(Jink)
Yin se levantó de la mesa con esa sonrisa suave que pone cuando está cansado pero no quiere parecerlo.
—Voy a… ordenar un poco más —dijo, aunque ya lo tenía todo ordenado desde hacía una hora.
Yo lo dejé ir. Ya que cuando está nervioso, necesita estar solo un rato.
Y entonces… silencio.
Un silencio raro.
De esos que no sabes si romper o dejar que te envuelva.
Dy estaba guardando las sobras. Yo me quedé sentado, moviendo una patata frita entre los dedos.
— Bueno —dije al fin—. Ahora sí podemos hablar.
Dy levantó una ceja, sin sorprenderse.
— ¿Hablar de qué?
— De lo que todos vimos —respondí, sonriendo como si hubiera descubierto un secreto.
Dy suspiró, pero no negó nada.
(Dy)
Sabía exactamente a qué se refería.
Jink siempre ve demasiado.
Es ruidoso, caótico, impulsivo… pero también es observador. Mucho más de lo que aparenta.
Me apoyé en la encimera, cruzando los brazos.
— ¿Qué crees que viste? —pregunté, dándole espacio para que hablara.
Jink se inclinó hacia adelante, como si fuera a contarme un chisme prohibido.
— Seong miró a Yin.
— Seong mira a todo el mundo —respondí.
— No así —dijo Jink, señalándome con la patata—. Fue como… no sé, como si Yin fuera una lámpara y él un mosquito.
Tuve que contener la risa.
— Esa comparación es horrible.
— Pero exacta —insistió.
Me quedé pensando.
No quería admitirlo, pero sí… había algo.
Un segundo.
Una mirada.
Una tensión que no debería existir tan pronto.
(Jink)
Dy no lo decía, pero yo sabía que él también lo había visto.
Seong no mira a nadie así.
Ni siquiera a Dy, y llevan años siendo amigos.
— Yin estaba nervioso —dije, apoyando los codos en la mesa—. Seong lo pone nervioso.
— Seong pone nervioso a cualquiera —respondió Dy.
— A mí no —dije.
— Porque tú no tienes filtro —contestó Dy.
Me reí.
— Exacto. Por eso soy el mejor para notar estas cosas.
Dy se quedó callado un momento.
Eso significaba que estaba pensando.
Y cuando Dy piensa… es porque algo le preocupa.
(Dy)
Miré hacia el pasillo.
La puerta de la habitación de Seong estaba cerrada.
La de Yin, entreabierta, con una luz cálida saliendo por debajo.
Dos mundos distintos.
Dos formas de sentir.
Dos ritmos que no encajaban… todavía.
— Solo espero que ninguno salga herido —dije sin pensarlo.
Jink me miró, sorprendido.
— ¿Tan rápido te preocupas?
— No es rápido —respondí—. Es… inevitable.
Jink se quedó en silencio.
Y eso, viniendo de él, era raro.
(Jink)
Dy tenía esa forma de hablar que te hacía sentir que estaba viendo el futuro.
No sé cómo lo hace.
Pero siempre acierta.
— No creo que se hagan daño —dije, aunque no estaba seguro—. Yin es fuerte. Y Seong… bueno, Seong es hielo, pero no es malo.
Dy asintió.
— Lo sé.
— Entonces… ¿qué te preocupa?
Dy se quedó mirando la mesa, pensativo.
— Que no sepan manejar lo que sienten.
Me quedé callado.
Porque sí… eso tenía sentido.
Mucho.
(Dy)
Jink se levantó, estirándose como un gato.
— Bueno, Dy… pase lo que pase, estaremos aquí, ¿no?
— Claro —respondí.
— Para Yin —dijo él.
— Y para Seong —añadí.
Nos miramos un segundo.
Un acuerdo silencioso.
Una alianza inesperada.
Los dos sabíamos que algo estaba empezando.
Algo que ninguno de los cuatro entendía todavía.
Pero nosotros…
Nosotros sí lo veíamos venir.
(Jink)
— Mañana será divertido —dije, sonriendo.
— ¿Por qué? —preguntó Dy.
— Porque Seong y Yin van a intentar evitarse —respondí—. Y van a fallar.
Dy se rió por fin.
— Sí. Van a fallar.
Y mientras apagábamos las luces de la cocina, pensé
[> Este departamento… va a ser un desastre maravilloso. <]
Editado: 22.01.2026