(Seong)
La tarde había sido tranquila.
Demasiado tranquila.
Yin estaba raro, ayer más aún, o eso creo. Y claro, yo también. Pero ninguno decía nada.
Cuando llegamos al departamento después de clase, Dy se quedó en la cocina preparando algo.
Yin dijo que iba a su cuarto a dejar la mochila.
Yo… no sé por qué lo seguí.
No para hablar. No para decir nada. Solo… para estar cerca.
Pero cuando llegué al pasillo, escuché voces.
La puerta del cuarto de Jink y de Yin estaba entreabierta.
Y dentro estaban ambos.
Jink estaba sentado en la cama de Yin, riendo por algo que Yin había dicho.
Yin estaba de pie, con una mano en el pelo, sonriendo de esa forma suave que casi nunca muestra.
Y por un segundo… Solo un segundo… Parecían dos chicos cómodos, relajados, felices.
Y yo pensé: Ojalá pudiera hacerte sonreír así.
Pero antes de que pudiera moverme, alguien llamó a la puerta principal.
— ¿Hola? ¿Chicos? Soy vuestro tutor —dijo una voz masculina, firme y amable.
Jink saltó de la cama.
Yin se sobresaltó.
Yo me quedé congelado.
El tutor entró al pasillo y me vio primero.
Era mayor que nosotros. Más alto. Más seguro.
Con esa presencia tranquila que yo nunca he tenido.
— Ah, Seong. Perfecto. ¿Están todos? —preguntó con una sonrisa profesional.
— Sí —respondí, aunque mi voz sonó más tensa de lo que quería.
Yin salió del cuarto detrás de Jink.
Los dos estaban muy cerca. Pero no era eso lo que me afectó.
Era cómo el tutor miró a Yin.
No de forma inapropiada. No de forma rara. De forma… amable.
Como un adulto que sabe tratar con gente tímida. Como alguien seguro. Como alguien que no se rompe por dentro cada vez que siente algo.
Y Yin… Yin le devolvió la sonrisa. Pequeña. Educada. Suave.
Y ahí fue cuando me golpeó.
—Hola —dijo yin suavemente. Antes de que siguiera pensando. Cuando él habló, desde que salió intenté no mirarlo.
Pero claro... Su tutor es alguien que... Aunque sea alguien mayor, es alguien estable. Alguien que no tiembla cuando él lo mira.
Pensé: ¿Cómo va a fijarse en alguien como yo… si tiene delante a alguien como él?
(Yin)
Jink estaba contándome algo sobre Dy, algo tonto, algo gracioso, y yo estaba riéndome porque… bueno, porque Jink siempre me hace reír.
Pero entonces escuchamos la puerta.
— ¿Hola? ¿Chicos? Soy vuestro tutor.
Jink y yo nos sobresaltamos. Salimos al pasillo casi al mismo tiempo.
Y ahí estaba Seong.
Quieto. Serio. Con esa expresión que no sé leer.
Pero había algo distinto. Algo… apagado.
—Hola —dije, intentando sonreír.
Seong no me miró.
Miró al tutor. Miró a Jink. Miró al suelo.
Y yo sentí un nudo en el estómago.
¿Qué vio? ¿Qué pensó? ¿Por qué parece… molesto?
El tutor empezó a hablar sobre algunos cambios de horarios para algunos alumnos y que no nos perjudicaban, nuevas reuniones y normas nuevas del campus.
Yo asentía.
Jink asentía.
Seong no decía nada.
Pero yo lo miraba de reojo. Y cada vez que lo hacía, él apartaba la mirada.
Como si… Como si le doliera verme. Y no entendía por qué.
Cuando el tutor terminó, todos dijeron “gracias”. Seong no.
Solo se dio la vuelta y se fue a su cuarto sin mirar a nadie.
La puerta se cerró. Suave. Pero se sintió como un portazo.
Jink me miró.
— ¿Qué pasó? —preguntó.
Negué.
— No lo sé. Pero creo que… malinterpretó algo.
Jink abrió los ojos.
— ¿Crees que pensó que tú y yo…?
— No —respondí rápido—. No eso, a parte de que tú y Dy son pareja. Creo que… podria ser algo del tutor.
Jink frunció el ceño.
— ¿Del tutor?
Asentí.
— Sí. Creo que pensó que yo… no sé… que me gustó o algo así.
Jink se llevó la mano a la frente.
— Ay, Seong… qué bruto.
Yo bajé la mirada.
— No quiero que piense eso.
Jink me puso una mano en el hombro.
— Entonces tendrás que hablar con él. Pero… con calma. Sin correr.
Asentí.
Pero mi pecho estaba apretado.
Porque por primera vez pensé: No quiero que Seong se aleje de mí.
Editado: 25.01.2026