Cuando el hierro florece

Yo, las flores y los malos presentimientos

Mi nombre es Valeria Flores.

Sí.

Flores.

Créanme cuando digo que he escuchado todos los chistes posibles al respecto.

Tengo veinticuatro años.

Soy investigadora botánica.

Y estoy bastante segura de que mi vida era completamente normal hasta hace unos minutos.

O al menos eso creía.

Siempre me gustaron las plantas.

No recuerdo un momento exacto en que comenzara.

Simplemente ocurrió.

Mientras otros niños coleccionaban juguetes o cromos, yo coleccionaba semillas.

Mientras mis compañeras soñaban con convertirse en cantantes o actrices, yo soñaba con descubrir una especie nueva.

No era precisamente la persona más emocionante del mundo.

Pero era feliz.

Mi color favorito siempre fue el verde.

No por creatividad.

Simplemente estaba rodeada de él todos los días.

Mi comida favorita eran las empanadas de queso recién hechas.

Mi flor favorita era el lirio blanco.

Y mi mayor talento consistía en recordar nombres científicos imposibles que nadie más quería memorizar.

Una vida sencilla.

Tranquila.

Predecible.

Exactamente como me gustaba.

Bueno.

Casi.

Porque tenía un pequeño problema.

Siempre tenía malos presentimientos.

Y normalmente terminaban siendo correctos.

No era algo sobrenatural.

Ni una habilidad especial.

Simplemente una intuición muy molesta.

La clase de intuición que hace que entres en una habitación y pienses:

"Algo va a salir mal."

Y luego efectivamente sale mal.

Por eso, cuando vi aquella flor negra en medio de la selva, sentí que cada alarma de mi cerebro comenzaba a sonar al mismo tiempo.

Y aun así la toqué.

Lo sé.

Fue una estupidez.

No necesito que me lo recuerden.

Yo misma me lo he repetido miles de veces.

Porque en el momento en que mis dedos rozaron aquel pétalo...

Todo desapareció.

La luz.

Los árboles.

Mis compañeras.

El suelo bajo mis pies.

Todo.

Fue como caer dentro de un océano de oscuridad.

No podía moverme.

No podía respirar.

No podía sentir mi cuerpo.

Solo existía la negrura.

Infinita.

Silenciosa.

Vacía.

Intenté gritar.

Nadie respondió.

Intenté abrir los ojos.

Ya estaban abiertos.

No había diferencia.

El miedo comenzó a instalarse lentamente en mi pecho.

Un miedo frío.

Primitivo.

El tipo de miedo que aparece cuando comprendes que algo está profundamente mal.

Entonces escuché una voz.

Lejana.

Antigua.

Tan antigua que parecía provenir de los cimientos mismos del universo.

No entendí las palabras.

Pero comprendí el mensaje.

La voz me estaba llamando.

Invitándome a avanzar.

Y por alguna razón que todavía no puedo explicar...

Lo hice.

Di un paso hacia la oscuridad.

Luego otro.

Y otro más.

Hasta que una pequeña luz apareció a lo lejos.

Una luz violeta.

Suave.

Pulsante.

Como el latido de un corazón.

La misma luz que brillaba en el centro de la flor negra.

Y cuando extendí la mano para tocarla...

El mundo volvió a explotar a mi alrededor.

---

Fin del Capítulo 2



#1205 en Fantasía
#4997 en Novela romántica

En el texto hay: leyenda, magia, plantas

Editado: 02.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.