Yoo Na-Ri estaba teniendo la peor mañana de su existencia.
Porque claramente el universo tenía algo personal contra ella.
Primero:
su alarma no sonó.
Segundo:
se quedó dormida encima del cuaderno de matemáticas.
Y tercero:
cuando salió corriendo del edificio…
El autobús literalmente arrancó frente a su cara.
—¡Maldito desgraciado con llantas! —gritó señalándolo dramáticamente.
Una señora la miró raro.
Na-Ri fingió dignidad.
Cinco minutos después iba corriendo hacia la preparatoria como protagonista pobre de drama.
Cabello desordenado.
Mochila abierta.
Respiración inexistente.
Cuando llegó al salón…
La puerta ya estaba cerrada.
No.
No, no, no.
Na-Ri respiró profundo.
Quizá si fingía muerte, todo desaparecería.
Pero lamentablemente seguía viva.
Así que abrió lentamente la puerta,
todo el salón volteó a verla.
Y al frente…
Lee Hyun-Woo dejó de escribir.
Silencio.
Na-Ri sonrió nerviosamente.
—Buenos días.
Hyun-Woo miró el reloj de pared, luego volvió a verla.
—Llegó once minutos tarde.
—Técnicamente doce porque usted tardó en responderme.
Algunos compañeros soltaron risas.
Hyun-Woo la observó en silencio.
Eso daba MÁS miedo.
—Tome asiento.
Na-Ri suspiró aliviada.
Duró exactamente dos segundos.
—Después de clases se quedará resolviendo ejercicios extra.
La sonrisa desapareció de su cara inmediatamente.
—¿QUÉ?
—¿Escuchó otra palabra diferente?
—¡Pero apenas fueron unos minutos!
—Once.
—¡El autobús me abandonó!
—Curioso. El resto de estudiantes sí llegó.
Na-Ri abrió la boca indignada.
Ese hombre realmente disfrutaba arruinarle la existencia.
—Profesor, honestamente siento que me odia un poquito.
—Mucho.
Silencio.
Todo el salón explotó en risas, Na-Ri se llevó una mano al pecho ofendida.
—Qué grosero.
Hyun-Woo continuó escribiendo como si no acabara de destruirla emocionalmente.
Bot desgraciado.
Tres horas después…
Na-Ri seguía atrapada en el salón.
Sola.
Resolviendo ejercicios infernales mientras el sol empezaba a bajar.
—Esto ya parece explotación laboral —murmuró dejando caer la cabeza sobre el escritorio.
Hyun-Woo revisaba documentos en el escritorio del frente.
Perfectamente tranquilo.
Perfectamente insoportable.
Na-Ri lo miró con resentimiento.
¿Cómo alguien podía verse elegante incluso corrigiendo tareas?
Ni siquiera parecía cansado.
Eso era ilegal.
—¿Cuántos ejercicios faltan? —preguntó dramáticamente.
—Veintisiete.
Na-Ri dejó caer el lápiz.
—Hermano, ¿usted quiere verme fracasar en la vida?
—Ya empezó sola.
Ofensivo.
Muy ofensivo.
Ella lo miró feo.
Él siguió trabajando.
Entonces Na-Ri notó algo importante,
los marcadores de Hyun-Woo estaban perfectamente acomodados.
Por color.
Por tamaño.
Como ritual satánico de oficina.
Y uno de ellos claramente era su favorito.
Negro.
Nuevo.
Brillando como tesoro nacional, Na-Ri entrecerró los ojos lentamente.
Idea peligrosa detectada.
Diez minutos después…
Hyun-Woo extendió la mano automáticamente hacia el marcador negro.
Vacío.
Frunció el ceño.
Miró otra vez.
Nada.
Silencio.
Na-Ri bajó rápidamente la mirada intentando no reírse.
Hyun-Woo revisó el escritorio, los libros, los cajones.
Más silencio.
Na-Ri ya estaba muriéndose internamente.
Porque Lee Hyun-Woo empezaba a verse genuinamente alterado.
—¿Busca algo, profesor ? —preguntó inocentemente.
Error.
Porque él levantó lentamente la mirada,
Y Na-Ri casi se ríe al verlo.
Por primera vez desde conocerlo…
Lee Hyun-Woo parecía al borde de un colapso emocional.
—¿Dónde está?
Ella fingió confusión.
—¿Dónde está qué?
—Mi marcador.
Na-Ri se llevó una mano al pecho.
—¿Me está acusando?
—Sí.
—Qué falta de confianza tan fea.
Hyun-Woo cerró los ojos lentamente,
respiró profundo.
Na-Ri podía VERLO intentando no perder la paciencia.
Eso lo hacía todavía más divertido.
—Yoo Na-Ri.
—Lee Hyun-Woo.
—Devuélvalo.
—No sé de qué habla, licenciado.
—No soy licenciado.
—Bueno, señor matemáticas infernales.
Él abrió un cajón con más fuerza de la necesaria.
Na-Ri se mordió el labio intentando no reír.
Porque honestamente…
ver a alguien tan perfecto sufrir por un marcador era demasiado gracioso.
Hyun-Woo finalmente dejó el escritorio.
Caminó directamente hacia ella.
Na-Ri dejó de sonreír un poquito.
Porque muy cerca daba nervios.
—Última vez —dijo él inclinándose apenas hacia ella—. Devuelva el marcador.
Na-Ri tragó saliva.
Pero no iba a rendirse.
Jamás.
Sonrió inocentemente.
—Profesor… yo soy pobre pero honrada.
Silencio.
Hyun-Woo la miró fijamente.
Luego suspiró.
—Definitivamente voy a arrepentirme de conocerte.
Na-Ri sonrió victoriosa.
Dos segundos después…
El marcador cayó accidentalmente desde su manga al suelo.
Silencio absoluto.
Na-Ri cerró los ojos lentamente.
Traicionada por su propia estupidez.
Hyun-Woo miró el marcador.
Luego a ella.
Luego otra vez el marcador.
—Increíble.
Na-Ri levantó un dedo.
—Antes de que diga algo, quiero aclarar que técnicamente apareció solo así que agradézcame .
Hyun-Woo soltó una risa seca incrédula.
Y por primera vez…
Parecía realmente divertido.
Aunque intentara ocultarlo.