Cuando el Destino nos encontró

Capítulo 14: Cuando el corazón decide

La mañana siguiente amaneció gris. Una fina lluvia cubría la ciudad mientras Valentina observaba por la ventana de su apartamento.

Las palabras de su madre seguían resonando en su mente.

Ricardo es tu padre.”

Durante años había vivido creyendo una historia que nunca existió. Sentía tristeza por el tiempo perdido, pero también comprendía el miedo con el que su madre había vivido.

Tomó aire profundamente y decidió que ya no huiría de la verdad.

Al llegar a Grupo Montenegro, el ambiente era muy diferente al de cualquier otro día.

Lucas esperaba junto a la puerta de la oficina de Adrián.

Su expresión era seria.

—Tenemos un problema.

Adrián levantó la vista.

—¿Qué ocurrió?

—Tres de nuestros principales inversionistas cancelaron las reuniones de esta semana.

—¿Por qué?

Lucas dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Anoche recibieron correos electrónicos anónimos asegurando que Grupo Montenegro estaba involucrado en un escándalo financiero.

Valentina sintió un escalofrío.

—Pero eso es mentira.

—Lo sabemos —respondió Lucas—, pero alguien quiere sembrar dudas antes de que podamos demostrar la verdad.

Adrián cerró la carpeta con decisión.

—Entonces demostraremos quién está detrás de esto.

Mientras tanto, en un elegante edificio del centro de la ciudad, Arturo Mendoza observaba las noticias.

Una ligera sonrisa apareció en su rostro.

—La primera pieza ya cayó.

Su asistente entró en la oficina.

—Señor, ¿qué hacemos ahora?

Arturo se acercó a la ventana.

—Presionaremos un poco más. Cuando un hombre siente que está perdiendo todo, suele cometer errores.

Ese mismo día, Ricardo llegó a la empresa con una caja de documentos.

—Encontré algo que puede servir.

Lucas revisó cuidadosamente el contenido.

Entre los papeles apareció una memoria USB antigua.

—¿Qué contiene esto?

Ricardo respiró hondo.

—Una copia de los archivos que logré guardar antes del incendio.

Lucas sonrió por primera vez en días.

—Si los archivos aún funcionan, podríamos tener las pruebas que necesitamos.

Al caer la tarde, la tensión en la oficina comenzaba a disminuir.

Adrián salió de su despacho y encontró a Valentina trabajando sola.

Sobre su escritorio había varios expedientes abiertos.

—Todavía sigues aquí.

Ella levantó la vista y sonrió.

—Quería dejar todo listo para mañana.

Adrián se acercó lentamente.

—No tienes que cargar con todo.

Valentina suspiró.

—Siempre he sentido que, si dejo de luchar, todo puede derrumbarse.

Él comprendía perfectamente esa sensación.

Se sentó frente a ella.

—¿Sabes qué aprendí después de perder a Laura?

Valentina guardó silencio.

—Que intentar hacerlo todo solo termina rompiéndonos por dentro.

Ella bajó la mirada.

—Todavía me cuesta confiar en que alguien quiera quedarse.

Adrián extendió la mano sobre el escritorio.

—Entonces deja que te lo demuestre poco a poco.

Valentina levantó los ojos y encontró en su mirada una sinceridad que nunca había visto.

Sin pensarlo demasiado, tomó su mano.

No dijeron nada.

No hacía falta.

En ese instante ambos comprendieron que lo que sentían ya no era una simple amistad.

Era algo mucho más profundo.

Desde el pasillo, Sofía observó la escena.

Por primera vez sintió un dolor diferente.

No era solo celos.

Era la certeza de que Adrián había encontrado la felicidad lejos de ella.

Durante unos segundos dudó.

¿Realmente quería destruir a dos personas que solo intentaban salir adelante?

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de Arturo Mendoza.

Mañana es el día. No olvides tu parte del trato.”

Sofía cerró los ojos.

Sabía que estaba a punto de cruzar una línea de la que quizá nunca podría regresar.

Esa misma noche, Lucas logró abrir la memoria USB.

La pantalla mostró decenas de carpetas con contratos, transferencias bancarias y grabaciones de audio.




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