Cuando el Hielo conoció a la Miel.

CAPÍTULO 10. Malentendidos y matrículas. (Yin, Seong, Jink, Dy).

(Yin)

Bajé al vestíbulo del edificio porque me habían dicho que hoy era el día de inscripción final de una matricula que era obligatoria entregar.
No quería molestar a nadie, así que fui solo.

El tutor del edificio, un chico mayor, de último año, estaba revisando papeles en una mesa.
Tenía una sonrisa amable, de esas que te hacen sentir cómodo.

— ¿Yin-ho, verdad? —preguntó.

Asentí.

— Perfecto, ven. Te explico cómo va lo de la matrícula.

Se inclinó un poco hacia mí para mostrarme un formulario.
Estaba muy cerca.
Demasiado cerca.

Yo retrocedí un poco, incómodo.

— Ah… sí… gracias.

Él no pareció notarlo.
Siguió hablando, señalando casillas, preguntándome si necesitaba ayuda con horarios.

Y entonces escuché pasos detrás de mí.

Me giré.

Era Seong.

Y su expresión…
No supe leerla.
Pero no era neutral.

No esta vez.

(Seong)

Bajé porque Dy me pidió que revisara un correo en la recepción.
No tenía ganas, pero lo hice igual.

Y entonces lo vi.

Yin.
Con un chico desconocido.
Muy cerca.
Demasiado cerca.

El tipo se inclinaba hacia él, sonriendo como si fueran amigos de toda la vida.
Yin estaba rojo.
No sabía si por vergüenza o por otra cosa.

Sentí algo en el pecho.
Un tirón.
Una molestia absurda.

No tenía derecho a sentir nada.
Pero lo sentí igual.

Me acerqué sin pensarlo.

— ¿Todo bien? —pregunté, más frío de lo normal.

El tutor levantó la vista.

— Ah, sí. Solo le explicaba la inscripción.

Yin sonrió nervioso.

— Sí… solo eso.

Solo eso.
Pero yo seguía molesto.

No sabía por qué.

(Jink)

Yo bajé porque Yin tardaba demasiado y quería ver si se había perdido o algo.
Cuando llegué al vestíbulo, vi la escena:

Yin con el tutor. Rojo.

El tutor sonriendo.
Seong con cara de “voy a congelar a alguien”.
Y pensé:

Ay, no. Esto es oro.

Me acerqué rápido.

— ¡Yin! ¿Todo bien? —pregunté, exagerando un poco.

Yin asintió, pero parecía más nervioso que antes.

Seong no apartaba la mirada del tutor.
El tutor no entendía nada.
Y yo estaba disfrutando demasiado.

(Dy)

Cuando bajé, ya estaban los tres ahí.
Y la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Yin parecía un gatito asustado.
Seong parecía un perro guardián.
Jink parecía un niño viendo una telenovela.

El tutor estaba confundido.

— ¿Pasa algo? —pregunté, intentando suavizar el ambiente.

Yin respiró hondo.

— No… no pasa nada. Solo… él me estaba explicando lo de la inscripción.

—Pense que era otra cosa —murmuró apenas Seong.

— ¿Otra cosa? —preguntó Jink.

— Pensé que le estaba coqueteado.

Silencio.

Tres segundos exactos.

Y luego:

(Jink)

— ¿COQUETEANDO? —grité, casi riéndome.

— Jink, Seong tiene razón, estaba a dos centímetros de él —dije—. Yo también lo habría pensado.

— Seong casi se transforma en estatua de hielo cuando lo vio —comenté divertido.

Seong tensó la mandíbula.
Yin lo miró sorprendido.
Dy suspiró.

Perfecto.

(Seong)

— No estaba molesto —dije, demasiado rápido.

Jink levantó una ceja.

— ¿Ah, no?

— No.

— ¿Seguro?

— Sí.

Mentira.
Y todos lo sabían.

Yin me miró.
No con burla.
No con juicio.

Con… curiosidad.

Y eso me desarmó.

(Yin)

Cuando Jink dijo lo de Seong, yo lo miré sin pensar.

Y él…
Él apartó la mirada.

No sabía qué significaba.
No sabía si quería saberlo.

Pero mi corazón latía muy rápido.

Demasiado rápido.

— De verdad… solo fue un malentendido —dije, intentando calmar el ambiente.

El tutor sonrió, incómodo.

— Sí, sí. Solo estaba ayudando. No te preocupes.

Se despidió y se fue.

Y quedamos los cuatro ahí, en silencio.

(Dy)

Cuando el tutor se fue, Jink empezó a reír.
Yin estaba rojo.
Seong estaba tenso.
Yo estaba cansado.

—Vamos arriba —dije—. Ya habrá tiempo para… hablar de esto.

Pero mientras subíamos las escaleras, pensé:

Este malentendido no fue tan pequeño como parece.

Y lo que estaba creciendo entre ellos…
Tampoco.




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