Cuando el Hielo conoció a la Miel.

CAPÍTULO 42. Lo que no pasó… pero sigue respirando entre ellos. (Seong, Yin).

(Seong)
El departamento estaba en silencio, pero mi cabeza no.

Me quedé sentado en la cama, con el pie vendado y la mente dando vueltas como si no pudiera frenar.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver lo mismo:

Yin inclinándose hacia mí.
Su mano rozándome la mejilla.
Su respiración temblando.
Ese instante suspendido donde el mundo pareció detenerse.

Me pasé una mano por el cabello, frustrado.

El pensamiento del casi beso me encendió el pecho de una forma que no sabía manejar.

Miré la pulsera azul en mi muñeca.
La toqué con los dedos, despacio.

No sé qué me está pasando, pero no quiero que pare.

Suspiré y apoyé la cabeza en la pared.

Yin… ¿qué estás haciendo conmigo?

(Yin)
La cocina estaba demasiado tranquila para lo que sentía por dentro.

Me apoyé en la encimera, respirando hondo, intentando ordenar mis pensamientos.
No funcionaba.

Cada vez que recordaba cómo había acercado mi cara a la suya, el estómago se me encogía.
No de miedo.
De algo más profundo. Más inquietante. Más… inevitable.

De verdad estuve a un suspiro de besarlo...

Me llevé una mano a la nuca, nervioso.

Lo peor era que no había sido un impulso vacío.
Había sido… natural. Como si mi cuerpo hubiera decidido por mí.

Y él no se apartó. No retrocedió. No me miró confundido.

Me miró como si estuviera esperando algo.

Ese pensamiento me dejó sin aire.

(Seong)
Me levanté un poco, acomodando el pie.
Dolía, pero no tanto como la confusión que tenía encima.

Escuché pasos en el pasillo.
Y supe que era él.

Mi pecho reaccionó antes que mi cabeza.

La puerta se abrió apenas.

— ¿Puedo pasar? —preguntó Yin, con esa voz suave que siempre me desarma.

Asentí.

Él entró despacio, como si temiera romper algo invisible entre nosotros.

Se sentó al borde de la cama, dejando un espacio prudente… pero no tanto como para que yo pudiera ignorar su presencia.

— ¿Cómo va el pie? —preguntó.

— Molesta un poco —respondí.

— ¿Quieres que lo revise otra vez?

Negué.

— No. Ya hiciste demasiado.

Yin bajó la mirada, como si no supiera qué hacer con mis palabras.

El silencio se instaló entre nosotros.
No pesado. Pero sí cargado de algo que ninguno sabía nombrar.

— Seong… —murmuró.

— ¿Mm?

— Lo de antes… —tragó saliva—. No quiero que pienses que intenté… no sé… cruzar un límite.

Mi corazón dio un vuelco.

— No lo pensé —dije.

Yin levantó la vista.
Sus ojos tenían un brillo distinto, como si buscara algo en los míos.

— ¿Entonces… estás bien con eso?

Me quedé quieto. Muy quieto.

— No me molestó —respondí, con la voz más baja de lo que pretendía.

Yin exhaló, como si hubiera estado conteniendo el aire desde hacía horas.

(Yin)
Quise decir algo más.
Algo que explicara lo que sentía.
Pero las palabras no salían.

En vez de eso, me acerqué apenas.
Un movimiento mínimo. Casi imperceptible.

Pero suficiente para que él lo notara.

— No quiero que te sientas presionado —dije.

— No lo estoy —respondió él, sin apartar la mirada.

Ese simple gesto me desarmó.

— Solo… —continué—. No quiero que pienses que espero algo de tí.

Seong bajó la mirada hacia su pulsera.
La tocó con los dedos, como si necesitara aferrarse a algo.

— No pienso eso —susurró.

— ¿Entonces?

Seong respiró hondo.

— Estoy confundido —admitió—. Pero no por tí.

Mi pecho se apretó.

— Podemos ir despacio —dije.

Él asintió.

— Sí. Despacio está bien.

(Seong)
Yin sonrió.
No una sonrisa tímida ni nerviosa. Una sonrisa tranquila, de esas que te aflojan el pecho sin pedir permiso.

Y pensé: Si esto es ir despacio, no me importa cuánto tarde.

(Yin)
Nos quedamos así.
Sentados uno al lado del otro.
Sin tocarnos.
Pero con la sensación de que algo había cambiado.

Algo pequeño.
Pero real.
Algo que ya no podíamos ignorar.

Y por primera vez desde el casi beso… no sentí miedo.

Sentí calma.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.