El amanecer encontró a Valentina sentada junto a la ventana de su pequeña habitación. La fotografía seguía entre sus manos.
La observó una y otra vez.
El hombre que aparecía abrazándola transmitía una felicidad auténtica. No era la mirada de un desconocido.
Era la mirada de alguien que la amaba profundamente.
Entonces surgió una pregunta que la llenó de inquietud.
—¿Y si mamá no me contó toda la verdad?
Guardó la fotografía en su bolso y salió rumbo al trabajo con el corazón dividido entre la incertidumbre y la esperanza.
En Grupo Montenegro, Adrián notó de inmediato que algo no estaba bien.
Valentina solía llegar con una sonrisa y un saludo alegre. Esa mañana apenas levantó la vista.
—Buenos días.
—Buenos días, Valentina.
Ella respondió con una leve sonrisa antes de concentrarse en unos documentos.
Adrián permaneció observándola unos segundos.
—¿Ocurrió algo?
Valentina dudó.
Quiso contarle lo sucedido, pero apenas lo conocía. No estaba segura de confiarle un asunto tan personal.
—Solo dormí poco.
Adrián no insistió, aunque intuía que había algo más.
A media mañana, Lucas apareció en la oficina con una caja de donas.
—Traje desayuno para todos.
Camila sonrió al verlo.
—Sabía que eras buen abogado, pero ahora también eres el empleado favorito.
Las risas llenaron el ambiente.
Incluso Valentina sonrió por primera vez en el día.
Adrián observó aquella escena desde su oficina.
Le agradaba verla feliz.
Y esa idea comenzó a asustarlo.
Hacía años que nadie despertaba en él el deseo de proteger, de cuidar o simplemente de compartir un momento de tranquilidad.
Mientras tanto, Sofía caminaba por el estacionamiento hablando por teléfono.
—¿Estás completamente seguro?
Escuchó la respuesta y sonrió.
—Perfecto. Envíame todos los documentos originales.
Colgó la llamada y miró hacia el edificio.
—Muy pronto descubrirás que los secretos siempre salen a la luz, Valentina.
Aquella tarde, Adrián convocó una reunión con los directivos para presentar un importante proyecto internacional.
La presentación dependía de unos contratos que Valentina había preparado durante varios días.
Cuando llegó el momento de entregar las carpetas, una de ellas no estaba.
Valentina revisó su escritorio una y otra vez.
No aparecía.
Sintió que el corazón le latía con fuerza.
—No puede ser…
La reunión comenzaría en cinco minutos.
Buscó desesperadamente en los archivos.
Nada.
Adrián se acercó.
—¿Qué sucede?
—El contrato principal desapareció.
Sin decir una palabra, ambos comenzaron a revisar la oficina.
Entonces Sofía apareció en la puerta.
—¿Hay algún problema?
—Falta un documento muy importante —respondió Adrián.
Sofía fingió sorpresa.
—Qué extraño… Espero que no haya sido un descuido.
Valentina sintió un nudo en el estómago.
Sabía que había dejado aquella carpeta exactamente donde debía estar.
Cuando parecía que todo estaba perdido, Lucas entró con una carpeta en la mano.
—¿Buscan esto?
Valentina abrió los ojos.
—¡Sí! ¿Dónde estaba?
—En la sala de impresiones. Alguien la dejó sobre una mesa.
Sofía apretó discretamente los labios.
Su primer intento había fracasado.
La reunión fue un éxito.
Los inversionistas felicitaron a Adrián por la organización del proyecto.
Al terminar, él pidió a Valentina que permaneciera unos minutos en la oficina.
Ella entró algo nerviosa.
—Lamento lo ocurrido con la carpeta.
Adrián negó con la cabeza.
—No fue culpa suya.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Cómo puede estar tan seguro?
Él apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Porque usted jamás pondría en riesgo su trabajo de esa manera.
Aquellas palabras emocionaron a Valentina.
No solo confiaba en ella.
La defendía.
Al caer la noche, mientras todos abandonaban la empresa, el hombre misterioso observaba el edificio desde el interior de un automóvil.