Yoo Na-Ri oficialmente odiaba tres cosas.
1. Las mañanas.
2. Matemáticas.
3. Al hombre del café.
Y el semestre apenas iba empezando.
—No puede existir alguien TAN amargado —se quejó, dejando caer la cabeza sobre el escritorio de su nueva habitación.
La mudanza todavía era un desastre.
Había cajas por todas partes.
Ropa en la silla.
Libros en el suelo.
Una lámpara acostada misteriosamente como víctima de guerra.
Na-Ri suspiró dramáticamente.
Luego abrió las cortinas.
Y se congeló.
La ventana de la casa de al apar estaba demasiado cerca.
Podía ver perfectamente:
el escritorio, los libros alineados, las plantas, y la persona dentro del apartamento.
No.
No, no, no.
Porque sentado frente a una laptop estaba…
El hombre del café.
Lee Hyun-Woo levantó la mirada al mismo tiempo.
Silencio absoluto.
Na-Ri abrió los ojos horrorizada.
Él también parecía sorprendido.
Solo que menos emocionalmente destruido.
Porque él sí tenía dignidad.
Na-Ri se agachó.
Luego se quedó quieta cinco segundos.
Y gritó contra la almohada.
—¿POR QUÉ A MÍ?
Del otro lado de la ventana…
Hyun-Woo seguía mirando la ventana
Increíble.
De todas las casas en la ciudad
la chica problemática tenía que vivir enfrente.
Suspiró lentamente y volvió a trabajar.
Intentó hacerlo.
Realmente lo intentó.
Durante aproximadamente siete minutos.
Hasta que escuchó música.
Muy fuerte.
Frunció el ceño.
Luego escuchó algo peor.
Canto.
Terrible canto.
Hyun-Woo levantó la vista lentamente.
Y vio a Yoo Na-Ri bailando sola en medio de su habitación con un cepillo de cabello como micrófono.
—~EN CAMBIOOO NOOOO!! HOYY NOOO!~
Él parpadeó.
Una vez.
Dos.
Ella estaba recreando una escena romántica completa.
Giraba dramáticamente.
Señalaba el aire.
Incluso fingía llorar mientras cantaba.
Hyun-Woo se quedó completamente inmóvil.
Como si su cerebro no supiera procesar semejante espectáculo.
Na-Ri entonces hizo una pose exagerada frente al espejo.
Y en ese momento…
Lo vio mirándola.
Silencio.
Los dos se quedaron congelados.
Na-Ri sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo lentamente.
Hyun-Woo levantó apenas una ceja.
Ella cerró las ventanas rápido que boto una maceta.
Treinta minutos después, Na-Ri seguía muriéndose de vergüenza.
—Bueno… quizá ahora piense que estoy loca.
Se dejó caer sobre la cama.
Luego agarró el celular.
Y como toda persona emocionalmente estable
Abrió una serie.
—Solo un episodio para relajarme.
Mentira peligrosa.
Muy peligrosa.
Dos episodios después:
—¡NOOOO, ELLA NO MERECE ESO!
Tres episodios después:
—¡BÉSALA DE UNA VEZ!
Cuatro episodios después:
Na-Ri estaba envuelta en una cobija, llorando con ramen instantáneo en las piernas a las dos de la mañana.
Porque claramente las decisiones inteligentes no eran lo suyo.
—¿Por qué sufren tanto…? —sollozó dramáticamente.
Le dio otro bocado al ramen.
Y justo cuando el protagonista confesó sus sentimientos bajo la lluvia…
Na-Ri gritó TAN fuerte que casi se atraganta.
—¡¡¡ESO, MI REY!!!
Del otro lado de la calle.
Lee Hyun-Woo cerró lentamente su libro.
Miró la hora.
2:13 a.m.
Luego miró hacia la ventana iluminada enfrente.
Y ahí estaba otra vez.
Yoo Na-Ri.
Sentada en el suelo.
Llorando por personajes ficticios mientras comía ramen.
Hyun-Woo observó la escena unos segundos.
Ella parecía completamente metida en el drama.
Hablándole a la pantalla como si los personajes pudieran escucharla.
—¡No confíes en él! ¡Ese hombre tiene cara de problema!
Hyun-Woo masajeó el puente de su nariz.
¿Cómo una sola persona hacía tanto ruido?
Na-Ri tomó el vaso de ramen otra vez…
y accidentalmente dejó caer los palillos.
—¡Traidores!
Hyun-Woo cerró los ojos lentamente.
Paciencia.
Necesitaba paciencia.
Entonces Na-Ri levantó la mirada hacia la ventana.
Y descubrió que él otra vez estaba viéndola.
Silencio.
Ella masticó lentamente.
Él seguía mirándola con expresión cansada.
Na-Ri entrecerró los ojos.
Luego le hizo una cara burlona infantil,
Y cerró las cortinas.
Hyun-Woo se quedó quieto unos segundos.
Increíble.
Verdaderamente increíble.
Nunca en su vida había conocido a alguien tan desordenada…
tan ruidosa…
tan problemática…
Y aun así…
Por alguna razón absurda…
Terminó mirando otra vez hacia las cortinas cerradas.