(Jink)
La cocina estaba en silencio, excepto por el sonido suave de las galletas chocando dentro de la caja cuando Dy la movía sin darse cuenta.
Yo estaba sentado frente a él, todavía con el corazón acelerado, todavía temblando un poco, todavía intentando entender qué acababa de pasar.
Dy no hablaba. Pero no era un silencio incómodo. Era un silencio… lleno. Lleno de cosas que ninguno de los dos sabía cómo decir.
— Jink —dijo al fin, con esa voz suave que me derrite—. Lo que me dijiste… siento que necesito procesarlo.
Asentí. No porque estuviera tranquilo, sino porque si hablaba iba a decir algo estúpido.
— No quiero darte una respuesta rápida —continuó—. No sería justo para ti. Ni para mí.
Mi pecho se apretó. Pero no dolió. Era… otra cosa.
— ¿Entonces…? —pregunté, con voz pequeña.
Dy respiró hondo.
— Mañana —dijo—. Mañana te doy una respuesta. Una de verdad.
Mi corazón dio un salto extraño.
No era un “no”.
No era un “sí”.
Era un “te estoy tomando en serio”.
Y eso… Eso me hizo sentir algo enorme.
— Vale —susurré—. Mañana.
Dy sonrió. Una sonrisa tímida, nerviosa, preciosa.
— Vamos a dormir —dijo—. Ha sido… mucho.
Me levanté. Mis piernas casi fallan. Dy lo notó, pero no dijo nada.
Cuando salimos de la cocina, él se detuvo.
— Jink.
— ¿Sí?
— Gracias por confiar en mí.
Y yo pensé: No sé si puedo dormir después de esto.
(Dy)
Cuando Jink se fue hacia su habitación, yo me quedé un momento en el pasillo, apoyado en la pared, respirando hondo.
Mi pecho estaba raro. No dolía. No pesaba. Solo… vibraba.
Jink me había dicho algo enorme. Algo que no esperaba.
Algo que no sabía cómo manejar.
Y yo… Yo necesitaba pensar.
Y solo había una persona con la que podía hablar de esto sin sentirme juzgado.
Golpeé la puerta del cuarto que compartía con Seong.
— Pasa —respondió él, como siempre.
Entré.
Seong estaba sentado en su cama, con un libro abierto pero sin leerlo. Me miró de inmediato.
— ¿Qué pasó? —preguntó, directo.
Me senté en su escritorio, cruzando los brazos.
— Jink… me dijo algo.
Seong frunció el ceño.
— ¿Qué cosa?
Respiré hondo.
— Que cree que le gusto.
Seong se quedó quieto. Muy quieto.
No sorprendido.
No molesto.
Solo… procesando.
— ¿Y tú? —preguntó al fin.
— No lo sé —admití—. Pero… me importa. Mucho más de lo que pensé.
Seong bajó la mirada.
No triste.
No incómodo.
Pensativo.
— Jink es… intenso —dijo.
— Lo sé.
— Pero también es sincero.
— Lo sé.
— Y tú… —Seong me miró—. Tú no eres de sentir cosas así tan rápido.
— Lo sé —respondí, casi riendo.
Seong cerró el libro.
— ¿Te asusta?
— Sí —admití—. Pero no de una forma mala.
Seong asintió.
— Entonces… dale una oportunidad. A él. Y a ti.
Lo miré, sorprendido.
— ¿Estás… bien con esto?
Seong suspiró.
— Dy. Eres mi mejor amigo. Si alguien te hace sentir algo bueno… me alegro.
Y ahí, por primera vez en mucho tiempo, sentí que Seong estaba siendo completamente honesto.
— Gracias —dije.
— No me des las gracias —respondió—. Solo no huyas.
Sonreí.
— Eso mismo te digo yo siempre.
Seong rodó los ojos.
— Vete a dormir antes de que Jink se coma tus galletas.
Asentí y me tumbé en mi cama. Miré hacia un punto fijo, pensando en como decirle esto mañana. Pero me quedé dormido pronto.
(Jink)
Entré a la habitación en silencio, intentando no despertar a Yin.
Fallé.
Yin se movió, abrió un ojo, luego el otro.
— ¿Jink…? —murmuró, medio dormido.
— Perdón —susurré—. No quería despertarte.
— No pasa nada… —dijo, incorporándose un poco—. ¿Cómo fue?
Me senté en mi cama, dejando caer la cabeza hacia atrás.
— Me dijo que mañana me da una respuesta.
Yin parpadeó, procesando.
— Eso no es malo.
— Lo sé —respondí—. Pero tampoco es bueno.
— Sí lo es —dijo él, con esa voz suave que siempre me calma—. Significa que te está tomando en serio.
Me quedé en silencio.
Porque sí.
Eso era exactamente lo que significaba.
— ¿Y tú? —preguntó Yin—. ¿Cómo te sientes?
Me tapé la cara con las manos.
— Como si hubiera corrido una maratón emocional.
Yin rió bajito.
— Jink… estoy orgulloso de ti.
Lo miré.
— ¿Por qué?
— Porque fuiste sincero. Y porque… te estás permitiendo sentir.
Mi pecho se apretó. Pero no dolió.
— Gracias, Yin —susurré.
Él sonrió, ya medio dormido otra vez.
— Duerme. Mañana será un día importante.
Me acosté. Miré el techo. Respiré hondo. Y pensé:
Mañana… podría cambiarlo todo.
(Yin)
Mientras me volvía a dormir, escuché a Jink respirar hondo.
No nervioso. No asustado. Esperanzado.
Y pensé: Ojalá Dy vea lo que yo veo en él.
Porque Jink… Jink merece que alguien lo mire como él mira a los demás.
Y tal vez…
Solo tal vez…
Dy podría ser esa persona.
Editado: 25.01.2026