Einar seguía sentado en la cafetería, mirando la espuma de su café como si allí pudiera encontrar respuestas. Sus pensamientos eran un nudo de preguntas: el baño del día anterior, el chico del pasillo, y ahora Valentín, hospitalizado, con esa mirada extraña que había visto… Todo parecía conectarse, pero no de manera clara. Cada recuerdo lo hacía sentir más atrapado en algo que no entendía.
Sasha estaba a su lado, hojeando una libreta de dibujo mientras mordía distraídamente un bollo. No decía nada sobre lo que Einar le había contado del baño; no podía. Era extraño incluso para ella. Pero sabía que él necesitaba compañía, así que se limitaba a estar ahí, tranquila, con su presencia silenciosa y constante.
—Einar… —dijo al fin, con un tono casual—. ¿Qué tal si dejamos de pensar tanto en esto y vamos a dar una vuelta? El parque no está lejos, y podríamos comer algo mientras caminamos… Nada de drama, solo… caminar.
Einar suspiró, incapaz de hablar. Sasha lo miró con paciencia. No necesitaba palabras; solo sabía que él necesitaba un respiro.
—Vamos, ¿sí? —insistió ella, cerrando su libreta—. Si quieres, podemos simplemente caminar, ver la ciudad… respirar un poco.
Finalmente, Einar asintió, dejando que Sasha lo guiara hacia la salida. La cafetería se quedaba atrás con su ruido y su olor a pan recién horneado, y el aire fresco del parque les dio una sensación inesperada de alivio. No solucionaba nada, pero al menos le daba un momento para pensar sin que todo se mezclara en su cabeza.
Cuando doblaron la esquina del parque, un chico se acercó de manera un tanto abrupta. No lo conocían bien; llevaba una mochila cargada de cuadernos y hojas arrugadas. Sin pedir permiso, se sentó frente a ellos, apoyando los brazos sobre la mesa de picnic que habían encontrado.
—Hola —dijo con voz firme, pero con un dejo de torpeza—. Escuché lo de Valentín. ¿Saben algo más? Cualquier cosa que puedan decirme podría ayudar.
Einar frunció el ceño, incómodo. No conocía al chico, y ya había aprendido que abrirse demasiado podía traer problemas. Sasha, por su parte, le dedicó una sonrisa ligera al recién llegado.
—Eh… bueno, no sabemos mucho —dijo con cuidado—. Solo que… sí, es una lástima que le haya pasado.
—Puedo investigar por mi cuenta —continuó el chico, sin darse por vencido—. Pero cualquier dato extra ayuda. Por eso estoy preguntando a todos los que estuvieron cerca de lo que ocurrió.
Einar mantuvo la guardia alta. No podía contarle nada de lo que había experimentado; nadie más podía saberlo. Pero observando al chico, algo en él le pareció… genuino. Era intenso, sí, pero no amenazante. Como un detective novato que todavía no sabe moverse del todo, torpe, pero decidido.
Mientras hablaban, Einar notó un movimiento extraño en el borde de su visión. Las sombras que se proyectaban en la vitrina de información del parque, parecían estirarse un poco más de lo normal, como si tuvieran vida propia. Una de ellas se deslizó detrás de un arbusto, y Einar sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Einar… ¿estás bien? —preguntó Sasha, percibiendo la tensión en su postura—. Respira, vamos a calmarnos un poco. Nada de prisas, solo estamos aquí… y yo estoy contigo.
Él asintió, tratando de tranquilizarse, aunque su mirada no dejaba de seguir las sombras. Había algo en ellas que le resultaba inquietante, algo que no podía ignorar. Sasha tomó su mano con suavidad, un gesto simple pero efectivo para recordarle que no estaba solo.
El chico, que se presentó como Lucas, sacó un pequeño cuaderno de su mochila y les mostró unas notas arrugadas.
—Encontré esto —dijo—. No sé si tiene relación exacta, pero creo que puede ayudar a entender qué pasó con Valentín.
Sasha levantó una ceja, curiosa, mientras Einar miraba a Lucas con desconfianza mezclada con una chispa de esperanza. No confiaba completamente en él, pero algo le decía que este nuevo aliado podía ser útil.
—Entonces… —empezó Lucas, con esa mezcla de determinación y torpeza que lo hacía más humano que amenazante—. Yo… quiero ayudarlos. Voy a ser su compañero en esto.
Sasha y Einar se miraron por un instante. El momento era extraño, inesperado, pero no parecía peligroso. La propuesta era absurda, casi graciosa, pero también tenía sentido.
Finalmente, Einar suspiró y asintió ligeramente. Sasha sonrió, aliviada. Lucas había sido aceptado, al menos por ahora, como parte del pequeño equipo que empezaba a formarse.
Las sombras en el parque seguían moviéndose sutilmente, y Einar no podía evitar mirarlas de reojo. Algo estaba cambiando, algo que apenas comenzaba a entender. Pero al menos, por primera vez en días, no estaba solo