Al día siguiente me desperté con una decisión tomada.
No iba a dejar que Lucas me ignorara.
Había pasado demasiados años preguntándome qué había ocurrido.
Demasiadas noches imaginando explicaciones.
Demasiados cumpleaños esperando un mensaje que nunca llegó.
Y ahora que finalmente estaba frente a mí, no pensaba conformarme con un simple "me estás confundiendo".
No.
Esta vez iba a obtener respuestas.
Aunque tuviera que perseguirlo por toda la universidad.
—Tienes cara de estar planeando algo —dijo mi mamá durante el desayuno.
Levanté la vista.
—¿Qué?
—Esa cara siempre significa problemas.
—No es cierto.
—La última vez que pusiste esa cara intentaste cortarte el cabello sola.
Mi abuela soltó una carcajada.
—Y terminó pareciendo una oveja recién esquilada.
—¡Abuela!
Las dos siguieron riéndose.
Por primera vez desde el día anterior sentí que mis hombros se relajaban un poco.
Pero apenas salí de casa, mis pensamientos regresaron a Lucas.
¿Qué le había pasado?
¿Por qué se había ido?
¿Y por qué parecía tan decidido a mantenerme lejos?
La universidad estaba mucho más concurrida que el día anterior.
Los pasillos estaban llenos de estudiantes.
Algunos ya parecían haber formado grupos.
Otros caminaban solos.
Yo me dirigí a mi primera clase intentando parecer tranquila.
Y entonces lo vi.
Lucas.
Estaba al final del pasillo.
La capucha seguía cubriendo parte de su cabeza.
Las manos en los bolsillos.
La misma expresión seria.
Mi corazón dio un salto.
Antes de que pudiera pensarlo demasiado, caminé hacia él.
—Lucas.
Se detuvo.
Lentamente giró la cabeza.
—Hola.
—Hola.
El silencio que siguió fue tan incómodo que casi me hizo arrepentirme de acercarme.
Casi.
—Necesitamos hablar.
—No.
Parpadeé.
—¿No?
—No hay nada que hablar.
—Claro que sí.
—Mary...
—No, escúchame tú.
Por primera vez parecía sorprendido.
Probablemente porque la versión de mí que él recordaba jamás habría interrumpido a nadie.
—Desapareciste durante años.
No dijiste nada.
No te despediste.
Y ahora apareces en mi universidad y actúas como si nunca me hubieras conocido.
Creo que tengo derecho a algunas respuestas.
Lucas apartó la mirada.
Por un segundo vi algo diferente en él.
Culpa.
Solo duró un instante.
Pero estaba allí.
—No puedo darte esas respuestas.
—¿Por qué?
—Porque no.
—Esa no es una respuesta.
—Es la única que tengo.
Mi paciencia comenzó a agotarse.
—¿Te hice algo?
Sus ojos volvieron a los míos.
—¿Qué?
—¿Te hice algo para que me trataras así?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Y, para mi horror, mi voz se quebró ligeramente.
Lucas se quedó inmóvil.
—No.
—Entonces explícame.
—No puedo.
Otra vez esa respuesta.
Otra vez ese muro.
Otra vez distancia.
Sentí una punzada en el pecho.
—Sabes qué es lo peor.
Lucas permaneció en silencio.
—Que durante años pensé que algo malo te había pasado.
Pensé que estabas enfermo.
Que habías tenido un accidente.
Cualquier cosa.
Porque la alternativa era creer que simplemente decidiste irte.
Su mandíbula se tensó.
—Mary...
—No. Dime la verdad.
Por primera vez pareció realmente afectado.
Los ojos le brillaron con algo que no logré identificar.
Dolor.
Tal vez.
Arrepentimiento.
Tal vez también.
Pero desapareció tan rápido como apareció.
—Lo siento.
Esas dos palabras me dejaron congelada.
Porque sonaban sinceras.
Terriblemente sinceras.
Y aun así no explicaban nada.
—¿Eso es todo?
Lucas tragó saliva.
—Sí.
—Pues no es suficiente.
Nos quedamos observándonos durante varios segundos.
Luego alguien llamó su nombre desde el otro extremo del pasillo.
Lucas desvió la mirada.
Y aproveché ese momento para estudiarlo mejor.
Estaba más delgado de lo que recordaba.
Más cansado.
Más triste.
Como si hubiera envejecido mucho más de lo que correspondía a alguien de nuestra edad.
Y entonces noté algo.
Una cicatriz.
Pequeña.
Justo debajo de su muñeca izquierda.
No recordaba haberla visto antes.
Cuando volví a levantar la vista, él ya me estaba observando.
Y por primera vez desde que nos reencontramos, vi una grieta en su fachada.
Una emoción auténtica.
Miedo.
No miedo de mí.
Miedo de algo más.
Algo que lo seguía persiguiendo.
—Lucas...
Pero él dio un paso atrás.
Luego otro.
Como si acercarse fuera un error.
—Será mejor que me vaya.
—¿Siempre haces eso?
Frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—Huir.
La palabra pareció golpearlo.
Porque se quedó inmóvil.
Completamente inmóvil.
Durante un segundo pensé que finalmente me respondería.
Que me contaría todo.
Pero no ocurrió.
Simplemente bajó la mirada.
Y se alejó.
Otra vez.
Lo observé desaparecer entre los estudiantes.
La frustración volvió a instalarse en mi pecho.
Sin embargo, esta vez había algo diferente.
Algo que antes no tenía.
Una certeza.
Lucas no se había olvidado de mí.
Lucas tampoco era indiferente.
Y Lucas estaba escondiendo algo.
Algo lo suficientemente grande como para hacer que prefiriera escapar antes que enfrentarme.
Apreté los puños.
Porque si había algo que acababa de aprender, era que algunas respuestas no llegan solas.
Hay que ir a buscarlas.
Y yo acababa de decidir que descubriría la verdad.
#5155 en Novela romántica
#132 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 19.06.2026