Cuando el Destino nos encontró

Capítulo 10: Bajo el mismo techo

El ascensor se detuvo en el último piso del hotel. Ninguno de los dos había dicho una palabra desde que recibieron la noticia de que solo había una suite disponible.

Cuando la puerta de la habitación se abrió, ambos respiraron con alivio.

La suite era amplia y elegante. Contaba con una sala de estar, un pequeño comedor y, para su sorpresa, dos habitaciones independientes unidas por un mismo salón.

Valentina sonrió.

—Creo que el problema no era tan grave como imaginábamos.

Adrián soltó una leve risa.

—Definitivamente tuvimos suerte.

Por primera vez desde que se conocían, el ambiente entre ellos era relajado.

Después de instalarse, bajaron al restaurante del hotel para cenar.

La conversación comenzó con temas de trabajo, pero poco a poco se volvió más personal.

—¿Siempre quiso ser empresario? —preguntó Valentina.

Adrián negó con la cabeza.

—No. Cuando era joven quería ser arquitecto. Me fascinaba diseñar edificios.

—¿Y qué pasó?

Él guardó silencio unos segundos.

—Mi padre enfermó. Tuve que hacerme cargo de la empresa antes de terminar mis estudios.

Valentina comprendió que aquella responsabilidad había llegado demasiado pronto.

—Debió de ser muy difícil.

—Lo fue.

Luego la miró con curiosidad.

—¿Y usted? ¿Qué soñaba cuando era niña?

Valentina sonrió con nostalgia.

—Quería ser maestra. Me encantaba imaginar un salón lleno de niños aprendiendo cosas nuevas.

—¿Por qué cambió de camino?

—La vida cambió mis planes.

Adrián sintió que esa respuesta escondía una historia mucho más profunda.

Mientras tanto, en otra parte del hotel, Sofía observaba desde la barra del restaurante.

Había reservado una habitación en secreto.

No podía soportar la idea de que Adrián pasara tanto tiempo con Valentina.

Sacó su teléfono y llamó a un periodista conocido por publicar rumores sobre empresarios.

—Tengo una historia que podría interesarte…

Más tarde, Adrián y Valentina salieron a caminar por los jardines del hotel.

La noche era tranquila. Las luces reflejadas sobre el lago artificial creaban un paisaje hermoso.

Caminaron en silencio durante varios minutos.

—¿Sabe qué es lo que más extraño de mi infancia? —preguntó Valentina.

—¿Qué?

—Las noches en que mi mamá me contaba historias para que no tuviera miedo.

Adrián sonrió.

—Mi madre hacía lo mismo.

Valentina lo miró sorprendida.

—Nunca habla de su familia.

Él bajó la mirada.

—Porque cada vez somos menos.

Valentina sintió el impulso de tomar su mano, pero se contuvo.

Sin embargo, Adrián hizo algo inesperado.

Con delicadeza, tomó la mano de ella.

—Gracias por escucharme.

Valentina sintió que el tiempo se detenía.

Ninguno de los dos retiró la mano.

No hacía falta decir nada.

A veces, el silencio también podía acercar dos corazones.

A la mañana siguiente, antes de la reunión con los inversionistas, Valentina recibió una llamada desde un número desconocido.

—¿Hola?

Del otro lado se escuchó una voz masculina.

—Valentina… necesito hablar contigo.

Ella frunció el ceño.

—¿Quién habla?

Hubo unos segundos de silencio.

—Alguien que te ha buscado durante veinte años.

El corazón de Valentina comenzó a latir con fuerza.

Reconoció la voz.

Era el hombre de la fotografía.

—¿Qué quiere de mí?

—Solo decirte la verdad.

Antes de que pudiera responder, la llamada se cortó.

La reunión de negocios fue un éxito rotundo.

Los inversionistas aceptaron el proyecto y felicitaron a Adrián y a su equipo por la presentación impecable.

Cuando regresaban al hotel para recoger su equipaje, Lucas llamó a Adrián desde la oficina.

Su voz sonaba preocupada.

—Necesitas volver cuanto antes.

—¿Qué ocurrió?

—Acaban de publicar una noticia en varios medios digitales.

Adrián abrió el enlace que Lucas le envió.

Su expresión cambió de inmediato.

El titular decía:




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