(Seong)
Dormí mal. Muy mal.
Cada vez que cerraba los ojos, veía a Yin.
Su cara cuando se concentraba. Su voz cuando me hablaba.
La forma en la que se mordía el labio cuando estaba nervioso.
Y ahora sabía que me afectaba. Que me afectaba demasiado.
Dy tenía razón: estoy jodido.
Cuando salí de mi cuarto, Yin estaba en el pasillo, poniéndose la mochila.
Se giró al oírme.
— Buenos días… —dijo, bajito.
— Buenos días —respondí.
Silencio. Incómodo. Tenso. Lleno de cosas que ninguno de los dos sabía decir.
— ¿Caminamos juntos? —preguntó él.
Asentí. No confiaba en mi voz.
Salimos del edificio. El aire estaba frío.
Yin caminaba a mi lado, tan cerca que podía sentir el calor de su brazo.
Y yo… Yo no sabía dónde mirar.
(Yin)
Desde que hablé con Jink, no puedo sacarme a Seong de la cabeza.
No sé si es bueno. No sé si es malo.
Solo sé que está ahí, ocupando espacio, respirando dentro de mis pensamientos.
Cuando lo vi en el pasillo, salir de su dormitorio, casi se me cayó la mochila. Apareció con el pelo un poco desordenado y esa expresión seria que siempre lleva… pero hoy había algo distinto. Algo en sus ojos. Algo que me hizo sentir un nudo en el estómago.
— Buenos días… —dije, intentando sonar normal.
— Buenos días —respondió él, con la voz más baja de lo habitual.
Silencio. Un silencio que me envolvió entero.
— ¿Caminamos juntos? —pregunté, porque no quería ir solo.
Porque no quería ir sin él.
Seong asintió. Y caminamos.
No hablamos. Pero tampoco hacía falta. Cada paso que dábamos juntos hacía que mi corazón latiera más fuerte.
Cuando llegamos al campus, él abrió la puerta del edificio para mí. Un gesto pequeño. Pero me derritió.
— Gracias —susurré.
— De nada —respondió, sin mirarme.
Pero lo vi. Vi cómo se le tensó la mandíbula. Vi cómo tragó saliva. Vi que él también estaba raro.
(Seong)
Yin caminaba a mi lado, demasiado cerca. Podía sentir el calor de su brazo. Podía escuchar su respiración suave. Podía oler su champú.
Y eso me estaba matando.
No sabía dónde mirar. No sabía qué hacer con mis manos. No sabía cómo caminar sin parecer torpe.
Cuando abrí la puerta para él, lo hice sin pensar. Un gesto automático.
Pero cuando dijo “gracias” con esa voz suave… Mi pecho se apretó.
Entramos al aula.
Y él se sentó a mi lado. Como siempre. Pero hoy… hoy se sentía distinto.
— ¿Estás bien? —preguntó Yin, inclinándose un poco hacia mí.
Demasiado cerca. Demasiado suave. Demasiado él.
— Sí —mentí.
Yin me miró. Como si pudiera ver a través de mí.
— Estás raro —dijo.
— Tú también —respondí antes de pensarlo.
Yin se sonrojó. Yo también.
El profesor empezó a hablar.
Pero yo no escuché nada.
Solo escuché el sonido del bolígrafo de Yin.
El roce de su manga contra la mesa.
El suspiro que soltó cuando se concentró.
Y pensé: No puedo seguir así.
Pero tampoco quiero que pare.
(Yin)
Intenté tomar apuntes. De verdad lo intenté.
Pero Seong estaba a mi lado.
Y cada vez que movía la mano, yo lo notaba. Cada vez que respiraba, yo lo escuchaba. Cada vez que se inclinaba para leer, su hombro rozaba el mío.
Y yo… Yo no podía pensar.
— Yin —susurró él, de repente.
— ¿Sí? —pregunté, demasiado rápido.
— Tu bolígrafo… —señaló mi mano.
Estaba temblando. Lo escondí bajo la mesa.
— Es… el frío —mentí.
Seong me miró. Esa mirada suya que no dice nada pero lo dice todo.
— No hace frío —respondió.
Y yo me derretí un poco más.
(Seong)
Yin estaba temblando. No mucho. Pero lo suficiente para que yo lo notara.
Quise preguntarle qué le pasaba. Quise decirle que no tenía que ponerse nervioso conmigo. Quise… algo.
Pero no dije nada. Solo lo observé. En silencio. Como siempre.
Hasta que él levantó la vista y nuestros ojos se encontraron.
Solo un segundo. Pero suficiente para que mi corazón hiciera ese tirón extraño otra vez.
Y pensé: Estoy perdido.
Completamente perdido.
(Yin)
Cuando terminó la clase, recogí mis cosas demasiado rápido. Seong también.
Salimos juntos. Caminamos juntos. Pero ninguno habló. Hasta que llegamos a la salida del edificio.
— Yin —dijo él, deteniéndose.
— ¿Sí?
— Si… si necesitas hablar de algo… —miró al suelo—. Estoy aquí.
Mi corazón se derritió. Literalmente.
— Gracias —susurré.
Y seguimos caminando. Juntos. En silencio. Pero un silencio distinto. Un silencio lleno de cosas que ninguno sabía decir.
(Dy)
Desde la mesa del comedor, vi a Seong y Yin entrar juntos. No hablaban. Pero sus hombros casi se rozaban. Y los dos estaban rojos.
Jink me dio un codazo.
— Míralos —susurró—. Están igual de tontos que nosotros al principio.
Sonreí.
— Sí —respondí—. Solo necesitan tiempo.
Jink apoyó la cabeza en mi hombro.
— Y un empujoncito —añadió.
Lo abracé por la cintura.
— Eso también.
(Jink)
Mientras comíamos, yo no podía dejar de mirar a Yin y Seong.
Yin no dejaba de mirarlo cuando pensaba que nadie lo veía.
Seong no dejaba de mirarlo cuando pensaba que nadie lo veía.
Y yo pensé: Estos dos están destinados. Solo necesitan dejar de tener miedo.
Dy me apretó la mano bajo la mesa.
Yo sonreí.
Y pensé: Todo está empezando a encajar.
Editado: 25.01.2026