### En otro lugar, a kilómetros de los protagonistas
Una sala amplia y casi vacía permanecía en silencio. Apenas unos cuantos retratos colgaban de las paredes, observando con sus rostros inmóviles el paso de un hombre alto y corpulento que caminaba de un extremo al otro de la habitación.
Su expresión era seria, casi hostil. Había algo en su mirada que dejaba entrever una preocupación que llevaba demasiado tiempo acumulándose.
—Es increíble que aún no hayamos encontrado esa grieta. La hemos buscado durante años. Pareciera que incluso se oculta de nosotros.
El hombre hablaba con una evidente paranoia, pero después de tantos años de búsqueda, quizá era comprensible que comenzara a cuestionarse hasta sus propias certezas.
Sentada en uno de los sillones cercanos, una mujer lo observaba con tranquilidad. A diferencia de él, parecía completamente segura de la situación.
—No seas paranoico. De verdad te estás volviendo loco por algo tan insignificante. Nosotros ya controlamos gran parte de las grietas. Ahora mismo estamos en un momento increíble y tú estás desperdiciando tu felicidad con pensamientos sobre una sola grieta que, además, ni siquiera estamos seguros de que exista.
La mujer hizo una breve pausa y soltó un pequeño suspiro.
—No creo que, si es que existe, vayamos a encontrarla pronto.
El hombre permaneció en silencio unos segundos. Después, giró lentamente el rostro hacia una de las paredes.
Extendió un brazo.
De inmediato, unas líneas comenzaron a dibujarse sobre la superficie, recorriéndola como si algo invisible estuviera desgarrando la realidad desde dentro.
Entonces, la pared se abrió.
Una grieta apareció frente a ellos.
En su interior podían distinguirse varias personas, desvanecidas y apenas visibles, como figuras atrapadas al otro lado de una ventana que conducía a un lugar imposible.
El hombre contempló la grieta con una sonrisa apenas perceptible.
—Nadie me va a ganar. Este mundo y el de cualquier grieta serán míos.
Su expresión cambió ligeramente.
—Pero antes... hay unos asuntos pendientes con unos chicos.
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### Volviendo con los protagonistas
—Realmente no puedo creer lo que vi esta noche. Estoy agotada.
Sasha permanecía recostada, cubriéndose los ojos con uno de sus brazos. A pesar de todo lo que acababa de presenciar, su voz no transmitía tanto miedo como cansancio.
Einar se incorporó lentamente.
—Sí. Eso es lo que hemos estado sufriendo todo este tiempo. Lyan, necesitamos prepararnos mejor —dijo el muchacho de cabello castaño—. Por algo nos has reclutado.
Lyan se levantó y observó a todos durante unos instantes.
—Bueno... por hoy solo quiero dormir.
Los demás se quedaron mirándolo, incrédulos.
Lucas, que aún permanecía acostado, fue el primero en reaccionar.
—¿Dormir? ¿Qué nos asegura que esos tipos no volverán en cualquier momento?
Lyan se encogió ligeramente de hombros.
—Ah, claro que volverán. Pero no hoy.
Volvió a recostarse con absoluta tranquilidad.
—Las grietas solo se activan cada cierto tiempo. Además, solo ciertas personas pueden abrirlas a voluntad. Y esas personas están en otro nivel. Son muy poderosas.
La respuesta no pareció tranquilizar demasiado al grupo.
Aun así, la noche continuó.
Pasaron las horas mientras los muchachos y Lyan seguían conviviendo en aquella casa. Poco a poco, el ambiente comenzó a sentirse más cómodo. Aunque acababan de descubrir una realidad completamente distinta a la que conocían, la presencia de Lyan parecía haber reducido parte de la tensión.
Einar, sin embargo, no podía evitar que sus dudas siguieran aumentando. Había demasiadas cosas que aún no comprendía. Aun así, intentaba no pensar demasiado en ellas.
Lucas, por su parte, continuaba anotando todo en su libreta. Permanecía atento a cada detalle y a cualquier información que pudiera recopilar.
Sasha seguía tan animada como siempre.
Curiosamente, después de haber descubierto con sus propios ojos una parte de la verdad, aquello no parecía haberla afectado demasiado. Seguía siendo la misma muchacha alegre y entusiasta de siempre.
Mientras tanto, Valentín continuaba insistiendo en que su nombre no era Valente, sino Valentín.
Las confusiones con su nombre comenzaban a convertirse en una de las situaciones más graciosas del grupo.
Pero, pese a las risas y la aparente tranquilidad, todos sabían que apenas habían comenzado a descubrir la verdad.
**Aún quedaba mucho por descubrir.**