Cuando el mundo siguió igual

Capitulo 7 (Hambre)

Después de lo que pasó en la exhibición de arte, Sasha, Lucas y yo decidimos ir a una hamburguesería cercana para relajarnos y, sobre todo, comer algo.
—Chicos, tengo hambre, ¡siento que me voy a desmayar! —dijo Sasha exagerando, aunque claramente tenía hambre, como nosotros. Se llevó la mano al estómago, dramatizando cada palabra.
—Sasha, no exageres —dije mientras mi estómago hacía un ruido traicionero—. Pero… sí, también tengo hambre.
Lucas se puso entre nosotros y recomendó un lugar para pasar el rato y comer. Todos estuvimos de acuerdo, y Sasha se encargó de manejar. Ya confiaba más en ella después de ver esta mañana que conducía muy bien. Mientras íbamos, me di cuenta de que las sombras extrañas ya no estaban; al menos, por ahora, sentí un pequeño alivio.
El motor del auto murmuraba suavemente, y el aroma de la gasolina mezclado con la brisa fría del ventanuco me recordó que había olvidado lo mucho que me mareaba en los autos. Por el retrovisor vi a Lucas concentrado anotando en su libreta, con el ceño ligeramente fruncido.
—Lucas, ¿todo bien? —pregunté—. ¿Qué estás anotando ahora?
—Suelo registrar todos nuestros movimientos —respondió sin apartar la vista de la libreta—. Todo lo que puedo recordar de lo que nos pasa.
—¿Nuestros movimientos? —preguntó Sasha, sin dejar la vista de la carretera, mientras ajustaba ligeramente el espejo retrovisor.
—Sí, más o menos eso. Para poder analizarlo después, no quiero que se nos escape nada.
Sasha y yo nos miramos, intrigados, pero ninguno dijo nada. Ella jugueteaba con su pulsera mientras manejaba, un gesto nervioso y repetitivo que hacía que la luz del sol reflejara en sus ojos.
Llegamos a la hamburguesería y apenas entramos, el aroma de la comida nos golpeó de inmediato: pan recién horneado, carne asada, papas fritas crujientes y un toque de mostaza y ketchup en el aire. Tomamos asiento; Lucas casi se cae de la silla y derriba el servilletero por accidente, disculpándose enseguida con una risa nerviosa.
Pedimos nuestra comida y comenzamos a esperar. El lugar estaba medio vacío, lo cual me gustaba; no me sentía cómodo en sitios demasiado llenos. El murmullo lejano de otras mesas y el suave ruido de la campanita de la puerta cada vez que alguien entraba o salía, creaban una atmósfera tranquila, casi casera.
—Bien, Sasha —dijo Lucas, serio—. Necesitamos hablar.
Sasha se quedó callada; yo simplemente asentí con la cabeza, mirándola a los ojos. Su ceja arqueada mostraba curiosidad y un ligero nerviosismo.
—Sasha, vi lo que vio Einar —comenzó Lucas, abriendo su libreta con cuidado para no hacer ruido—. Ese chico extraño lo atacó, y… aparecieron unas líneas raras y un sonido muy extraño. Lo vi todo.
—Lo otro raro —dije recargándome en la silla, jugando con el borde del mantel de papel—, es que parecía que nadie estaba ahí. Pero Lucas, ¿cómo es que tú pudiste ver todo?
—Conmigo también se detuvo el tiempo, Einar —explicó Lucas, moviendo las manos sobre la mesa para enfatizar—, o algo así. Pero no podía ayudarte porque estabas como… desconectado de lo que pasaba.
—¿Otras dimensiones? —murmuré, bajando la mirada.
—No, no creo —dijo Lucas con un suspiro, acariciando la punta de su bolígrafo—. Si fuera algo así, habría más alumnos en shock, incluso habría salido en las noticias.
—Creo que ambos… están locos —comentó Sasha, apartando la mirada, aunque una sonrisa traviesa asomaba en su rostro. Sus dedos tamborileaban suavemente sobre la mesa, casi sincronizados con el tic-tac del reloj de pared.
—Te contamos esto porque necesitamos estar unidos los tres —dije, mirándola fijamente—. Así todos podemos estar alerta.
—¿De qué? —preguntó Sasha, tomándome la mano—. Nunca vi nada de lo que hablan. Lo que pasó con Valentín es triste, sí, pero podría haber sido un accidente.
Me quedé callado; tenía razón. Ella no había visto nada, y sentir que la arrastrábamos a algo que no entendía me hacía pensar dos veces en cómo explicarlo.
—Escuchen ambos —dijo Sasha, mirándonos a los dos—. Valentín saldrá del hospital en unos días y volverá a la escuela la próxima semana. ¿Por qué no le preguntan a él lo que vio? Al menos tendrían una pista, o podríamos descartar cualquier tipo de paranoia.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Lucas, inclinándose hacia ella.
—Lo escuché de unos compañeros —respondió Sasha—. Iba a decírselos, pero estaba nerviosa y emocionada por la exhibición.
En ese momento llegó el mesero con nuestra comida. El aroma del queso derretido sobre las hamburguesas y las papas crujientes recién salidas de la freidora nos hizo sonreír. Empezamos a comer mientras conversábamos un poco para conocernos mejor.
Lucas, distraído, quiso poner ketchup en su hamburguesa, y un chorro salió disparado derramándose en la pared. Rápidamente lo limpiaron, y Lucas se sonrojó de vergüenza. Sasha soltó una pequeña risa, y yo me aguanté una sonrisa también. Decidimos que era momento de salir del lugar.
Mientras salíamos, Sasha me sonrió, y por un instante todo parecía normal. Pero sabíamos que aún quedaban muchas preguntas y nuevas pistas por descubrir.



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En el texto hay: suspenso, suspenso magia, suspenso accion

Editado: 30.01.2026

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