(Seong)
Yin estaba frente a mí.
A un paso. Un paso que parecía un abismo y, al mismo tiempo, nada.
— Entonces deja de callarlo —dije.
No sabía de dónde había salido esa valentía.
Quizá del cansancio de sentir tanto y no decir nada.
Quizá del miedo a perder lo que ni siquiera había empezado.
Yin tragó saliva.
Sus ojos se movieron entre los míos, como si buscara permiso.
— Seong… —susurró—. No sé por dónde empezar.
— Por la verdad —respondí.
Yin respiró hondo.
Muy hondo.
Como si fuera a saltar desde un lugar alto.
(Yin)
— La verdad es que… —mi voz tembló— llevo semanas intentando aclararme, no sé porque pero no quiero no sentir esto.
Seong no se movió.
No retrocedió.
Solo me miró, atento, como si cada palabra fuera importante.
— ¿Esto? —preguntó.
— Esto —repetí—. Lo que me pasa cuando estás cerca. Cuando me miras. Cuando sonríes. Cuando te duele algo y no me dejas ayudarte. Cuando casi…
Me detuve.
El recuerdo me golpeó.
Seong bajó la mirada un segundo.
Solo uno.
Pero suficiente para que yo supiera que él también lo recordaba.
— Cuando casi te beso —terminé.
El silencio cayó entre nosotros como un peso suave, inevitable.
(Seong)
Mi pecho se apretó.
— Yo también lo recuerdo —dije.
Yin levantó la mirada, sorprendido.
— ¿De verdad?
Asentí.
— No fue solo cosa tuya. Yo también… —me costó decirlo— me acerqué.
Yin abrió los ojos un poco más.
Como si no esperara que yo lo admitiera.
— Y si no hubieran entrado… —continué— no sé qué habría pasado.
— Yo sí —susurró él.
Mi respiración se volvió torpe.
— ¿Qué?
— Habría pasado —dijo Yin, sin apartar la mirada—. Te habría besado.
Sentí un calor repentino subir por mi pecho.
No miedo. No vergüenza. Otra cosa.
Algo que llevaba tiempo queriendo salir.
(Dy)
Jink y yo estábamos paralizados. No podíamos quitar la vista de la escena.
— Dy… —susurró Jink—. Están confesando.
— Lo sé —respondí, agarrándolo del brazo.
— No podemos interrumpir.
— Ni respirar muy fuerte.
Nos quedamos pegados a la pared, escuchando cada palabra como si fuera la final de un drama que llevábamos meses viendo.
Jink tenía los ojos brillantes.
Yo también.
(Yin)
— Seong… —di un paso hacia él—. No puedo seguir fingiendo que no siento nada. No puedo seguir esperando a que pase algo por accidente. No puedo seguir callándome.
Seong me miró como si mis palabras lo estuvieran desarmando.
— ¿Y qué sientes? —preguntó.
Mi corazón latía tan fuerte que pensé que él podía escucharlo.
— Siento… —me acerqué un poco más— que me importas más de lo que debería. Que me gustas más de lo que sé manejar. Que cada vez que estás cerca, me cuesta respirar. Que cada vez que te alejas, te echo de menos. Que cada vez que casi te beso… —mi voz se quebró— me arrepiento de no haberlo hecho.
Seong inhaló bruscamente.
Como si mis palabras le hubieran golpeado el pecho.
(Seong)
No sabía que podía sentir tanto tan rápido.
Pero ahí estaba.
Todo.
Desbordándose.
— Yin… —mi voz salió más suave de lo que pretendía—. Yo también siento cosas.
Yin parpadeó, sorprendido.
— ¿Qué cosas?
Me acerqué un paso.
Ahora estábamos a una distancia peligrosa. Una distancia que ya conocíamos demasiado bien.
— Cuando estás cerca… —dije— me pongo nervioso. Cuando te vas, te busco. Cuando sonríes, me duele el pecho. Cuando me tocaste la cara… —mi voz tembló— pensé que iba a desmayarme. Y cuando casi me besaste...
— Seong… —susurró él.
— …me quedé esperando que lo hicieras.
Yin dejó escapar un suspiro que parecía llevar días atrapado.
(Jink)
Me tapé la boca con las dos manos.
— Dy… —susurré—. Se van a besar.
— No digas nada —respondió él—. No te muevas. No respires.
(Yin)
— Seong… —mi voz era apenas un hilo—. ¿Quieres que pase?
Él no respondió con palabras.
Dio un paso. Solo uno.
Pero ese paso lo dijo todo.
Su mano rozó la mía.
Un toque mínimo. Pero suficiente para que mi corazón se desbordara.
— Sí —susurró—. Quiero que pase.
Y entonces… dejé de pensar.
(Seong)
Yin levantó una mano.
Despacio.
Como si temiera romperme.
Sus dedos rozaron mi mejilla.
Un toque suave. Cálido. Increíblemente delicado.
Me incliné hacia él sin darme cuenta.
Yin hizo lo mismo.
El mundo se redujo a ese punto exacto donde nuestras respiraciones se mezclaron.
— Seong… —susurró.
— Yin…
Y por fin…
Por fin…
Nuestros labios se encontraron.
No fue un beso torpe. Ni rápido. Ni inseguro.
Fue un beso contenido durante semanas.
Un beso que sabía a alivio. A miedo vencido. A algo que recién empezaba.
Yin apoyó una mano en mi nuca.
Yo lo agarré por la cintura.
Y el beso se volvió más profundo. Más real. Más nuestro.
(Dy)
Jink se derrumbó contra mí.
— Dy… —susurró, llorando de emoción—. ¡Se besaron!
— Lo sé —respondí, abrazándolo—. Por fin.
(Yin)
Cuando nos separamos, nuestras frentes quedaron juntas.
Respirando el mismo aire. Temblando igual.
— No quiero que esto se acabe —dije.
— No se va a acabar —respondió Seong—. No esta vez.
Y supe que era verdad.
(Seong)
Por primera vez en mucho tiempo… no sentí miedo.
Sentí hogar.
Editado: 25.01.2026