cuando cupido te odia

Sin ti.

En ocasiones, cuando nos sentimos en el fondo, nos vemos envueltos en una oscuridad que

nos abraza y nos enreda con fuerza, obligándonos a permanecer ahí hasta que la

depresión nos quita la mínima pisca de motivación para vivir, nos drena las ganas, la

fuerza, todo, hasta consumirnos por completo, dejando en nuestro lugar solo un

cuerpo, un molde que respira y se mueve simplemente porque si, por que nuestra

razón de vivir y nuestras fuerzas, hace mucho que se fueron con la persona que más

amábamos.

Y es que en esa situación se encontraba Isabela, seis días habían pasado desde que

Dany dejó esta tierra, lo más doloroso no fue el velorio, no, lo más difícil no fue ver

como su único hermano era enterrado en lo profundo de la tierra, no fue presenciar

como las fauces del inframundo se lo tragaban para no soltarlo jamás, la verdadera

ausencia, el verdadero desafío, la verdadera tristeza la esperaban en casa, la casa

donde Dany no volvería a correr jamás, la casa donde ya no se escucharían sus risas,

la sala donde ya no se desvelarían viendo películas, el cuarto donde ya no estaría

Dany, la casa adonde no regresaría su querido hermano.

Ahora iniciaba su verdadero duelo, ese dolor que no se le desea ni aun enemigo, el

dolor de perder a un ser amado.

—¡Dany! ¡Dany!... —Los gritos ahogados de Sara recorrían cada rincón de la casa, la

casa estaba sucia, había botellas tiradas por todos lados, apestaba a basura y a

comida podrida.

Sara había comenzado a beber, ahogaba sus penas en esas botellas que la hacían

alucinar con su querido hijo, se había olvidado por completo de Isabela, se la pasaba

encerrada en la habitación de Dany llorando y gritando su nombre desde que amanecía

hasta el siguiente día.

Por otra parte, Isabela no lloraba, no es que se le hayan secado las lágrimas o que no

tuviera ganas de hacerlo, es solo que el dolor era tan grande que era difícil sacarlo,

sentía que estaba muriendo por dentro y no había forma de sentirse mejor.

—Dany… te extraño tanto, ya nada es lo mismo sin ti, esta casa ya no es nuestro hogar

y nuestra madre ya no es nuestra mamá…ven por mí por favor…

Los días pasaron hasta que se convirtieron en un mes, Kikey iba a visitarlas cada que

podía y les ayudaba con la limpieza y también les traía comida, estaba muy

preocupada por ellas pues era evidente que cada una vivía su duelo de manera

diferente pero las dos estaban sumergidas en una fuerte depresión.

—¿Sara? ¿Cómo te sientes? —Kikey apenas asomó la cara a la habitación y el

penetrante aroma a licor le entró por la nariz y añadió llena de molestia. —¿Cómo es

que aun sigues bebiendo? ¿Cuándo se supone que te vas a presentar a trabajar? Si

sigues a si van a echarte del hospital.

 

—Cállate y sal de aquí. —le dijo Sara con una voz ronca y perdida mientras se

empinaba una botella de alcohol.

—¡Ya deja eso! ¿No te importa que Isabela te vea en ese estado?

—Ya nada me importa, ya no tengo una razón para salir adelante.

—¿Y qué hay de Isabela? ¿Ella no es una razón suficiente para levantarte?

—¡Mi hijo murió Kikey! ¿Por qué no lo entiendes?

—¡Isabela también es tu hija! Pero prefieres pudrirte en esta habitación en lugar de ser

fuerte por ella. —le dice Kikey a Sara llena de indignación.

—Vete al diablo, tu nunca has sido madre, no sabes nada de mi dolor.

—Tus hijos son como mis hijos… a mí también me dolió perder a Dany… pero él ya no

está aquí, Isabela sí, ella aún sigue con nosotras, deja de lamentarte por un hijo que no

tienes y empieza a cuidar al que aún está a tu lado.

—¡No! ¡no quiero! No quiero dejar de lamentarme, no quiero dejar de beber y no quiero

saber nada de nadie, ni de ti, ni de mi estúpido trabajo y tampoco de Isabela.

—El hecho de que estés ebria no te da el derecho de hablar así… estas actuando de

una manera muy irresponsable, no es así como una mamá debería de…

En ese momento Sara aventó una botella hacia la dirección donde se encontraba Kikey

y la estrello en la pared sacándole un gran susto, Kikey no podía creer lo que estaba

viendo y supo que Sara no era la persona indicada para cuidar de Isabela.

—Si sigues empeñada en vivir de esta forma me llevare a Isabela conmigo, ni Kevin ni

yo creemos que seas una buena influencia para ella.

—¡Ya lárgate de aquí! ¡llévatela de una buena vez y déjenme en paz!

Kikey salió con rapidez de la habitación porque Sara estaba muy agresiva y para su

sorpresa estaba Isabela en la sala, escuchando todo con un semblante serio he

inexpresivo.

—Isabela… no… no sabía que estabas escuchando… ¿estás bien? ¿No creerás que lo

que dijo tu madre es verdad o sí? Esta confundida y…

Isabela interrumpió a Kikey dejándola sin palabras.

—Lo que dice es verdad, es lo que realmente siente.

—No, Isabela, ella te quiere mucho…

—Kikey, aprecio que quieras enmendar sus palabras, pero yo sé quién es mi madre, no

tienes que disfrazarme la realidad.

—Pero…

 

—Está bien, ya me acostumbré.

—Isabela…

El tiempo siguió transcurriendo hasta que en un abrir y cerrar de ojos se cumplieron los

tres meses.

La tristeza aun no se esfumaba, la ausencia era algo con lo que Isabela tendría que

aprender a convivir, el recuerdo de Dany la acompañaría por el resto de su vida, al

igual que el sentimiento de añoranza.

Por otro lado, Kikey y Kevin siempre estaban pendientes de Isabela, Kevin no había

tenido el valor de visitar a la hermana de su hijo porque no quería que esa casa lo




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