Cuando casi lo fuimos todo

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Zane

Bloqueo el móvil y lo meto bajo la almohada, como si eso fuera a callar lo que retumba en mi cabeza. Pero no hay forma. Ella está en todas partes. En lo que no digo. En lo que no hice. En lo que no fui capaz de sostener.

Siento que no puedo seguir perdiendo el tiempo. Que mientras yo me debato entre lo que debo y quiero ser, ella puede encontrar en otro lo que está esperando de mí.

Me agobié en el bar cuando escuché que se había interesado por la vida amorosa de Lucas. Después, cuando en la calle soltó ese “vía libre para él”, me atravesó. Como una bala sin ruido. Y en el camping…, verla tan feliz con todos los demás. Tan libre. Tan natural.

Sentí celos.

Pero no de esos que se pasan. No.

Sentí celos de verdad. De los que te carcomen desde dentro. De los que se te quedan atrapados bajo la piel.

Y lo peor no fue eso…, lo peor fue que no los reconocí al principio, porque nunca antes los había sentido, porque jamás había estado en esta posición. Jamás me había importado alguien. Quizás, por eso me dolió tanto.

Pero lo de hoy…

Lo de hoy, ha sido otra cosa. Sin duda, la gota que ha colmado el vaso.

He comprobado que llegaba demasiado tarde. Que por negarme a aceptar que ella ha tambaleado todo mi mundo, estoy al borde de perderla.

Sé que no debo. Sé que es un error. Que perderé años de obediencia, de fidelidad ciega. Pero creo que todo se rompió cuando nos besamos. Si es que no fue antes.

Desde entonces vivo en un bucle: entre lo que quiero, lo que soy y lo que se espera de mí. Me estoy volviendo completamente loco. Ella me ha vuelto loco.

Cuando estamos cerca, se me hace casi imposible no dejar que esa conexión que nos envuelve me arrastre. Sé que intento decirle más con mis silencios que con mis palabras. Pero hoy…, mis actos me han delatado. Por más que intenté fingir control.

Me pasé el día midiendo los pasos, con los ojos de Leo clavados en la nuca. Fingí una sonrisa mientras por dentro me partía. Fingí que no me importaba verla reír con otros, hablar con otros, mirar a otros. Sé que no podía titubear. No podía fallar.

Y, aún así, fallé.

Sigo pensando que no debería haber ido a Turme. Pero después del fin de semana anterior, Leo ni siquiera me dio opción. Me apuntó. Me quería controlado. Necesitaban saber en todo momento dónde estaba, con quién, haciendo qué. Y lo entiendo, pero me inquieta.

Cometí el error de desaparecer. Y no solo lo he pagado con el dichoso encierro. Ahora los tengo encima. Vigilantes. Como sombras. Como jaulas que caminan a mi lado.

Durante el día me forcé a actuar como si nada. Hasta que ocurrió lo de Mateo.

En ese momento ya no hubo nada que me frenara. Sentí que me moría. Y no solo por lo que él le hizo, sino por ver cómo Quique la sostuvo.

Cómo otros brazos la calmaban, la arropaban, la cuidaban. Y no eran los míos. Sentí que llegué demasiado tarde.

Sentí que la perdía.

Y cuando al fin estuvimos a solas…, no pude evitarlo. Me acerqué. A pesar de todo. Aunque en lo más profundo de mí sabía que estaba volviendo a cometer un error, y más después de todos estos días en los que hemos mantenido las distancias y yo he mantenido mi autocontrol.

Pero entonces, como si el universo se empeñara en hundirme, apareció Leo. Otra vez.

Y sentí horror. Por mí. Por ella. Por lo que somos. Por todo lo que soy. Por lo que no podremos ser.

Y es cierto lo que le he dicho. Esta vez no he desaparecido, solo tomé distancia. Para protegerla. Para protegernos. Para evitar que con un gesto más, con una sola mirada, alguien lo vea…, lo entienda y nos separen para siempre.

Tengo miedo. Miedo de que me lleven de aquí. Porque entonces, sí, la habré perdido totalmente.

Solo de pensarlo me ahogo con mis pensamientos.

Y, joder…

Aun así, con todo este miedo. Aún sintiendo que camino por una cuerda que se tensa más con cada paso…. Aún sabiendo todo lo que puede costarme. Sé que ya no puedo seguir así.

No sé exactamente qué voy a romper mañana. Tal vez las normas. Tal vez el miedo. Tal vez mi vida entera. Pero sé que si tengo que perder algo… Que no sea ella.

Así que sí.

Mañana voy a verla.

Mañana lo rompo todo.

Aunque me rompa yo también.



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En el texto hay: novelajuvenil, destino, amor

Editado: 09.08.2026

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