"A veces, perderlo todo es la única manera de ganar algo real."
LINDA
—¡Corre, mamá! ¡Vas a llegar tarde! —gritó Tomás mientras devoraba su cereal. —Linda, amor, ¿has visto mi otro zapato? —preguntó Pablo, revolviendo el sofá. —Tienes dos pies y un zapato en el derecho. El otro está en tu mano. ¡Haz la matemática! —respondí, lanzando mi almuerzo en el bolso.
Mi vida era sencilla y complicada, pero feliz. Cada mañana a las seis en punto, me despertaba con energía, preparaba el desayuno para mi esposo, Pablo, y nuestro hijo, Tomás, mientras tarareaba la última canción pegajosa que había escuchado en la radio.
Nuestra casa en el centro de New Crest era pequeña, pero acogedora. Todo estaba perfectamente en su sitio: las plantas bien regadas, la cafetera lista a la temperatura exacta, y mi agenda organizada al milímetro. Sin embargo, mientras mi hogar era un reflejo de orden, mi trabajo en Titan Tech Investments era otra historia.
Salimos a toda prisa. Pablo intentó encender el auto, pero este se negó a cooperar. Después de tres intentos, finalmente arrancó.
—Tienes que llevarlo al mecánico. —Le lancé una mirada significativa. —Lo sé, pero primero están los medicamentos de Tomás. Te prometo que este fin de semana lo llevo.
Asentí, sin discutir. Llegamos a la escuela, donde Tomás nos despidió con abrazos. Justo cuando se alejaba, se acercó de nuevo y me susurró al oído:
—Feliz cumpleaños, mamá. —Me dio un beso en la mejilla y se fue corriendo a clases.
Sonreí, mi corazón calentito por el gesto. Pablo y yo continuamos hacia Titan Tech, donde ambos trabajábamos. Él como personal de limpieza y yo como recepcionista. No era mi sueño, pero era un empleo estable.
—Linda, no te preocupes tanto por el dinero. Tu oportunidad llegará. —Pablo tomó mi mano cuando mencioné el préstamo que aún pagábamos por mis estudios de economía.
—Solo quiero mejorar nuestra vida.
—Lo harás, lo sé. Mientras tanto, esta noche lo celebraremos con tu comida favorita. ¡Comida china!
Afirmé con una sonrisa fingida. Odiaba la comida china, pero era la favorita de Pablo y Tomás, y por ellos podría comer hasta carne de mono si era necesario.
—Solo quiero una cena tranquila con mi esposo y mi hijo. Y luego, claro, un buen postre. —Mordí mi labio en un gesto sugerente.
Pablo río y me besó. Cuando me di la vuelta para entrar al edificio, me dio una nalgada.
A pesar de las dificultades, me sentía feliz, completa, amada. Lo único que empañaba mi día era mi jefe, Aaron Lancaster.
Aaron no era solo el CEO de la empresa; era un robot disfrazado de ser humano. Alto, atractivo, con una fortuna capaz de comprar varios países pequeños, pero con la empatía de un cactus.
Esa mañana, entré a la oficina con mi energía habitual, saludando a todos.
—Linda, ¡los informes de la junta! —exclamó Marta, mi amiga y compañera de trabajo.
—¿Informes? ¿Qué informes?
Marta me miró como si le hubiera dicho que la Tierra era plana.
—Los que Lancaster pidió para hoy. Dijo algo como: "Si no están listos a primera hora, pueden ir empacando sus cosas y buscar trabajo en un circo". Dijiste que me ayudarías.
—¡Por el amor de las inversiones, Marta!
Corrí a mi escritorio y encendí la computadora con la rapidez de quien intenta desactivar una bomba. En realidad, mi futuro dependía de ello. Este no era mi trabajo, pero ayudar a Marta significaba una oportunidad para demostrar mi capacidad.
Justo cuando creía que podría terminar a tiempo, el aire se volvió pesado. Una presencia oscura se hizo sentir en la oficina.
Aaron Lancaster había llegado.
El sonido de sus costosos zapatos resonó en la recepción. Se detuvo frente a Marta y la observó con esos ojos azules que podrían haber sido bonitos si no estuvieran llenos de juicio y superioridad.
Aquí todos conocían al Jefe, su nombre, su carácter, pero él, él apenas y recordaba el nombre de sus empleados.
—Señorita, ¿me puede decir que no ha olvidado lo que le pedí? —Su tono frío me hizo sentir como un cubo de hielo en pleno invierno.
Marta tragó saliva. Tenía dos opciones: decirle la verdad y ser despedida en vivo y en directo o improvisar. Optó por la tercera: mentir con elegancia.
—Por supuesto que no, señor Lancaster. Solo estoy… eh… revisando los últimos detalles para asegurarme de que todo esté impecable. La perfección toma su tiempo. Pero mi computadora falló y Linda me está ayudando a solucionarlo.
Aaron la observó fijamente. Un segundo de silencio eterno.
—Tiene diez minutos. —Y con eso, desapareció hacia el ascensor.
Su vida no era un enigma, sus redes sociales estaban llenas de fotografías de sus costosos viajes, casas, autos, joyería, ropa, él solía ser pretencioso de todos sus lujos.
Exhalé aliviada y miré a Marta.
—¿Crees que es demasiado tarde para fingir mi muerte y mudarme a una isla remota? —preguntó ella.
—Creo que es más fácil que termine el informe en diez minutos.
Le guiñé un ojo y me puse manos a la obra.
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Llevo mucho tiempo desaparecida por acá, pero muy emocionada por esta historia. Magia, misterio, amor, romance y mucho más son los ingredientes de esta nueva aventura, gracias por acompañarme de nuevo.
LAS ACTUALIZACIONES SERÁN DE LUNES A VIERNES