(Seong)
La pulsera azul estaba en mi muñeca.
Y cada vez que la miraba, sentía algo extraño en el pecho.
Algo cálido. Algo que no sabía manejar.
Esta pulsera me recordará a ti.
No planeo quitármela.
No dije esas palabras en voz alta.
Pero estaban ahí.
Claras. Firmes.
Yin caminaba a mi lado, mirando los puestos del campus con esa curiosidad tranquila que siempre tiene.
Cada tanto, su brazo rozaba el mío. Cada tanto, nuestras manos se acercaban demasiado. Y cada tanto… yo respiraba un poco más hondo.
(Yin)
La fiesta del campus era perfecta.
Luces colgantes.
Música suave.
Puestos de comida.
Juegos.
Gente riendo.
Y Seong a mi lado.
No pegado. Pero cerca.
Lo suficiente para sentir su presencia. Lo suficiente para que mi corazón hiciera ese tirón extraño cada vez que lo miraba.
Vi un puesto de juegos.
Un clásico: “Acierta el aro y gana un premio.”
— ¿Jugamos? —pregunté, mirándolo con una sonrisa.
Seong se tensó un poco, como siempre que algo lo saca de su zona segura.
— ¿Yo? —preguntó.
— Sí —respondí—. Contigo.
Sus orejas se pusieron rojas.
— Está bien —dijo.
(Dy)
Jink y yo los observábamos desde unos metros atrás.
— Mirá cómo se ponen —susurró Jink, agarrado de mi brazo.
— Están nerviosos —respondí.
— Pero juntos —añadió él.
Asentí.
(Jink)
Yin estaba emocionado.
Seong estaba nervioso.
Y yo estaba disfrutando cada segundo.
— ¿Apuestas a que Seong falla el primer tiro? —pregunté.
— No apuesto contra él —respondió Dy—. Pero sí apuesto a que Yin lo anima igual.
Reí.
— Eso seguro.
(Yin)
El juego era simple: Tres aros. Tres intentos.
— Tú primero —dije.
Seong tomó un aro.
Su mano temblaba un poco. No mucho. Pero yo lo noté.
— No tienes que hacerlo perfecto —susurré.
Él me miró. Solo un segundo.
Pero suficiente para que mi pecho se apretara.
— Lo sé —respondió.
Lanzó.
El aro cayó a un lado.
— Casi —dije, sonriendo.
Seong frunció el ceño, pero no molesto. Más… concentrado.
Tomó el segundo aro.
Respiró hondo.
Lanzó.
Esta vez entró.
— ¡Bien! —dije, tocándole el brazo sin pensar.
Seong se quedó quieto. Muy quieto.
Como si ese toque hubiera sido demasiado.
— Gracias —murmuró.
(Seong)
El toque de Yin en mi brazo fue como un rayo.
Su mano era cálida.
Su sonrisa suave.
Su voz tranquila.
Y yo… yo me derretí un poco por dentro.
Tomé el tercer aro.
Yin estaba a mi lado.
Muy cerca. Demasiado cerca.
— Puedes hacerlo —susurró.
Y sin pensarlo, dije:
— Si tú lo dices… te creo.
Yin abrió los ojos un poco más.
Sorprendido.
Sonrojado.
Yo también me sorprendí.
¿Por qué dije eso?
¿Por qué salió tan fácil?
Lancé.
Entró.
Yin sonrió.
Hermoso.
Brillante.
— ¡Ganaste! —dijo.
El encargado del puesto nos dio un premio: un llavero pequeño con forma de estrella.
Yin lo tomó.
Me lo dio.
— Para ti —dijo.
— ¿Por qué? —pregunté.
— Porque… lo ganaste tú —respondió, bajando la mirada.
Pero yo sabía que no era por eso.
Y él también.
(Yin)
Seguimos caminando.
Seong guardó el llavero en su bolsillo, como si fuera algo importante.
Yo miré su muñeca.
La pulsera azul. La que yo le había dado.
— Te queda bien —dije.
Seong bajó la mirada hacia ella.
La tocó con los dedos. Suavemente.
— No pienso quitármela —murmuró.
Mi corazón se detuvo.
— ¿Qué? —pregunté, sorprendido.
Seong se tensó.
— Nada —dijo rápido—. Solo… me gusta.
Pero yo había escuchado. Y él sabía que yo había escuchado.
Y los dos nos pusimos rojos.
(Dy)
Jink me apretó la mano.
— ¿Escuchaste eso? —susurró.
— Sí —respondí.
Yo sonreí.
— Juro que están a nada de todo, pero tiene que llegar lentamente.
(Jink)
La fiesta seguía.
Luces.
Risas.
Música.
Y Seong y Yin caminando juntos.
Cada vez más cerca. Cada vez más conectados.
Y pensé: Esto recién empieza.
Editado: 25.01.2026