Cuando habla el corazón

Capítulo: 3

—Hija—pronunció mi madre entrando en mi habitación. —Tu esposo está abajo —agregó y suspiré aliviada. Hacía dos días estaba en la casa de mis padres y esperaba que marcos hubiera recapacitado y pensado las cosas y estaba allí para recogerme y llevarme a su casa. Llevábamos cuatro años de matrimonio y aunque sabía que Marcos era un poco superficial, esperaba que me amara tanto como para aceptar a estos bebés aunque solo fuera por complacerme y por permanecer a mi lado, pues creí que no iba a tirar nuestra relación tan bonita por la borda ante la primera situación difícil que tuviéramos.

 —¿Vino a buscarme? —pregunté entusiasmada levantándome de la cama y poniéndome de pie.

—Creo que sí—respondió Ana, mi madre, y sonreí, la abracé feliz, creyendo que todo se arreglaría y sonreí saliendo y bajando las escaleras con rapidez.

—Alessia—pronunció mi esposo caminando hacia donde yo estaba y abrazándome con cariño—. vine a buscarte, iremos a casa —dijo y sonreí feliz. En realidad, eso era lo que esperaba que sucediera. 

—Te extrañé mucho —pronuncié.

—Yo también, mi amor —dijo besando mi rostro—ya tengo todo arreglado.

—¿Todo arreglado? —cuestioné extrañada, dando un paso hacia atrás.¿qué tenía arreglado? Si que estuviera allí buscándome era lo único que tenía que hacer. 

—Ya hablé con Nico—dijo así es como todos le decíamos a su hermano, que se llamaba Nicolás y era médico y director de un hospital privado, el cual el padre de ellos le había ayudado a comprar antes de morir.— Y está todo solucionado. Mañana iremos al hospital y acabaremos con ese problema.

—¿De qué hablas? —cuestioné seriamente, pues le había dejado clara mi decisión y si estaba allí imaginaba que era porque la aceptaba—la interrupción será mañana, estarán los mejores ginecólogos, nuestro otro bebé estará seguro.

—Marcos creo que te dejé más que claro que iba a tener a mis bebés.

—Y sigues con eso —replicó pasando ambas manos por su rostro—. Cuántas veces tengo que decirte que no tendré un hijo con problemas, ¡cuantas veces! —gritó y mis padres solo permanecieron en silencio. La verdad es que mi familia quería mucho a Marcos pues nos había ayudado bastante económicamente. —Somos jóvenes, tendremos más hijos luego, pero ese bebé no nacerá, tengo una reputación que mantener.

—Eso es lo único que te importa.—intervine decepcionada. 

—Sí—dijo—, ¿y qué tiene de malo—cuestionò—no quiero un hijo así y no lo tendré y si me importa mucho la apariencia, eso siempre lo supiste.

—Pues entonces puedes irte, eres un egoísta, incluso tus razones son las peores y esa decisión no te corresponde solo a ti.

—intervino mi padre—hija no quiero intervenir, pero Marcos tiene razón. Solo tienes 24 años, no seas testaruda, más adelante pueden tener más hijos.

—Pero papá...

—Tu esposo tiene razón—me interrumpió—y es mejor que aceptes sus términos y te regreses con él.

—No abortaré—afirmé.

—Pero aquí no te puedes quedar entonces. No te apoyo en esa decisión...

—Cariño, es nuestra hija —lo interrumpió mi madre tocando su hombro.

—Es para que recapacite, el día de mañana nos lo agradecerá —respondió mi padre.

—No puedes echarla. —intervino mi madre—es tu hija y esta también es su casa.Y está embarazada

—Si es mi hija y puede regresar siempre y cuando acabe con ese embarazo no deseado, y piense correctamente.

—Pero José... —pronunció mi madre, siendo interrumpida nuevamente por mi padre.

—No cambiaré de idea, no dejaré que sea tan tonta de arruinar su vida, su futuro y su matrimonio por una tontería.

—Vamos a casa Lisi no seas así—dijo Marcos—mira ni siquiera tus padres te quieren con ese embarazo. No puedes vivir bajo un puente.— Me quedé en silencio y tomé el teléfono para llamar a mi hermano mientras derramaba algunas lágrimas y ellos solo me miraban esperando que cambiara de idea.

—Caleb—pronuncié cuando tomó la llamada—, ¿puedo quedarme unos días en tu casa?

—Por supuesto que puedes, ¿está todo bien? —cuestionó algo intrigado, pues no salía quedarme fuera de casa luego de haberme casado. Mi hermano tenía una novia, pero vivía solo en su apartamento. Ella iba a veces y se quedaba con él.

—Me estoy divorciando. —dije llorando.

—¿Dónde estás? ¿Qué carajos te hizo el imbécil de Marcos?

—Quiere que aborte porque uno de los niños es síndrome de Down y yo no quiero—dije echándome a llorar.

—¿Dónde estás Lisi? Iré por ti ahora mismo.

—En casa de mis padres, pero ellos están de acuerdo con Marcos.

—Estará todo bien —respondió—. Llegaré en unos minutos. —Agregó y colgué la llamada.

—Iré por mis cosas, no los molesto más —pronuncié.

—Te estás equivocando y te vas a arrepentir —pronunció Marcos—. Renunció, haz lo que te dé la maldita gana. Pero el día en que tú y esas criaturas no tengan que comer, no vengas a buscarme. Y te digo  desde ya no voy a reconocer a un hijo que no decidí tener —exclamó saliendo enojado de allí. 




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