(Seong)
La clase estaba demasiado silenciosa.
O tal vez era yo el que estaba demasiado consciente de todo.
Yin estaba sentado a mi lado. Como siempre.
Pero hoy… su rodilla rozaba la mía cada vez que se movía.
Y cada vez que pasaba, mi corazón latía tan fuerte que me daba miedo que él lo escuchara.
Intenté concentrarme en la pizarra.
En el profesor.
En cualquier cosa.
Pero Yin se inclinó para escribir algo.
Su cabello cayó un poco hacia adelante.
Su perfume suave llegó hasta mí.
Y mi pecho hizo ese tirón otra vez. Pero un tirón más fuerte.
[> No. No puedo sentir esto. No sé manejarlo. <]
Me tensé.
Demasiado.
Yin lo notó.
— ¿Estás bien? —susurró.
— Sí —mentí.
Pero mi voz salió demasiado baja.
Demasiado tensa.
Yin frunció el ceño.
Como si quisiera tocarme el brazo. Como si quisiera acercarse.
Y eso me aterraba.
(Yin)
Seong estaba raro.
Otra vez.
Pero no distante como antes... Era distinto. Como si estuviera… asustado...
Cada vez que nuestras rodillas se rozaban, él se tensaba.
Cada vez que yo hablaba, él tragaba saliva.
Cada vez que yo respiraba, él parecía contener la suya.
Y yo no sabía si eso era bueno o malo.
— ¿Estás bien? —le pregunté de nuevo. No lo creía. No podía creerle.
— Sí —respondió, pero no sonó bien.
Quise tocarle la mano.
Solo un poco. Solo para que supiera que estaba ahí.
Pero no lo hice.
No quería asustarlo.
Entonces pasó.
Un chico detrás de nosotros tiró sin querer su botella de agua.
Rodó por el suelo y chocó contra la mochila de Seong.
Me incliné un poco para recogerla, pero antes de que pudiera tocarla…
La mano de Seong llegó primero.
Rápida. Firme. Protectora.
— Déjame a mí—dijo él, recogiendo la botella y poniéndola sobre la mesa del chico.
Cuando él se giró... Él logró hacer contacto visual por unos segundos.
Yo lo miré.
Sorprendido. Suave.
Y Seong… apartó la mirada como si hubiera hecho algo terrible.
Pero yo vi su mano temblar.
(Seong)
No pensé. Solo me moví.
La botella cayó. Rodó hacia mí más que hacía Yin, pero aún así, mi cuerpo se adelantó antes de que mi mente pudiera detenerlo.
La recogí. La puse en la mesa del chico de atrás.
Demasiado rápido. Demasiado brusco.
Yin me miró con esos ojos grandes, suaves, que siempre me desarman.
Y yo… Yo no pude sostenerle la mirada.
¿Por qué hice eso?
¿Por qué me importa tanto?
¿Por qué siento que si algo lo toca, tengo que protegerlo?
Mi corazón latía demasiado fuerte. Demasiado rápido.
Y eso me aterraba.
(Dy)
Mi clase con Jink estaba en otro edificio, pero mi móvil vibró.
Un mensaje de Seong.
> Mi corazón está raro.
Suspiré. Le respondí rápido.
> ¿Yin?
Pasaron diez segundos.
> Sí.
Jink, sentado a mi lado, me miró de reojo.
— ¿Qué pasa? —preguntó.
— Seong —respondí—. Está entrando en pánico otra vez.
Jink abrió los ojos como si hubiera visto un milagro.
— ¿Por Yin?
— Por Yin —confirmé.
Jink dejó caer la cabeza sobre mi hombro.
— Ay, mis niños traumados.
Reí bajito.
— Tengo que hablar con él después. Si no lo hago, va a explotar.
Jink sonrió.
— Y yo hablaré con Yin.
Equipo de apoyo emocional activado.
(Jink)
Miré mi móvil.
Yin me había escrito también.
> Creo que Seong se asustó.
Suspiré.
— Dy… tenemos trabajo —murmuré.
Dy sonrió, tranquilo como siempre.
— Sí. Pero despacio. Sin empujar demasiado.
Asentí.
— Lo sé. Pero… quiero que sean felices.
Dy me tomó la mano bajo la mesa.
— Lo serán. A su ritmo.
(Seong)
Cuando terminó la clase, salí rápido. Demasiado rápido.
No quería que Yin viera mi cara.
No quería que escuchara mi corazón.
Pero en el pasillo, mi móvil vibró.
Era Dy.
> Estoy fuera. Ven.
Lo encontré apoyado en la pared. Me miró una vez y ya sabía.
— ¿Qué pasó? —preguntó.
No respondí.
— Tu corazón —añadió—. ¿Está latiendo fuerte otra vez?
Me detuve.
Cerré los ojos.
— Sí —susurré—. Y me aterra.
Dy puso una mano en mi hombro.
— No es peligro —dijo—. Es solo… sentir.
Negué.
— No sé sentir sin romperme.
Dy sonrió con tristeza.
— Entonces aprende. Con él. Despacio.
(Yin)
Jink caminaba a mi lado cuando salimos del edificio.
— ¿Estás bien? —preguntó.
— No sé —respondí.
— ¿Por Seong?
Asentí.
— Está raro. Pero no como antes. Es como si… tuviera miedo.
Jink suspiró.
— Tiene miedo. Pero no de ti. De él mismo.
Me quedé quieto.
— ¿Y qué hago?
Jink sonrió.
— Lo mismo que hoy. Acércate un poco. Solo un poco. Y espera a que él dé el siguiente paso.
(Seong)
Mientras caminábamos hacia la salida, Yin se acercó a mí.
No mucho. Solo un poco.
Su brazo rozó el mío. Mi corazón volvió a latir fuerte.
— Gracias por recoger tu la botella, supongo —dijo.
— No fue nada —respondí.
Pero sí fue.
Y cuando Yin sonrió… Mi corazón volvió a latir fuerte.
Pero esta vez… No me asustó tanto.
Editado: 25.01.2026