(Yin)
La cena había sido tranquila. Demasiado tranquila.
Jink y Dy estaban sentados juntos, riendo bajito, compartiendo miradas que parecían tener un idioma propio.
Y yo… yo intentaba concentrarme en mi plato.
Pero Seong estaba frente a mí. Y cada vez que levantaba la vista, él ya me estaba mirando.
No de forma intensa. No de forma obvia. De forma… suave.
Como si estuviera pensando algo que no sabía cómo decir.
Cuando terminamos de comer, Jink se levantó de golpe.
—Dy, ven. Tenemos que hablar de… cosas nuestras —dijo, moviendo las manos como si estuviera haciendo señales secretas.
Dy lo siguió sin preguntar. Los dos desaparecieron por el pasillo.
Y de repente… Seong y yo estábamos solos.
El silencio cayó sobre la mesa como una manta pesada.
Yo jugueteé con mi vaso.
Seong apoyó los codos en la mesa, entrelazando los dedos.
— ¿Estás cansado? —preguntó él, con voz baja.
— Un poco —mentí.
No estaba cansado. Estaba nervioso. Mucho.
Seong asintió, pero no apartó la mirada.
— Has estado raro todo el día —dijo.
Mi corazón dio un salto.
— ¿Raro cómo? —pregunté, intentando sonar casual.
— Raro como… tú —respondió él.
Me sonrojé. Mucho.
— Tú también —solté sin pensar.
Seong parpadeó. Una vez. Dos veces.
— ¿Yo? —preguntó.
— Sí —dije, bajando la mirada—. Estabas… diferente.
Silencio. Pero no incómodo.
Un silencio lleno de cosas que ninguno sabía cómo tocar.
— Yin —dijo él, suave—. ¿Pasa algo?
— No lo sé —susurré—. Creo que… estoy pensando demasiado.
Seong apoyó una mano en la mesa, cerca de la mía.
No me tocó. Pero estuvo cerca. Demasiado cerca.
— Yo también —admitió él.
Levanté la mirada. Nuestros ojos se encontraron. Y por un segundo… Solo un segundo... Sentí que el mundo se detenía.
(Seong)
Cuando Jink y Dy se fueron, supe que era a propósito.
Ellos siempre hacen eso. Nos dejan solos cuando creen que necesitamos hablar. Y tal vez… tenían razón.
Yin estaba frente a mí, moviendo el vaso entre las manos, con las mejillas rojas y los ojos brillantes.
Parecía nervioso. Parecía… vulnerable.
Y eso me hacía sentir algo que no sabía manejar.
— Has estado raro —le dije, porque no sabía por dónde empezar.
Él se sonrojó. Y dijo que yo también.
Y eso… eso me golpeó más fuerte de lo que esperaba.
— ¿Pasa algo? —pregunté.
Él bajó la mirada. Su voz salió suave, temblorosa.
— Creo que… estoy pensando demasiado.
Yo también.
Todo el día. Toda la noche. Desde que hablé con Dy.
— Yo también —admití.
Y entonces él me miró. Directo. Sin huir.
Y sentí ese tirón en el pecho otra vez. Ese que me asusta. Ese que no quiero perder.
— Yin —dije, sin saber cómo seguir—. Si… si necesitas hablar de algo… puedes hacerlo conmigo.
Él tragó saliva.
— ¿Y tú? —preguntó—. ¿Tú también puedes hablar conmigo?
Me quedé quieto. Muy quieto.
Porque sí.
Quería hablar. Quería decirle todo. Quería decirle que me confundía, que me calmaba, que me desordenaba.
Pero no podía. No todavía.
— Sí —respondí al fin—. Puedo.
Yin sonrió. Pequeño. Suave. Hermoso.
Y pensé: Estoy cayendo.
Y no sé si quiero detenerme.
(Dy)
Jink y yo estábamos en mi cuarto, sentados en el borde de la cama.
— ¿Crees que están hablando? —preguntó Jink, mordiéndose el labio.
— Creo que sí —respondí—. Y creo que necesitan hacerlo sin nosotros.
Jink suspiró.
— Quiero ayudarlos… pero no quiero meterme demasiado.
Lo abracé por la cintura.
— Entonces haremos lo que estamos haciendo ahora —dije—. Darles espacio. Y estar aquí cuando nos necesiten.
Jink apoyó la cabeza en mi hombro.
— Ojalá se den cuenta pronto —susurró.
Sonreí.
— Se darán cuenta. Solo necesitan tiempo. Como nosotros.
(Jink)
Me acurruqué más contra Dy.
— ¿Crees que… ellos también puedan llegar a estar juntos? —pregunté.
Dy me acarició el cabello.
— Creo que sí. Pero a su ritmo. No al nuestro.
Cerré los ojos, sonriendo.
— Entonces… esperaremos.
Dy me besó la frente.
— Sí. Esperaremos.
(Yin)
Escuchamos pasos en el pasillo.
Jink y Dy regresaban.
Me aparté un poco de la mesa, como si me hubieran atrapado haciendo algo que no debía.
Seong también se enderezó, demasiado rápido.
Jink entró primero, con esa sonrisa que siempre parece saber más de lo que dice.
— ¿Todo bien por aquí? —preguntó.
— Sí —respondí demasiado rápido.
— Todo bien —dijo Seong al mismo tiempo.
Nos miramos. Y apartamos la mirada al instante.
Dy entró detrás, tranquilo.
— ¿Seguís con hambre? —preguntó.
— No —dije.
— No —dijo Seong.
Otra vez al mismo tiempo.
Jink casi se ríe.
Dy levantó una ceja.
Yo quería desaparecer.
— Bueno —dijo Jink, sentándose—. ¿Nos sentamos todos otra vez?
Asentimos. Los dos. Al mismo tiempo.
Nos movimos al mismo tiempo. Demasiado sincronizados. Demasiado obvios.
Nos sentamos.
Los cuatro.
Como siempre.
Pero nada era como siempre.
(Seong)
Jink apoyó la cabeza en el hombro de Dy.
Dy le acarició el brazo.
Y yo… Yo miré a Yin.
Él también los miraba.
Con una mezcla de ternura y envidia suave.
Y cuando nuestros ojos se encontraron, los dos miramos hacia otro lado como si nos hubieran atrapado.
Y pensé: Si sigo así… voy a terminar diciendo algo que no sé si estoy listo para decir.
(Dy)
Desde mi lado de la mesa, veía a Seong y Yin.
Los dos rígidos. Los dos rojos. Los dos evitando mirarse… pero fallando.
— Están cerca —susurré a Jink.
Editado: 25.01.2026