(Yin)
Los últimos paquetes llegaron hoy.
Unos detalles para mi escritorio, una alfombra suave que Jink insistió en que comprara porque “tu habitación necesita vibes”. Y no solo eso, sino también llegaron cosas para terminar el departamento.
Mientras abría cajas, sentí algo extraño:
El departamento ya no parecía un lugar desconocido.
Parecía… nuestro.
Jink iba y venía por el pasillo, hablando con Dy sobre algo que no alcanzaba a escuchar.
Seong estaba en su habitación, pero la puerta estaba entreabierta, lo cual era raro.
Muy raro.
Yo me quedé doblando la caja vacía, pensando en cómo habían cambiado las cosas en solo unos días.
Pensando en él.
En Seong.
En cómo cada vez que lo veía, mi pecho hacía un ruido raro.
No sabía si me gustaba.
No sabía si me asustaba.
Solo sabía que estaba ahí.
(Seong)
El departamento estaba lleno de cajas abiertas, plástico de burbujas y ruido.
Demasiado ruido.
Yin caminaba de un lado a otro con una manta en los brazos.
Jink estaba intentando convencer a Dy de algo.
Dy lo escuchaba con esa paciencia infinita que yo jamás tendría.
Yo estaba en mi habitación, organizando mis libros por color.
No porque importara.
Sino porque necesitaba orden.
Pero cada vez que Yin pasaba por el pasillo, mi atención se desviaba.
No quería que pasara.
Pero pasaba.
Su risa.
Su voz suave.
La forma en que se inclinaba para abrir una caja.
Molesto.
Muy molesto.
No con él.
Conmigo.
Intenté concentrarme en mis libros.
No funcionó.
(Jink)
Llevaba tres días intentando hablar con Dy de verdad.
No de compras.
No de tareas.
No de “¿has visto mi cargador?”.
De verdad.
Pero cada vez que lo intentaba, pasaba algo:
Yin me llamaba.
Seong aparecía.
El repartidor tocaba la puerta.
O yo mismo me distraía porque soy yo.
Hoy no.
Hoy sí o sí.
Lo seguí hasta la sala mientras él abría una caja con utensilios de cocina.
— Oye, Dy —dije, intentando sonar casual.
— ¿Sí? —respondió sin levantar la vista.
— Necesito… hablar contigo.
Dy se detuvo.
Me miró.
Y supe que ya había entendido que no era una tontería.
— ¿Sobre qué?
Y ahí fue cuando mi cerebro decidió apagarse.
— Sobre… cosas.
Muy bien, Jink.
Brillante.
Dy sonrió un poco, como si le hiciera gracia mi torpeza.
— Vale, adelante. Hablemos.
Y mi corazón dio un salto raro.
(Dy)
Jink llevaba días intentando decirme algo.
Lo noté desde el primer momento.
Él no sabe disimular.
Cuando dijo “necesito hablar contigo”, supe que era importante.
Para él, al menos.
Me senté en el sofá y le hice un gesto para que se sentara también.
No lo hizo.
Se quedó de pie, moviendo las manos como si estuviera a punto de dar un discurso.
— Dy… —empezó—. Tú eres… bueno, tú eres tú.
— Eso es cierto —respondí.
— Y yo soy yo.
— También cierto.
— Y… no sé. Quería… conocerte más.
Se quedó callado.
Yo también.
No porque no supiera qué decir.
Sino porque quería darle espacio para que siguiera.
— No sé si somos amigos —dijo al fin—. Pero quiero que lo seamos.
Ah.
Eso era.
Sonreí.
— Ya lo somos, Jink.
Él parpadeó, sorprendido.
— ¿Sí?
— Sí —respondí—. Desde el primer día.
Jink se quedó quieto.
Y por primera vez desde que lo conocí…
Se quedó sin palabras.
(Jink)
Cuando Dy dijo “ya lo somos”, sentí algo raro en el pecho.
No malo.
No incómodo.
Solo… raro.
Como si alguien hubiera encendido una luz dentro de mí.
Me senté por fin, porque mis piernas ya no respondían.
— Ah… bueno… genial —dije, intentando sonar normal.
Dy se rió.
— Eres muy transparente, Jink.
— No es cierto —mentí.
— Lo es.
Y su sonrisa…
Ay, su sonrisa.
Me quedé mirándola un segundo más de lo que debería.
Y pensé:
Estoy en problemas.
(Yin)
Desde mi habitación escuché a Jink reír.
Y a Dy también.
Me asomé por la puerta.
Los vi en el sofá.
Cerca.
Muy cerca.
Jink estaba rojo.
Dy estaba sonriendo.
Y por alguna razón…
Me alegró verlos así.
(Seong)
Escuché risas desde la sala.
Jink y Dy.
Yin salió al pasillo para mirar.
Sonrió.
Y yo…
Yo me quedé en mi habitación, mirando la puerta entreabierta.
No sé por qué me importaba.
Pero me importaba.
Mucho más de lo que debería.
Editado: 25.01.2026