Aquella noche también la madre de Isabela estaba de mal humor, después de cenar se
había encerrado en su cuarto, pocas veces era cariñosa, esta vez por lo menos les dio
un abrazo antes de irse a dormir, Isabela estaba en su recamara con Dany, estaban en
pijama, ella le había pedido a su hermano que le leyera las cartas que Ivar le había
entregado, el corazón le latía con tanta fuerza que estaba segura de que cualquiera
podía escucharlo, aquellas cartas contenían los sentimientos más puros de Ivar.
—Por Dios… ¿Puedes repetir esa línea? —pregunta Isabela ruborizada.
—¿De nuevo? ¡Esta es la tercera vez! —dice Dany empalagado.
—¡Vamos! ¿Qué no ves que estoy en el cielo? —Isabela le suplica mientras le da un
almohadazo.
—¡Ok! Ok, aquí va… —suspira Dany cansado y añade. —recuerdo la primera vez que
te vi, no sabía si estaba soñando o si realmente estaba viendo a un ángel, tenías ese
aspecto deslumbrante que... ¡hay no! Ya te leí todos estos pergaminos, siento que de
solo leerlos se me subió el azúcar ¡puaj! Además, esto es explotación, ya son las dos
de la mañana.
—Jamás me había sentido así, creo que estoy enamorada, Dany… —suspira Isabela
mientras pega las cartas a su pecho.
—¿Y bien? ¿Cuándo se harán novios? Es obvio que los dos quedaron tontos por culpa
de cupido ¿Y qué sigue ahora? —Dany le arrebata las cartas.
—No lo sé… no es como que pueda decirle que me gusta, las mujeres no dan el primer
paso ¿Qué se supone que le diga?
—Que te gusta, que te mueres por él, que quieres que sea el padre de tus hijos, por
ejemplo.
—¡Dany! —Isabela le lanza un almohadazo.
—¿Qué? ¿acaso no piensan decírselo a la cara? Están a unos meses de terminar la
escuela, deberían salir antes de que cada uno se valla a la universidad.
—Ese es el problema… si tuviéramos más tiempo seguro ya seriamos novios, pero a
estas alturas enamorarnos es un suicidio…
—Qué dramática eres.
—hablo enserio, ¿te parece correcto salir por un par de meses? ¿hacer que esto
crezca para después seguir caminos separados? —le pregunta Isabela con mucha
tristeza.
—¿No sería mejor intentarlo que quedarse pensando después como seria si ustedes
hubieran estado juntos? Digo, ya están enamorados ¿Qué pueden perder? Quizá las
cosas resulten mejor de lo que crees.
—Dany… —Isabela lo mira con ojos de borrego y añade —eres un santo. ¿siempre
fuiste tan sabio? —Isa lo abraza con fuerza.
—¡Ay suéltame!
—Quizá tengas razón, el ir a diferentes universidades no debería ser un problema, ni
que fuéramos a vivir en diferentes países.
—Exacto hermanita, además, si quieres más consejos acerca del cortejo puedes hablar
con Dany, el gurú del amor.
—Cállate, no me hagas perderte el respeto.
—jajaja, si bueno, este chico se va a descansar, tus problemas de enamorada me
drenaron la mente.
—Gracias por estar conmigo en estos momentos, eres como la hermanita que siempre
quise.
—¿Qué? Ya me voy. —dice Dany indignado.
—Descansa hermanito.
—Sí, sí, igual tú, te quiero. —Dany cierra la puerta y se va.
Quizá Dany tenga razón, tal vez si podamos tener un futuro, el amor no es un crimen,
aunque mamá crea que sí…
Aquella mañana Ivar no apareció en la escuela, nadie sabía nada de él, todos
rumoraban que probablemente lo habían sacado de la escuela o que talvez terminaría
el año escolar como Brayan, en línea, el corazón de Isabela se encogía y todo el día
estuvo cabizbaja.
—¿Creen que los rumores sean ciertos? —pregunta Darcy preocupada.
—¡Claro que no! La tonta de Samanta inventó todo, no crean ni una palabra de lo que
dice. —expresa Agnes molesta.
—Yo solo espero que esté bien… —Agnes mira el rostro deprimido de Isabela y no
puede evitar preguntarle.
—¿Te gusta Ivar?
—¿Qué? —Isabela se sorprende.
—No intentes ocultarlo, se te nota más cuando lo niegas. —expone Darcy esperando la
respuesta de su compañera.
—Sí, la verdad es que me gusta mucho…
—¡Vaya! Creí que no lo aceptarías, digo, no pensé que nos tuvieras confianza. —dice
Agnes sorprendida.
—Aunque llevamos poco juntándonos, realmente me siento cómoda con ustedes, no
tengo que estar tensa tratando de agradarles o preparando mi mente para algún
comentario despectivo, la verdad es que sí, cómoda es la palabra que podría usar para
describir lo que siento cuando estoy con ustedes. —expresa Isabela con una sonrisa.
—Aww, a nosotras nos gusta estar contigo, ojalá hubiéramos sido amigas desde el
principio. —dice Darcy conmovida.
—Lo sé, no saben cuánto me arrepiento.
De pronto Camila las interrumpe.
—¿Podemos hablar? —Camila tiene un semblante serio dejando incomodas a todas.
—E, sí, dame un minuto, ya regreso chicas, vayan sin mí a la cafetería ya las alcanzo.
—Ok, si, no tardes. —Agnes y Darcy se van del lugar.
—¿Crees que regrese con ellas? —pregunta Darcy con desilusión.
—No lo sé…
Isabela y Camila se miran fijamente, definitivamente su relación se ha dañado.
—¿De qué quieres hablar? —pregunta Isabela cortante.
—¿Es enserio que pasaras tus últimos días de clase con esas perdedoras? —pregunta
Camila con seriedad.
—No las llames así, son mejores de lo que crees.
—Me da un poco de lastima verte con ellas, pero bueno, tu capricho sigue vigente, no
puedo creerlo, en fin ¿Qué sabes de Ivar? No responde mis mensajes y nos toca hacer
un trabajo juntos ¿Sabes si está bien? No se ve que sea de los que faltan solo porque