Cuando decidas buscarme

UN AÑO ATRÁS

1 AÑO ANTRAS

***Leila***

No recuerdo el día exacto en que conocí a Mateo.

Pero sí recuerdo cómo me sentía.

Era uno de esos días en los que el mundo sigue funcionando como si nada, pero por dentro todo está en pausa. Había terminado mi jornada y caminaba sin rumbo fijo, con esa costumbre que adquirí después de irme del pueblo: ocupar el tiempo para no pensar.

Llevaba semanas sin escribirle.

No porque no quisiera… sino porque ya no tenía sentido seguir hablando con alguien que no respondía, recordaba cada una de las cartas que le había escrito, cada palabra la había memorizado…pero si después de eso no había respuesta alguna…ya no sentía que había mas que hacer.

Fue en una cafetería pequeña, de esas que no destacan por nada en particular, pero que terminan volviéndose refugio. Pedí lo de siempre y me senté cerca de la ventana, con un cuaderno abierto que no pensaba usar.

Y él estaba ahí.

No fue un encuentro de esos que uno recuerda como destino o casualidad perfecta. De hecho, ni siquiera cruzamos palabras al inicio. Solo coincidimos en el mismo espacio, varias veces, durante varios días.

Hasta que un día habló.

—Siempre traes un cuaderno —dijo—, pero nunca escribes.

Levanté la mirada, un poco molesta, un poco sorprendida.

—¿Y tú siempre observas a las personas sin que se den cuenta?

Sonrió.

No era una sonrisa arrogante ni insistente. Era… tranquila.

—No a todas —respondió—. Solo a las que parecen estar en otro lugar.

No supe qué decir.

Tal vez porque tenía razón.

Pasaron algunos días después de su pequeña charla. El sol caía con fuerza aquella mañana.

Mi padre me había pedido que fuera unos días.
“Solo para ayudar”, dijo.
Pero yo sabía que en el fondo quería verme… asegurarse de que estaba bien, aunque nunca supiera exactamente qué me había roto.

La casa seguía igual.

El mismo olor a tierra húmeda.
Las mismas paredes cargadas de años.
El mismo silencio, pero distinto… más llevadero.

Esa mañana había escrito una carta, era viernes, el sábado a primera hora iría al correo de enviarla o al menos eso era lo que tenía planeado, aunque algo en mi me repetía una y otra vez que no lo haga, porque no había caso.

Tomé la libreta que solia utilizar para escribir y…

Querido Gael

No sé qué esperar de todo esto.

A veces quisiera decirle que ya lo estoy olvidando, que poco a poco lo estoy superando, que su recuerdo ya no tiene el poder de desarmarme. Pero sería una mentira.

La verdad es que su imagen sigue llegando a mi mente a cada instante. No importa cuántas ocupaciones tenga, cuántas responsabilidades llenen mis días o cuántas personas me rodeen; siempre encuentra la manera de aparecer. Llega de repente, como aquella primera vez que lo vi, y duele. Duele de la misma forma, o quizá más. Porque antes tenía la esperanza de verlo, de escuchar su voz, de recibir una llamada suya. Ahora solo tengo el silencio.

No me he atrevido a llamarlo. Tampoco le he enviado un mensaje. Esa fue mi promesa y la he cumplido, aunque cada día tenga que luchar contra el impulso de buscarlo. A veces incluso temo descubrir que sigo bloqueada entre sus contactos. Esa fue su decisión, y aunque me rompió el alma, he intentado respetarla.

Sin embargo, hay debilidades que todavía no logro vencer. No puedo evitar entrar a sus redes sociales, observar sus fotografías, buscar alguna señal de usted entre las publicaciones. Es una forma triste de sentirlo cerca. A veces escucho algún video solo para oír su voz unos segundos más, y entonces me doy cuenta de cuánto tiempo ha pasado.

Y aun así, parece que fue ayer.

No quiero seguir viviendo de recuerdos. No quiero que mi felicidad dependa de alguien que ya no está. Quisiera enamorarme otra vez. Quisiera que mi corazón encontrara un nuevo refugio, una nueva ilusión. Quisiera mirar a alguien y sentir esa emoción que un día sentí por usted. Quisiera amar y ser amada, encontrar unos brazos donde descansar mis miedos y una sonrisa capaz de devolverme la calma.

Pero no puedo.

He intentado convencerme de que ya es momento de seguir adelante, de que la vida continúa y que el amor no puede quedarse detenido en una sola persona. Sin embargo, cada vez que alguien intenta acercarse, descubro que mi corazón sigue habitado por usted.

Porque nadie ha logrado ocupar el lugar que dejó.

Nadie ha conseguido que mis ojos brillen como brillaban cuando hablaba con usted. Nadie ha provocado esas mariposas, esa tranquilidad, esa sensación de estar exactamente donde quería estar. Y quizás eso sea lo que más me duele: darme cuenta de que sigo comparando a todos con usted, aunque sé que no debería hacerlo.

Hay noches en las que me pregunto si alguna vez piensa en mí. Si en algún rincón de su memoria aún existe un recuerdo que le pertenezca a los dos. Si alguna canción, alguna calle o alguna fecha le trae mi nombre por un instante.

Yo quisiera decir que ya no lo extraño.

Pero lo extraño.

Extraño las conversaciones que nunca terminaron, las palabras que quedaron pendientes, los planes que jamás tuvieron oportunidad de hacerse realidad. Extraño la persona que era cuando usted estaba en mi vida.

Y aunque intento convencerme de que algún día todo esto pasará, hay momentos en los que siento que lo seguiré amando en silencio por mucho tiempo más.

Tal vez porque hay amores que no terminan cuando las personas se alejan.

Tal vez porque existen personas que se quedan a vivir para siempre en el corazón de alguien, incluso cuando ya no forman parte de su vida.

Y usted... usted sigue viviendo en el mío.

Siempre suya,



#5755 en Novela romántica

En el texto hay: historia amor, romance

Editado: 06.08.2026

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