Cuando Eramos Una Variable

Capítulo 1

Yoo Na-Ri tenía un talento especial para arruinar su propia vida.

Especialmente después de las dos de la mañana.

—Solo un episodio más —murmuró por quinta vez esa noche, abrazando una bolsa de snacks frente a la pantalla de su laptop.

Veinte minutos después estaba llorando porque los protagonistas del drama finalmente se habían confesado bajo la lluvia.

Treinta minutos después gritaba sola:

—¡NO TE SUBAS A ESE AVIÓN, TONTO!

Y una hora después…

Dormía boca abajo sobre la cama con la laptop todavía encendida.

El problema fue que su alarma sonó exactamente siete veces.

Y Yoo Na-Ri no escuchó ninguna.

—…¿Qué hora es…?

Silencio.

Na-Ri abrió un ojo lentamente.

Luego el otro.

Miró el reloj.

Y el alma se le salió del cuerpo.

—¿QUÉ?

Saltó de la cama tan rápido que casi se mata con una manta.

—¡NO, NO, NO, NO!

Primer día de preparatoria.

Primer. Día.

Y ya iba tarde.

Corrió por toda la habitación:

buscando un calcetín, peleando con el cepillo, intentando cerrar la mochila con una rodilla encima.

Todo mientras hablaba sola como persona mentalmente estable.

—Perfecto. Excelente inicio de vida académica. Seguro hoy tampoco me humillo frente a nadie.

Se puso el uniforme mal abotonado, agarró un pan del comedor y salió disparada de casa.

El aire frío de la mañana le pegó en la cara mientras corría calle abajo.

Mochila abierta.

Audífonos colgando.

Cabello desordenado.

Dignidad inexistente.

—¡Voy bien, voy bien! —mintió.
Entonces giró la esquina a toda velocidad…

Y chocó brutalmente con alguien.

El golpe fue tan fuerte que ambos retrocedieron.

El café caliente cayó directo sobre la camisa blanca del desconocido.

Silencio.

Na-Ri parpadeó.

El vaso vacío rodó lentamente por el suelo.

Muy lentamente levantó la cabeza.

Y casi dejó de respirar.

El hombre frente a ella era absurdamente guapo.

Alto.

Elegante.

Cabello oscuro perfectamente acomodado.

Expresión fría.

Camisa blanca ahora arruinada por culpa de ella.

Y una mirada que daba miedo.

Mucho miedo.

Na-Ri tragó saliva.

—…Ay.

Mala elección de palabra.

Porque el desconocido bajó lentamente la mirada hacia su camisa manchada.

Luego volvió a verla a ella.

Y por alguna razón…

eso fue peor.

—¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? —preguntó con una voz peligrosamente tranquila.

Na-Ri se agachó rápido.

—¡Lo siento! ¡Fue sin querer!

Intentó ayudarlo con servilletas arrugadas de su mochila.

Él retrocedió inmediatamente.

—No toques nada.

Ella levantó la vista ofendida.

—Bueno, tampoco es para tanto.

Error número dos.

El hombre soltó una risa seca, incrédula.

—¿No es para tanto?

—¡Fue un accidente!

—Un accidente causado porque claramente ibas corriendo sin mirar.

Na-Ri abrió la boca.

La cerró.

La volvió a abrir.

—…Usted también venía distraído.

Mentira.

Y ambos lo sabían.

El hombre la observó como si acabara de perder fe en la humanidad.

Entonces notó el uniforme escolar.

Sus ojos se estrecharon apenas.

—¿Eres estudiante?

Na-Ri cruzó los brazos inmediatamente.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Tiene sentido.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Que actúas exactamente como esperaba.

Na-Ri sintió una ofensa espiritual.

—¿Siempre eres así de insoportable o hoy te esforzaste más?

Por primera vez algo cambió en la expresión de él.

Como sorpresa mezclada con irritación.

—Si fueras mi alumna, ya tendrías un reporte disciplinario.

Ella soltó una risa falsa.

—Pues gracias al cielo nunca lo seré.

Los dos se quedaron mirando unos segundos.

Tensos.

Molestos.

Desafiándose por absolutamente ninguna razón lógica.

Hasta que Na-Ri recordó algo importante.

La hora.

—¡Ah, demonios!

Agarró su mochila rápidamente.
Luego señaló al desconocido acusándolo como si ÉL tuviera la culpa.

—¡Y esto también fue culpa suya!

Él la miró incrédulo.

—¿Mía?

—¡Sí!

Y antes de seguir humillándose…

Salió corriendo otra vez.

El hombre la observó desaparecer calle abajo.

Desordenada.

Ruidosa.

Irritante.

Problemática.

Entonces bajó la mirada hacia la mancha de café en su camisa.

Suspiró lentamente.

—Increíble.

No sabía su nombre.

Y honestamente esperaba no volver a verla nunca.

Esa fue su primera mala decisión del día.



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En el texto hay: humor, romance, enemilover

Editado: 31.05.2026

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