Cuando casi lo fuimos todo

25

No sabía si cancelar la cita del almuerzo que tenía planeada con Carlota, pero dado que finalmente Zane se ha ido relativamente pronto, creo que me vendrá bien despejarme un rato. Siento que, si no salgo de casa estaré todo el día mirando el móvil y la hora, esperando a que pueda venir…, si es que viene.

Mi estómago ruge con ganas, y eso me recuerda que, después de la locura de está mañana —en la que he organizado la casa, me he duchado y arreglado—, aún no he probado bocado. Me preparo unas tostadas con mantequilla y mermelada y me siento en el sofá a comerlas mientras termino el capítulo de la serie que tengo empezada.

Antes de salir, me detengo un momento en el espejo del recibidor. Me observo sin prisa, como si buscara en mi reflejo alguna certeza de lo que pueda pasar hoy. Aún no sé si la visita de Zane —y todas aquellas cosas que nos hemos dicho, junto con lo que hemos callado— es un nuevo comienzo o simplemente otro paréntesis en algo que nunca ha tenido nombre. Me recojo el pelo con una pinza, lo suelto, lo vuelvo a recoger.

Recojo el bolso, reviso el móvil por quinta vez en dos minutos. Nada nuevo. Suspiro hondo…, y salgo de casa.

Para la hora del mediodía, estoy justo delante de la tienda de Carlota. Me había dicho que tenía que pasarse a recoger una cosa que se le olvidó allí.

—¿Siempre eres tan puntual? —dice una voz a mis espaldas.

—Intento no ser tú —sonrío al girarme y encontrarla a medio correr.

—Necesitaba acicalarme. Quedar contigo es todo un reto, siempre vas estupenda… Y esa cara que tienes…, ni vistiendome de boda te hago competencia —ríe mientras abre la verja de la tienda, entra, coge algo de detrás del mostrador y vuelve a salir, cerrando apresurada.

—Eres tan exagerada…

—Sí, sí…, exagerada me llaman. Y realista también. ¿Como alguien con unos simples vaqueros, una camiseta básica y una chaqueta puede ir deslumbrante? Ese pelo…, esa cara… —suspira con resignación y vuelve a reír—. Por el amor de dios, me dan ganas de irme a mi casa.

—Carlota, en serio… —no puedo evitar reirme. La agarro del brazo y echamos a andar calle abajo.

Hemos decidido comer en un restaurante que abrió hace unos meses. Tiene una carta muy variada de carnes y pescados, con unos entrantes deliciosos. Sus croquetas de jamón y rabo de toro son todo una delicia. Nada que envidiar tiene la ensaladilla rusa ni los bastones de berenjena con miel de caña.

Al entrar, nos saludan amablemente y nos acomodamos en una mesa.

—Me estoy preguntando yo —hace una pausa, apoya los codos sobre la mesa y descansa la cara entre las manos—. ¿Estás tan radiante hoy por algún motivo en especial que yo deba de saber y que tú no me quieres contar?

Niego con la cabeza, riendo, mientras busco mi móvil en el bolso.

—Ya estamos con las averiguaciones… —murmuro.

Le escribo un mensaje rápido a Zane:

—He salido a comer con Carlota. Si al final puedes venir, avísame para que vuelva a casa

Guardo el móvil de nuevo en el bolso y cojo la carta. Tras una pequeña revisión, terminamos pidiendo lo mismo de siempre. Carlota llama al camarero y nos toma nota.

—Primera averiguación: ¿Que ha pasado con el desgraciado de Mateo? En la foto tenía peor pinta el golpe, pero en persona… Te hace hasta más guapa. Qué asco de persona —dice, negando con la cabeza mientras ríe.

—Pues nada, se lo llevaron en el taxi y poco más sé. Tampoco tiene la culpa al cien por cien, ya sabes que tiene problemas…, fue una conducta normal dentro de lo que abarca el pobre. Pero fue un buen susto. Menos mal que Quique me sacó rápido de ahí y otro compañero frenó el segundo golpe… Se nos fue todo de las manos en milésimas de segundo —me encojo de hombros.

—Ese Quique… uff… —se abanica la cara con la mano— Ojalá me sacaran a mí esos brazos de cualquier sitio.

—Carlota, no tienes remedio, de verdad… –río, acomodándome en la silla.

El camarero trae las bebidas y alguno de los platos que hemos pedido.

—¿No me vas a contar qué ocurre, entonces? —insiste.

—No es nada de verdad. Estoy feliz con mi trabajo y con mis compañeros. A pesar del incidente, ayer fue un muy buen día. Por fin siento que estoy totalmente integrada. No lo interpretes mal: Mina y tú sois para mí algo primordial desde que llegué aquí, pero junto con mis compañeros siento que, por fin, estoy donde necesitaba estar —digo, pensando muy bien en cada uno de ellos, aunque sabiendo que otra parte de mi felicidad reside en Zane.

—Voy al grano, porque no arrancas. ¿Qué hay del chico que estabas conociendo? Dime que es Quique, por favor.

No puedo evitar sonreír. Si ella supiera las cosas de Quique…, pero prefiero no decirle nada. Es mi mejor amiga, sí. Pero no me siento cómoda hablando de esto, y menos cuando sé que Quique me da todo lo que necesito, pero no es él a quien quiero. Y, por supuesto, no debería mencionar a Zane. No es algo que hayamos hablado, pero creo que es una de esas verdades implícitas.

—No funcionó… —miento–. No estoy interesada en nadie, la verdad. Estoy bien como estoy, Carlota. Ahora todo funciona, no quiero complicarme la vida.



#4767 en Novela romántica
#269 en Joven Adulto

En el texto hay: novelajuvenil, destino, amor

Editado: 09.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.