(Jink)
No sé en qué momento pasó.
No sé si fue después de clase, o cuando estábamos estudiando juntos, o cuando Dy me miró con esa calma suya que me derrite.
Solo sé que estábamos en el sofá.
Muy cerca...
Demasiado cerca...
Y de repente…
Nos estábamos besando.
No un beso torpe. No un beso rápido.
Un beso lento. Suave.
De esos que te hacen olvidar que existe el mundo.
Dy tenía una mano en mi mejilla.
Yo tenía las dos en su camiseta porque mis manos no sabían dónde ir.
Mi corazón estaba haciendo piruetas.
Mi cabeza estaba en blanco.
Mi cuerpo estaba temblando.
Pero Dy… Dy estaba tranquilo. Cálido. Seguro.
Cuando nos separamos, él apoyó su frente en la mía.
— Esto… me gusta —susurró.
Yo casi me derrito.
— A mí también —respondí, sin aire.
Y pensé: Si esto es intentarlo… quiero intentarlo todos los días.
(Dy)
Jink sabe besar. No de forma técnica. No de forma perfecta. Sino... De forma sincera.
Parecía que había dado su primer beso en ese momento. No sabía dónde poner sus manos. Estaba claro. Aunque... Cada vez que me tocaba, sentía un calor extraño en el pecho.
No incómodo. No abrumador. Solo… nuevo.
Y cuando se separó, con las mejillas rojas y los ojos brillantes, pensé: Estoy en problemas.
Porque me gustaba. Mucho. Más de lo que esperaba.
— ¿Quieres… seguir estudiando? —pregunté, porque mi cerebro no sabía qué decir.
Jink rió.
— No sé si puedo concentrarme después de eso.
Yo también reí.
Y lo besé otra vez.
Corto. Suave.
— Yo tampoco —admití.
Y ahí supe que esto iba a ser complicado.
Pero también supe que no quería detenerlo.
(Yin)
Yo estaba en mi habitación, sentado en mi escritorio rodeado de papeles, libros y pestañas abiertas en el portátil.
Tenía que entregar un trabajo en dos días.
Un trabajo largo. Complicado.
Y que compartía con Seong.
Pero Seong estaba… no sé dónde. Probablemente ignorando el trabajo. O ignorándome.
Suspiré. Me froté los ojos.
Intenté concentrarme.
Y entonces escuché un golpe suave en la puerta.
— ¿Puedo pasar? —preguntó Seong.
Me quedé congelado.
— Ah… sí —respondí.
Seong entró con su cuaderno en la mano.
Se sentó en una silla junto a mí. Sin decir nada.
— El trabajo —dijo, como si fuera obvio.
— Sí… —respondí, sorprendido—. Pensé que estabas ocupado.
— Lo estoy —dijo—. Pero esto también es importante.
Mi corazón dio un salto raro.
Seong abrió su cuaderno.
Se inclinó hacia mí. Muy cerca. Demasiado cerca.
— ¿Por dónde vas? —preguntó.
— Por… aquí —dije, señalando la pantalla.
Seong asintió. Y empezó a ayudarme.
No de forma distante. No de forma fría. De forma… presente. Y eso me descolocó.
Mucho.
(Seong)
Podría haber hecho este trabajo solo. Podría haberlo hecho después. Podría haberlo ignorado. Pero este trabajo debía de hacerlo con alguien, y prefería hacerlo con Yin antes que con otra persona.
Yin estaba estresado. No me gustaba verlo así.
No sé por qué.
No sé desde cuándo.
Solo sé que cuando pasé por su puerta y lo vi inclinado sobre el escritorio, con el ceño fruncido y los labios apretados, algo en mí dijo: Ayúdalo. No lo dejes solo con todo.
Así que entré.
Y ahora estaba sentado a su lado, leyendo su parte del trabajo, corrigiendo cosas, explicando otras.
Yin estaba nervioso.
Lo notaba en cómo movía los dedos. En cómo respiraba. En cómo me miraba de reojo.
— Esto está bien —dije, señalando un párrafo—. Solo falta conectar esta idea con la siguiente.
— Ah… sí —respondió, acercándose un poco más.
Demasiado cerca.
Mi pecho hizo ese tirón raro otra vez.
— ¿Estás… bien? —pregunté sin pensar.
Yin me miró, sorprendido.
— Sí… ¿por qué?
— No sé —respondí—. Pareces… tenso.
Yin bajó la mirada.
— Es que… tú estás muy cerca.
Me quedé quieto. Muy quieto.
No sabía si alejarme. No sabía si quedarme. Pero no me moví.
— ¿Te molesta? —pregunté.
Yin negó.
— No… no me molesta.
Y yo pensé: Esto es peligroso.
Pero tampoco me moví.
(Yin)
Seong estaba muy cerca. Demasiado cerca. Y yo... no sabía qué hacer con eso.
Mi corazón estaba acelerado. Mis manos temblaban un poco.
Mi cabeza estaba llena de pensamientos que no debería tener.
Pero él no se alejaba. No parecía incómodo. No parecía molesto.
Solo… ahí. Conmigo.
— ¿Quieres que revise esta parte? —preguntó.
— Sí —respondí, intentando no sonar nervioso.
Seong tomó mi portátil.
Sus dedos rozaron los míos. Y yo... sentí electricidad. Literalmente electricidad.
Me mordí el labio. Seong lo notó.
Lo sé porque su mirada bajó un segundo. Y luego volvió al texto como si nada.
Pero yo… Yo ya no podía concentrarme.
(Seong)
Mientras revisaba el trabajo, Yin estaba tan cerca que podía sentir su respiración.
Y eso me ponía nervioso.
Pero no de una forma mala. De una forma… nueva.
Yin era cálido. Suave. Atento.
Y estar así, juntos, trabajando, en silencio…
Me hacía sentir algo que no sabía nombrar.
— Seong… —susurró Yin.
— ¿Sí?
— Gracias por ayudarme.
Lo miré.
Y por un segundo… Solo un segundo…
Pensé en decir algo que no debía. Pero no lo hice.
Solo asentí.
— Para eso somos compañeros —dije.
Yin sonrió. Una sonrisa pequeña. Hermosa.
Y pensé: Estoy en problemas.
(Jink)
Mientras tanto, en el salón, yo estaba recostado en Dy, todavía con la cabeza en las nubes.
— ¿Crees que Yin y Seong estarán bien? —pregunté.
Editado: 25.01.2026