(Jink)
La noche de pelis era sagrada.
Y yo, como siempre, llegué a la sala cargado de golosinas como un burro.
— ¡Snacks! —anuncié, entrando triunfal con una montaña de bolsas—. Palomitas, galletas, chuches, chocolate, y… no sé qué es esto, pero lo compré porque tenía buena pinta.
Dy rió desde el sofá, rodeado de cojines y mantas como si fuera un nido.
— ¿Qué peli vemos hoy? —preguntó, tirando de mi brazo para que me sentara a su lado.
Me dejé caer junto a él, y Dy se acurrucó contra mí sin pensarlo.
Yo lo abracé por la cintura, apoyando la cabeza en su hombro.
— Algo tranquilo —respondí—. Que no dé miedo, que no dé sueño, que no dé ansiedad…
— O sea, nada —dijo Dy, riéndose.
— Exacto.
(Seong)
Entré a la sala con las bebidas.
Cuatro vasos. Cuatro pajitas.
Todo perfecto.
Pero cuando vi a Yin sentado en el suelo, apoyado contra el sofá, con una manta sobre las piernas… mi corazón dio ese salto extraño otra vez.
Me senté a su lado.
No demasiado cerca. Pero tampoco lejos.
Lo suficiente para sentir su calor. Lo suficiente para que mi respiración se volviera consciente.
— Gracias —dijo él, tomando su vaso.
— De nada —respondí.
Nuestras miradas se cruzaron un segundo. Solo uno.
Pero fue suficiente para que los dos apartáramos la vista al mismo tiempo.
(Yin)
La peli empezó.
Una comedia suave, de esas que no exigen pensar demasiado.
Jink y Dy estaban abrazados en el sofá, compartiendo una manta, riéndose bajito entre ellos.
Seong estaba a mi lado.
Muy cerca. Demasiado cerca.
Cada vez que él se movía, su brazo rozaba el mío.
Cada vez que yo respiraba, sentía su calor.
Y cada tanto… sin querer… o queriendo... lo miraba de reojo.
Y él también.
Pero ninguno se atrevía a sostener la mirada.
Mi mano estaba apoyada en el suelo, sobre la manta.
Relajada. Tranquila.
Hasta que sentí algo encima.
La mano de Seong.
Suavemente.
Casi como si no se hubiera dado cuenta.
Como si hubiera caído ahí por accidente.
Pero no la quitó.
Y yo tampoco.
Mi corazón empezó a latir fuerte. Muy fuerte.
(Seong)
No sé por qué lo hice.
Su mano estaba ahí.
Quietita. Pequeña. Cálida.
Y la mía… simplemente cayó encima.
No la agarré.
No la apreté.
No la moví.
Solo la dejé ahí.
Como si fuera lo más natural del mundo.
Y Yin no la apartó.
No dijo nada.
No se tensó.
No se alejó.
Solo respiró un poco más hondo.
Y yo también.
(Dy)
La peli estaba llegando al final cuando el sueño empezó a ganarme.
Jink estaba apoyado en mi pecho, respirando suave, y yo le acariciaba el cabello sin pensar.
— Te estás durmiendo —susurró él.
— Tú también —respondí.
— Mm… —murmuró, cerrando los ojos.
Y nos quedamos dormidos así.
Juntos. Calentitos. Tranquilos.
(Jink)
No sé en qué momento me quedé dormido.
Solo sé que cuando abrí los ojos un segundo, vi algo que me derritió el corazón.
Seong y Yin.
Sentados en el suelo.
Muy cerca.
Sus manos… juntas.
No entrelazadas.
Pero juntas.
Y ninguno se movía.
Sonreí medio dormido.
— Que tiernos… —murmuré, antes de volver a quedarme dormido sobre Dy.
(Yin)
La peli terminó.
Los créditos empezaron a rodar.
Dy y Jink estaban dormidos en el sofá, abrazados como si fueran una sola persona.
Y Seong y yo… seguíamos ahí.
Con nuestras manos juntas.
Sin mirarnos directamente.
Pero sintiendo todo.
— Seong… —susurré.
— Mm.
— Tu mano…
— Lo sé —respondió él, sin apartarla.
Mi pecho se apretó.
— ¿Está bien… así? —pregunté, bajito.
Seong respiró hondo.
Muy hondo.
— Sí —dijo—. Está bien.
Y no la soltó.
(Seong)
No quería moverme. No quería romper ese momento.
No quería que Yin pensara que había sido un accidente.
Porque no lo fue. No del todo.
— Yin… —murmuré.
— ¿Sí?
— Gracias por… quedarte conmigo anoche.
Él sonrió. Suave. Hermoso.
— Siempre —respondió.
Y mi corazón volvió a latir fuerte.
Editado: 25.01.2026