Durante todo el fin de semana intenté convencerme de que debía dejar el tema en paz.
No era asunto mío.
Habían pasado años.
Lucas claramente no quería hablar de ello.
Y, siendo sincera, una parte de mí tenía miedo de descubrir la verdad.
Pero cada vez que cerraba los ojos volvía a recordar su expresión.
La forma en que se tensó al escuchar el nombre de Mateo.
La desesperación en su voz cuando me pidió que dejara de preguntar.
Y aquella frase.
"No preguntes cosas que no quieres saber."
¿Qué significaba eso?
¿Qué podía ser tan terrible?
El lunes llegué a la universidad más cansada de lo normal.
Había dormido poco.
Y pensado demasiado.
Como siempre.
Entré al salón y me senté en mi lugar habitual.
Lucas llegó unos minutos después.
Esta vez llevaba la capucha puesta.
Sin embargo, algo era diferente.
Parecía agotado.
Tenía ojeras.
Y durante toda la clase apenas levantó la vista de sus apuntes.
Ni siquiera intenté hablarle.
Después de lo ocurrido el viernes, sentía que había tocado una herida demasiado profunda.
Aun así, seguía observándolo de vez en cuando.
Y cuanto más lo hacía, más me convencía de algo.
Lucas no estaba enfadado conmigo.
Estaba asustado.
La pregunta era:
¿De qué?
Al terminar las clases fui directamente a casa de mi abuela.
Bueno.
A nuestra casa.
Pero ese día la encontré sola en la cocina preparando galletas.
Mi mamá seguía trabajando.
—Hola, mi niña.
—Hola, abuela.
Ella me observó durante unos segundos.
—Sigues pensando en él.
Suspiré.
Era imposible ocultarle nada.
—¿Tanto se nota?
—Solo un poco.
Levantó dos dedos separados apenas unos centímetros.
—Así de poco.
No pude evitar sonreír.
Me senté frente a ella.
Durante unos segundos observé cómo mezclaba los ingredientes.
Y entonces una idea apareció en mi mente.
Una idea que probablemente debería haber tenido antes.
—Abuela.
—¿Sí?
—¿Te acuerdas de Lucas?
Ella levantó la vista.
—Claro que me acuerdo.
—¿Y de su familia?
Su sonrisa desapareció ligeramente.
No por completo.
Solo un poco.
Lo suficiente para que lo notara.
—¿Por qué preguntas?
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—Solo curiosidad.
Mentira.
Una muy mala mentira.
Mi abuela me conocía demasiado bien.
—Mary.
—¿Qué?
—¿Qué estás buscando?
Bajé la mirada.
—No lo sé.
Y por primera vez estaba diciendo la verdad.
Porque ya no sabía qué esperaba encontrar.
Mi abuela suspiró.
—Recuerdo que ocurrió algo triste.
Levanté la cabeza de inmediato.
—¿Qué cosa?
Ella permaneció en silencio unos segundos.
Como si intentara ordenar recuerdos antiguos.
—No recuerdo todos los detalles.
Ha pasado mucho tiempo.
Pero sí recuerdo que tu mamá y yo hablamos mucho sobre esa familia.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Por qué?
—Porque algo ocurrió con el hermano menor.
Mi respiración se detuvo.
Mateo.
—¿Qué pasó?
Mi abuela negó lentamente con la cabeza.
—No lo sé exactamente.
Solo recuerdo que hubo rumores.
Muchos rumores.
Y después de eso se mudaron.
Eso era todo.
Nada más.
Pero ya era más de lo que tenía antes.
Aquella noche me encontré haciendo algo que probablemente no debería haber hecho.
Busqué el nombre de Lucas en redes sociales.
No encontré mucho.
Su perfil era privado.
No tenía fotografías.
Ni publicaciones.
Ni información personal.
Nada.
Era casi como si hubiera intentado borrar cualquier rastro de sí mismo.
Lo cual, considerando cómo actuaba, no me sorprendía.
Estaba a punto de cerrar la aplicación cuando algo llamó mi atención.
Una fotografía antigua etiquetada por otra persona.
Mi corazón dio un salto.
Abrí la imagen.
Era una fotografía escolar.
Lucas aparecía al fondo junto a varios estudiantes.
Y debajo de la imagen había comentarios.
Comentarios de años atrás.
La mayoría eran normales.
Hasta que encontré uno.
"Qué triste lo que pasó con su hermano."
Me quedé inmóvil.
Había otro.
"Pobre familia."
Otro más.
"No me imagino pasar por algo así."
Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que podía escucharlo.
Porque por primera vez tenía una certeza.
No estaba imaginando cosas.
Realmente había ocurrido algo.
Algo grave.
Algo que había cambiado la vida de Lucas para siempre.
Al día siguiente ocurrió algo inesperado.
Salía de una de mis clases cuando escuché una voz detrás de mí.
—¿Mary?
Me giré.
Una chica de cabello castaño me observaba con curiosidad.
Tardé unos segundos en reconocerla.
—¿Valeria?
Ella sonrió.
—¡Sí!
Habíamos estudiado juntas durante algunos años en primaria.
No éramos amigas cercanas.
Pero nos conocíamos.
Comenzamos a caminar por el pasillo mientras hablábamos.
Y entonces mencionó algo que hizo que me detuviera.
—Por cierto, vi que hablabas con Lucas.
Sentí que mi cuerpo se tensaba.
—¿Lo conoces?
Valeria pareció sorprendida.
—Claro.
Todos lo conocíamos.
—¿Por qué?
Su sonrisa desapareció.
Y entonces comprendí algo.
Ella también recordaba.
—Mary...
—¿Qué?
Valeria dudó.
Como si estuviera decidiendo si debía continuar o no.
Finalmente suspiró.
—No sé si debería decir esto.
Mi corazón golpeó con fuerza contra mi pecho.
—Decir qué.
Ella me observó durante unos segundos.
Y cuando habló, lo hizo en voz baja.
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Editado: 10.07.2026