Cuando el Hielo conoció a la Miel.

CAPÍTULO 48. Preguntas que acercan. (Jink, Seong, Yin, Dy).

(Jink)
— ¡Noche de juegos! —anuncié levantando los brazos como si fuera un ritual sagrado.

Dy dejó el bol de palomitas en la mesa.

— No grites, que vas a asustar a los nuevos tortolitos.

Yin y Seong, sentados juntos en el sofá, se pusieron rojos al mismo tiempo.

— No somos tortolitos —murmuró Seong.

— Claro —respondí—. Y yo soy un cactus.

Dy me dio un codazo.

— Venga, siéntate y deja de molestar.

Me senté entre Dy y la mesa, emocionado.

— He preparado algo especial —dije, sacando un cuenco lleno de papelitos doblados.

Yin frunció el ceño.

— ¿Qué es eso?

— Preguntas —respondí con orgullo—. Para conocernos mejor. Para parejas. Para sacar verdades. Para ver quién se sonroja primero.

Seong tragó saliva.

— ¿Qué tipo de preguntas?

— De todo —dije—. Gustos, miedos, primeras impresiones, cosas profundas… y alguna picante, pero Dy me obligó a quitar la mitad.

Dy levantó la mano.

— No quería que Yin se desmayara.

Yin se hundió en el sofá.

— Gracias, supongo.

(Seong)
La idea me daba un poco de vergüenza, pero… también me gustaba.
Era nuevo. Era íntimo.
Y Yin estaba a mi lado, con la rodilla rozando la mía.

Jink agitó el cuenco.

— Empieza Seong.

— ¿Por qué yo?

— Porque eres el más reciente en admitir cosas —respondió Jink.

Yin se atragantó con el agua.

— ¡Jink!

— ¿Qué? Es verdad.

Suspiré y tomé un papel.

Lo abrí.

—¿Qué es lo primero que te llamó la atención de tu pareja?

Me quedé congelado.

Yin también.

Jink sonrió como un demonio adorable.

— Venga, Seong… responde.

Respiré hondo.

— Lo primero que me llamó la atención de Yin fue… —dije antes de mirar a Yin— su forma de mirar.

Yin parpadeó.

— ¿Mi… forma de mirar?

— Sí —dije—. Siempre parece que estás escuchando de verdad.
Que te importa lo que dicen los demás.
Y… no sé. Me hizo sentir visto.

Yin se quedó sin palabras. Literalmente.

Dy murmuró:

— Punto para Seong.

(Yin)
Mi corazón estaba haciendo cosas raras.
No sabía dónde mirar. No sabía qué hacer con las manos.

— Me toca —dijo Jink, metiendo la mano en el cuenco.

Sacó un papel.

— ¿Qué es lo que más te gusta de tu pareja? —dijo leyendo el papel sosteniéndolo cuidadosamente— ¡Uy, qué casualidad!

Dy se rió.

— Venga, responde.

Jink se giró hacia él.

— Lo que más me gusta de tí, Dy es… —lo miró con una ternura que me dio envidia— que siempre sabes cuándo necesito que me abracen y cuándo necesito que me callen.

Dy sonrió, suave.

— Eso es porque te conozco demasiado.

— Y porque me quieres —añadió Jink.

— También.

Se besaron rápido.

Seong y yo miramos hacia otro lado, incómodos pero felices por ellos.

(Dy)
— Ahora tú, Yin —dije.

Yin tragó saliva como si fuera a enfrentarse a un examen final.

Sacó un papel.

Lo leyó.

Se puso rojo.

— ¿Qué dice? —preguntó Seong.

— Nada —respondió Yin, intentando doblarlo.

— ¡Enséñalo! —dijo Jink, arrebatándoselo.

Leyó en voz alta:

— ¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba tu pareja?

Seong se quedó quieto.
Yin también.

Yo me acomodé para disfrutar del espectáculo.

— Yin… —dijo Seong, suave—. Puedes decirlo.

Yin respiró hondo.

— Fue… —miró al suelo— el día que te torciste el pie.

Seong abrió los ojos.

— ¿Ese día?

— Sí —respondió Yin—. Cuando te quejabas pero intentabas hacerte el fuerte. Cuando no querías que te ayudara pero aun así me dejaste quedarme contigo. Cuando… —su voz bajó— te toqué la mejilla para quitarte una pestaña. Aunque seguramente me gustabas desde mucho más antes...

Seong se puso rojo.

— Ah…

Jink suspiró dramáticamente.

— Ay, qué bonito.

(Dy)
— Ahora me toca a mí —dije, tomando un papel del cuenco.

Lo abrí con calma.

—¿Qué te dio más miedo al empezar esta relación?

Miré a Jink, que ya estaba sonriendo como si supiera la respuesta.

— Lo que más miedo me dio fue no estar a la altura de lo que él merece —dije, sin apartar la mirada de él—. Jink siente mucho, muy rápido, muy fuerte. Y yo… soy más lento. Temía que eso le hiciera daño.

Jink abrió los ojos, sorprendido.

— Dy…

— Pero —continué— me di cuenta de que no tengo que ir a su ritmo. Solo tengo que ir con él. Y eso sí puedo hacerlo.

Jink se lanzó a abrazarme sin pensarlo.

— Te odio por hacerme llorar —murmuró contra mi pecho.

— No, no me odias —respondí, acariciándole el pelo—. Me quieres así.

(Seong)
Mi pecho estaba a punto de explotar.

— Me toca —dije, para cambiar de tema antes de derretirme.

Saqué un papel.

—¿Cuál es tu mayor miedo en una relación?

Me quedé en silencio.

Yin me miró, atento.

— Mi mayor miedo es… —respiré hondo— no ser suficiente.
No saber cómo hacer las cosas bien. No saber querer como debería.

Yin negó con la cabeza.

— Seong… tú ya haces más de lo que crees.

— ¿Sí?

— Sí —respondió él—. Y no tienes que saberlo todo. Solo estar. Y tú estás.

No supe qué decir.

(Yin)
Saqué otro papel.

— ¿Qué te hace sentir seguro con tu pareja?

Miré a Seong.

— Tú —dije.

Seong parpadeó.

— ¿Yo?

— Sí —respondí—. Me haces sentir seguro cuando me miras como si no te diera miedo lo que soy. Cuando no te alejas. Cuando… —mi voz bajó— me dejas acercarme.

Seong tragó saliva.

— Yin…

Jink se abrazó a un cojín.

— Me voy a desmayar de amor.

Dy le dio una palmadita.

— Respira.

(Jink)

Saqué un papelito y lo abrí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.