Cuando el mundo siguió igual

Capitulo 11 (Grietas)

Llegamos al campo de fútbol donde nos había citado el chico misterioso. No teníamos opción: buscábamos respuestas, y ese chico quizá podía dárnoslas. Además, tampoco parecía muy amigable, así que muchas alternativas no teníamos.

Era de madrugada. Habíamos llegado a las dos de la mañana, tal como él lo había pedido. A los alrededores no había nada: solo gradas vacías, el sonido del viento helado, banderas ondeando y algunos automóviles que circulaban a lo lejos.

—Bien, aquí estamos. Abran bien los ojos —advertí a los chicos—. Estar atentos es mejor que dejarnos agarrar desprevenidos.

—Con Einar apareció de la nada… ¿Crees que lo veremos llegar? —dijo Lucas, sacando su infalible libreta.

—¿Acaso importa? La idea es la información que nos pueda dar —respondió Valentín, que estaba junto a Sasha.

—Todo esto se está poniendo cada vez más raro. Solo los acompaño porque no quiero dejarlos solos, pero hasta el momento no he entendido nada —dijo Sasha, cruzándose de brazos.

—¡Ah! Así que no entiendes nada… eh… —sonó una voz de todos lados y, al mismo tiempo, de ningún lugar.

Todos volteamos a nuestro alrededor, pero no logramos dar con quien había hablado.

—No se asusten, solo soy yo —dijo un chico con capucha oscura, levitando de cabeza en medio de nosotros cuatro.

En ese momento dimos varios pasos hacia atrás, sorprendidos. Lucas anotaba todo mientras permanecía con la boca abierta. Valentín intentaba ocultar lo asombrado que estaba, y Sasha no se quedaba atrás.

—¿Qué rayos eres? —pregunté, intentando acercarme.

—No soy un fantasma, no se asusten. Me llamo Lyan. Soy el chico que les brindará algunas respuestas, pero antes de cualquier cosa… —el muchacho dejó de estar de cabeza y se dejó caer, apoyando los pies en el suelo.

Luego, Lyan levantó ligeramente la mano. A nuestro alrededor comenzaron a formarse líneas irregulares en el césped y en el cemento de la banqueta. El mismo sonido extraño de siempre empezó a emerger de la nada, solo que ahora mucho más fuerte. Todos nos tapamos los oídos. Lo más extraño era que el sonido no parecía venir de afuera, sino de nuestras propias cabezas.

Sasha lo vio y lo sintió todo. Cayó de rodillas al suelo, pero rápidamente se reincorporó; solo había sido la impresión.

—Listo. Ahora tu amiguita ya tiene acceso a esta grieta —dijo Lyan, bajando la mano.

—¿La grieta? —pregunté, acercándome a Sasha para ver si se encontraba bien.

—Esperen… ¿no sabían nada sobre las grietas? —preguntó Lyan. Todos negamos con la cabeza. Él empezó a carcajearse.

—¡Increíble! ¿Todo este tiempo intentaron seguir con su vida normal?

Asentimos sin decir palabra, hasta que Lucas tomó valor.

—No necesariamente, Lyan —comentó—. Einar y yo estuvimos siguiendo ciertas pistas para entender lo que pasaba, pero nada tenía sentido, salvo algunas excepciones: las líneas irregulares y el extraño sonido.

Mientras Lucas hablaba, Valentín dio unos pasos al frente.

—Exacto. Y también los hombres extraños que me atacaron. Pero solo fueron momentos aislados, nada de respuestas concretas.

—Sí, todos pasamos por algo así… ¿pero qué podíamos hacer? —subí el tono de mi voz.

—Entiendo. Bien, pensé que tendría que explicarles mucho menos, pero parece que realmente no saben nada —Lyan se acercó con más seriedad—. Me da flojera explicarles todo, así que solo diré lo necesario.

Mi corazón empezó a latir con fuerza. Sasha intentaba ocultar su temor, pero ya comenzaba a asimilarlo todo.

—Ustedes quedaron atrapados en una grieta llamada “Grieta 3.4”. Esa grieta es esta realidad actual. Es obvio que notaron cosas que cambiaban, pero nunca supieron exactamente qué pasaba. Las grietas son cambios dimensionales; cada una tiene variaciones distintas. Algunas son más notables que otras.

—Entonces… ¿las personas que nos rodean son falsas? Es decir, ¿ya no son las mismas de antes? —preguntó Lucas, interrumpiéndolo.

—No. Son las mismas —respondió Lyan—. Ellos no sienten ningún cambio, aunque lo haya. Para ustedes siempre hay variaciones; para ellos, el mundo no ha cambiado.

Hizo una pausa antes de continuar.

—Ahora bien, esto es vital: existen otros grupos de chicos como ustedes, que se mueven a través de las grietas. Ellos existen desde antes. Son como mercenarios, bajo las órdenes de alguien más. No sé quién es. Si van por ustedes, tendrán que defenderse.

Sentí el estómago revolverse.

—¿Por qué querrían atacarnos? ¿Y por qué nosotros caímos en esta grieta? —pregunté casi sin aire.

—Porque no quieren competencia. Cuando dominas las grietas, puedes alterar entornos, pensamientos, recuerdos… incluso la materia misma. Pero hay un grupo en especial que ha adquirido tanta experiencia que se volvió extremadamente peligroso.

Lyan respiró hondo.

—No han muerto porque, en esta grieta, ustedes no deberían morir todavía. No pueden hacerles daño mortal aquí, pero intentarán obligarlos a cambiar de grieta. Eventualmente, quizá lo logren.

Todos permanecimos en silencio.

—Cada grieta tiene ciertas armas —continuó—. Con ellas, incluso quienes están protegidos pueden morir. Deberían buscarlas. Eso sí, no siempre pueden usarse, y tienen costos. Se distinguen por su color y por un brillo peculiar.

—Entonces… ¿por qué Sasha no había visto nada? —preguntó Lucas.

—Porque ella no tenía que saber nada. No era su grieta —respondió Lyan—. Pero no se separaba de ustedes, así que los uní como una linda familia feliz.

El tono sarcástico no ayudó a tranquilizarnos.

Lyan dio un salto y volvió a quedar suspendido de cabeza.

—Bien, me largo. Luego los veré… y—

No pudo terminar. Cayó al suelo de golpe.

—Rayos… cuidado —susurró, lo suficientemente alto para que lo escucháramos.

A lo lejos vimos un grupo de unas seis personas. Cinco de ellas comenzaron a desaparecer, como si el suelo se las tragara. Uno se quedó quieto. Tras unos segundos, se giró y empezó a caminar hacia nosotros, cada vez más rápido.



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Editado: 30.01.2026

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