Cuando habla el corazón

Capítulo: 10

Francis:

—Amor cómo está nuestra bebé —cuestionó mi esposa quitándose el respirador.

—Está mejorando —mentí. Nuestra bebé estaba grave y ella también, había tenido un parto bastante difícil.

—No podré tener más hijos —dijo mientras una lágrima rodó por sus mejillas, pues habían tenido que extirparle el útero debido a las terribles complicaciones que había tenido durante el parto.

—Eso no es importante —pronuncié besando su mano—te quiero mucho y nuestra pequeña mejorará. —agregué acariciando su rostro y besando su frente.

—Dijiste—dijo respirando algo molesta, estaba bastante débil aún— que querías que tuviéramos muchos niños...

—Eso no importa, mi amor, te quiero a ti y a nuestra pequeña...

—¿Y por qué no la traen? —cuestionó—¿en verdad está mejor?

—Porque aún necesita de los equipos para respirar.

—Si le pasa algo a nuestra bebé, me muero —pronunció.

—Nada le pasará, no digas eso —murmuré con un nudo en la garganta, pues los médicos aún no garantizaban la vida de nuestra bebé.

—Francis... Amo a ese bebé, si algo le pasa, moriría para acompañarla sea donde sea que vaya —murmuró y una lágrima rodó por sus mejillas. El embarazo de Isabella había sido bastante complicado y ella siempre había soñado con ser madre. Lo que decía me llenaba de miedo, la conocía bien y su mente no era tan fuerte como para resistir la pérdida de nuestra bebé. Sé que si algo le pasaba a nuestra hija, era capaz de cumplir lo que decía e incluso quitarse la vida y eso me llenaba de miedo, la amaba con todas mis fuerzas.

—Voy a ver al bebé y le tomaré fotos para que lo veas —pronuncié—. Ahora debes descansar, mi amor —agregué colocándole el respirador y ella se quedó tranquila. Salí de allí y me recosté a la pared con un nudo en la garganta, pasé ambas manos por mi rostro intentando evitar no desplomarme. Mi teléfono comenzó a sonar. Era mi asistente personal.

—Cancela todo durante esta semana —pronuncié con la voz entrecortada y colgué porque no era capaz de continuar hablando. Caminé hacia dónde estaban los bebés que por alguna u otra razón estaban separados de sus padres y me quedé observando el mío por el cristal, pues estaba en la parte de terapia y las visitas eran supervisadas. Miré a mi bebé y unas lágrimas rodaron por mis mejillas. Nunca antes me había sentido tan impotente, ni con todo el dinero que tenía podía hacer algo para salvar a las dos personas que más quería que eran mi esposa y mi hijo. Entonces escuché el llanto de un bebé a mi lado, pasé la mano por mi rostro y miré a la pequeña que lloraba incansablemente sin que nadie le prestara atención.

—Enfermera—pronuncié acercándome a donde estaban las enfermeras y me observaron con atención. —Hay un bebé que no deja de llorar. Deberían llamar a la madre.

—¿Cuál bebé? —pronunció una caminando junto a mí hacia donde estaban los bebés.

—La de la cuna 10—pronuncié señalándola.

—Esa bebé la mandaron de otro hospital para darla en adopción—murmuró—ya le dimos leche y está limpia pero no deja de llorar, creo que necesita un poco de amor—opinó—apuesto que la abandonaron por ser una niña especial que tipo de gente abandona a su propio hija—comentó mientras otra enfermera la llamó.

—Margaret —

—Ojalá encuentre alguien capaz de darle todo el amor que se merece —murmuró alejándose de allí y me quedé mirando a aquella niña. Caminé hacia su cunita y me quedé observándola mientras lloraba.

—Shh, shhh—comencé a decir y toqué su pequeño rostro—eres muy bonita y ruidosa —murmuré mirando que no hubiera nadie cerca pues me daba algo de pena estar hablando con otro bebé—. ¿Por qué lloras tanto? Alomejor si tienes hambre —murmuré acercando mi mano a su cuna y mientras lloraba con su manito apretó mi dedo pulgar y sonreí. Pero no se callaba. Entonces miré a las enfermeras todas distraídas y la que antes había hablado conmigo se acercó, le dio leche y luego la cargó y la pequeña se quedó en silencio.

—Ves lo que te decía, es amor lo que necesita —murmuró—, y tras unos segundos la volvió a poner en su cuna y empezó a llorar de nuevo.

—¿Puedo cargarla yo? —

—Por supuesto, ya me tiene ensordecida tanto llanto —pronunció y la sacó de la cunita y la puso en mis brazos.

—Así vas practicando para cuando tu bebé mejore—dijo colocando su mano en mi hombro. 




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