahora tiene interés por lo que hago? ¿Después de arrepentirse de estar conmigo?



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En el texto hay: novelajuvenil, destino, amor

Editado: 09.08.2026

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