Cuando el mundo siguió igual

Capitulo 5 (Nuevo Aliado)

Me apoyé en la mesa del club de arte, tratando de concentrarme en el lienzo frente a mí, aunque mi mente no dejaba de divagar. Sasha estaba enfrente, absorta en su trabajo, pincel tras pincel, completamente en su mundo. Siempre tan concentrada, siempre tan creativa… y yo, a su lado, sintiéndome torpe con mis propias líneas. Ni siquiera había logrado que lo que estaba pintaba se pareciera a algo reconocible.
Entonces, mientras mezclaba los colores, vi a Lucas entrar al salón. Ya lo conocía, claro, así que no hubo sorpresa en el hecho de que se acercara a nuestra mesa. Sin embargo, yo mantuve cierta distancia; todavía me costaba confiar del todo en que entendería lo que estaba pasando. Sasha le sonrió con cordialidad, como hacía siempre, y yo simplemente asentí levemente.
—¿Qué tal? —dijo Lucas con su usual torpeza.
—Hola —respondí, sin levantar demasiado la voz.
Se sentó frente a mí, un poco más cerca de lo que hubiera esperado, pero no podía negarle que su curiosidad parecía sincera. Comenzó a observar la sala, haciendo pequeños comentarios sobre detalles que parecían triviales, pero que de alguna manera me hicieron pensar que realmente estaba prestando atención a lo que yo veía.
Entonces fue cuando su mirada se dirigió hacia el techo, hacia una esquina alta donde la luz de la ventana resaltaba algo irregular.
—Mira eso —dijo, señalando con el dedo—. Esa mancha en la pared alta… no es pintura normal. Está… diferente.
Seguí su mirada y allí estaba. Una mancha oscura, irregular, que absorbía la luz en lugar de reflejarla. Mi corazón dio un pequeño salto. No era normal, no aquí, no de esa manera.
—Sí… es extraña —dije, tratando de mantener la calma.
Lucas asintió, con un brillo de emoción en los ojos. Era como si hubiera encontrado una primera pista en un misterio que yo no podía enfrentar solo.
Pasaron unos minutos en los que Lucas continuó haciendo observaciones y anotando detalles, mientras yo intentaba concentrarme en mi dibujo. Finalmente, me di cuenta de que era el momento de confiarle algo que hasta ahora solo había compartido con Sasha, y que ella no había tomado muy en serio.
—Lucas… nunca le había contado esto a nadie fuera de mí mismo —empecé, con voz baja—. Bueno… se lo conté a Sasha, pero no me creyó del todo.
Lucas me miró con atención, curioso pero paciente.
—¿Qué es? Dímelo. No importa lo raro que suene.
Respiré hondo y le conté todo: lo que había pasado en el baño, las líneas casi imperceptibles y el sonido extraño que nadie más parecía escuchar. Sus ojos se agrandaron ligeramente, y luego me estudió con seriedad.
—…Wow —dijo finalmente—. Suena intenso, pero te creo. Puedo sentir que estás siendo honesto.
Sentí un alivio enorme. Alguien creía en lo que yo decía, y no era solo una idea o un rumor. Era alguien que estaba dispuesto a acompañarme en esto, aunque todavía no supiera del todo qué estábamos enfrentando.
—Gracias —dije, un poco sorprendido de mí mismo—. Necesitaba decirlo a alguien que realmente escuchara.
Lucas sonrió y, sin apartar la mirada de la mancha en el techo, hizo un gesto de complicidad.
—Entonces vamos a seguir investigando un poco, ¿sí? Esto no parece normal, y quiero entenderlo tanto como tú.
Sasha intervino, sonriendo suavemente, intentando poner un límite a nuestra obsesión por los detalles:
—Chicos… no se me pongan demasiado intensos. Mejor enfoquémonos en el dibujo un poco más, y luego vemos qué más hacer.
Lucas asintió, pero no dejaba de observar la mancha y las irregularidades del salón. Yo sentí que algo estaba cambiando: no estaba solo, había alguien más dispuesto a estar cerca de mis percepciones, aunque fuera torpe y novato en todo.
El resto de la clase pasó entre mezclas de colores, anotaciones de Lucas y risas discretas cuando algo no salía bien en los lienzos. Lucas continuaba observando detalles que a cualquiera más se le hubieran escapado, y yo lo veía como un lente diferente, capaz de captar cosas que yo apenas empezaba a notar.
Al final de la clase, mientras recogíamos nuestras cosas, Lucas me miró con esa mezcla de curiosidad y complicidad que lo caracterizaba:
—Podríamos seguir esto un poco más, fuera de la clase. Tal vez investigar juntos.
No dije nada al principio, pero la idea me gustó. Sasha seguía concentrada en su arte, como siempre, iluminando nuestro pequeño grupo, y Lucas empezaba a posicionarse como un apoyo que creía en mí y en lo que estaba ocurriendo, aunque aún no hubiera experimentado nada por sí mismo.
—Está bien —dije finalmente—. Vamos a ver a dónde nos lleva esto.
Mientras caminábamos hacia la salida del club de arte, mi mirada no se apartó de la mancha en el techo. Sentí que la expectativa superaba al miedo. Sasha continuaba siendo la base de nuestro equipo, con su creatividad, y Lucas ya se estaba integrando como aliado, aunque todavía no supiera todo lo que yo había visto.
Había muchas preguntas, muchas incógnitas, y aunque no sabía qué nos esperaba, sentí por primera vez que no estaba completamente solo.



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Editado: 30.01.2026

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