Cuando el Destino nos encontró

Capítulo 15: La noche del robo

El edificio de Grupo Montenegro permanecía casi a oscuras. Solo la luz de emergencia iluminaba los pasillos vacíos.

Lucas permanecía inmóvil frente a la computadora apagada. El silencio era tan profundo que podía escuchar los latidos de su propio corazón.

Entonces volvió a oír los pasos.

Lentos.

Firmes.

Cada vez más cerca.

Tomó su teléfono para llamar a Adrián, pero la señal había desaparecido.

—Qué extraño… —murmuró.

No era un corte eléctrico común.

Alguien había bloqueado las comunicaciones.

En el estacionamiento, Adrián acababa de despedirse de Valentina cuando ambos notaron que todas las luces del edificio se apagaban al mismo tiempo.

—Eso no es normal —dijo Adrián.

Sin pensarlo dos veces, ambos regresaron corriendo hacia la entrada.

El guardia de seguridad estaba inconsciente junto a la recepción.

Valentina se llevó una mano a la boca.

—¡Dios mío!

Adrián comprobó su pulso.

—Está vivo.

Sacó su teléfono.

Tampoco tenía señal.

—Subamos.

Mientras tanto, Lucas se escondía detrás de un archivador.

Dos hombres vestidos de negro entraron en la oficina.

Llevaban linternas y guantes.

—Busquen la memoria USB —ordenó uno de ellos.

Comenzaron a revisar cajones y computadoras.

Lucas respiraba con dificultad.

Sabía que si lo descubrían, intentarían quitarle las pruebas.

Sin hacer ruido, deslizó la memoria USB dentro del forro de una vieja carpeta de proyectos y la dejó sobre una estantería llena de documentos.

Los intrusos siguieron registrando la oficina sin encontrarla.

En ese momento, Adrián y Valentina llegaron al piso ejecutivo.

Al escuchar voces, se ocultaron detrás de una columna.

Adrián observó a los desconocidos.

—No son ladrones comunes.

Valentina asintió.

No buscaban dinero.

Buscaban algo específico.

Uno de los hombres abrió el despacho de Adrián y comenzó a destruir documentos.

El otro continuó revisando cada rincón.

De pronto, la linterna iluminó la carpeta donde Lucas había escondido la memoria.

—Aquí hay algo…

Lucas comprendió que ya no tenía tiempo.

Salió de su escondite y empujó al hombre antes de que pudiera abrir la carpeta.

Los documentos volaron por toda la oficina.

—¡Corre! —gritó Adrián.

Lucas tomó la carpeta y salió corriendo por el pasillo.

Los dos intrusos fueron tras él.

Adrián intentó detenerlos.

Uno de los hombres le lanzó un fuerte golpe.

Él logró esquivarlo, pero el segundo sacó una barra metálica.

Valentina, al ver el peligro, empujó a Adrián justo cuando la barra descendía.

El golpe impactó contra su hombro.

El dolor fue inmediato.

—¡Valentina! —gritó Adrián.

Ella cayó al suelo.

Antes de que los atacantes pudieran acercarse de nuevo, comenzaron a escucharse sirenas.

La policía y la seguridad privada llegaban al edificio.

Los hombres huyeron por las escaleras de emergencia.

Minutos después, los paramédicos atendían a Valentina.

—Solo fue un fuerte golpe —dijo uno de ellos—. Necesitará reposo, pero no parece haber fracturas.

Adrián permanecía a su lado.

Nunca la había visto tan frágil.

Cuando el paramédico terminó de revisarla, él se sentó junto a ella.

—¿Por qué hiciste eso?

Valentina sonrió con dificultad.

—Porque… no iba a permitir que te hicieran daño.

Adrián sintió un nudo en la garganta.

Tomó su mano con delicadeza.

—Pudiste haber salido mucho más lastimada.

—Pero no fue así.

Él la miró durante unos segundos.

Toda la distancia que había intentado mantener desapareció en un instante.

Con infinita suavidad, acarició su rostro.

—No sé en qué momento ocurrió…

Valentina lo observó en silencio.

—…pero me enamoré de ti.

Las lágrimas llenaron los ojos de Valentina.

Aquellas palabras eran todo lo que jamás había esperado escuchar.




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