Cuando el Hielo conoció a la Miel.

Extra 4. El zoo, los nervios y el sí. (Seong, Yin).

(Seong)
Estaba temblando.

— Yin no sospecha nada —dijo Jink.

— Eso es lo peor —respondí—. ¡No sospecha nada! ¡Y yo estoy a punto de vomitar!

Dy me dio una palmada en la espalda.

— Respira.

— ¡NO PUEDO!

— Seong —dijo Yin, acercándose—. ¿Estás bien?

— ¿YO? ¿BIEN? ¿POR QUÉ NO ESTARÍA BIEN? ¡ME ENCANTA EL ZOO! ¡LOS ANIMALES! ¡LA VIDA! ¡TODO!

Yin me miró raro.

— Estás actuando extraño.

— No estoy actuando extraño. Tú estás actuando extraño. El mundo está actuando extraño.

Yin suspiró.

— Vamos a ver a los pingüinos.

(Yin)
Seong estaba raro.
Muy raro.
Sudaba.
Tartamudeaba.
Miraba a todos lados.

— ¿Seguro que estás bien? —pregunté.

— Sí... Sí. No...

— Seong…

— Yin —dijo de golpe—. Te amo.

Me quedé congelado.

— Yo también te amo —respondí.

Seong tragó saliva.

— Entonces… —se arrodilló— ¿quieres casarte conmigo?

Me quedé sin aire.

— ¿Qué?

— ¿Quieres… casarte conmigo? Sé que no soy perfecto. Me pongo nervioso. Me trabo. Pero te amo. Mucho. Muchísimo. Y quiero una vida contigo.

Sentí los ojos llenarse de lágrimas.

— Sí —susurré—. Sí quiero.

Seong se quedó congelado.

— ¿Sí?

— Sí.

Lo abracé tan fuerte que casi lo tiro.

Los pingüinos aplaudieron.

Bueno… parecían aplaudir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.