Después de aquella conversación en la biblioteca, algo cambió entre nosotros.
No fue algo grande.
No de inmediato.
No hubo abrazos.
No hubo lágrimas.
No hubo reconciliaciones mágicas.
La vida no funciona así.
Pero por primera vez desde que Lucas había reaparecido en mi vida, dejó de levantar muros cada vez que intentaba acercarme.
Y eso era suficiente.
Por ahora.
Durante las siguientes semanas comenzamos a pasar más tiempo juntos.
A veces estudiábamos en la biblioteca.
A veces caminábamos por el campus después de clases.
A veces simplemente nos sentábamos en silencio.
Y, extrañamente, esos silencios ya no resultaban incómodos.
Se parecían a los de antes.
A los de cuando éramos niños.
Cuando no necesitábamos hablar para disfrutar de la compañía del otro.
Sin embargo, había algo que seguía preocupándome.
Lucas apenas dormía.
Lo noté una tarde mientras estudiábamos para un examen.
Tenía ojeras.
Los ojos cansados.
Y llevaba casi diez minutos mirando el mismo ejercicio.
—¿Dormiste anoche?
Levantó la vista.
—Sí.
—Mentira.
—¿Por qué preguntas si ya decidiste que estoy mintiendo?
—Porque tienes cara de no haber dormido en una semana.
Lucas resopló.
—Exagerada.
—Preocupada.
La palabra salió antes de que pudiera detenerla.
Y ambos nos quedamos en silencio.
Porque era verdad.
Me preocupaba.
Mucho más de lo que debería.
Lucas bajó la mirada.
—Solo fue una mala noche.
—¿Pesadillas?
Sus dedos se tensaron alrededor del bolígrafo.
Y eso fue suficiente respuesta.
Aquella misma noche recibí un mensaje suyo.
Lo cual era extraño.
Porque Lucas rara vez escribía primero.
Lucas: "¿Estás despierta?"
Miré la pantalla sorprendida.
Mary: "Sí."
Pasaron varios minutos.
Luego apareció otro mensaje.
Lucas: "¿Te acuerdas del parque donde jugábamos?"
Sonreí.
Mary: "Claro."
Lucas: "A veces sueño con ese lugar."
Mi sonrisa desapareció lentamente.
Porque algo en sus palabras no sonaba bien.
Mary: "¿Y eso es malo?"
La respuesta tardó varios minutos en llegar.
Lucas: "Depende del sueño."
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Al día siguiente encontré a Lucas sentado solo detrás del edificio principal.
Tenía la mirada perdida.
Y cuando me acerqué parecía más cansado que nunca.
—Hola.
—Hola.
Me senté a su lado.
Durante unos segundos ninguno habló.
Hasta que finalmente decidí preguntar.
—¿Sigues teniendo pesadillas?
Lucas soltó una risa sin humor.
—No te rindes nunca, ¿verdad?
—No.
—Ya me di cuenta.
Sonreí ligeramente.
Pero la sonrisa desapareció cuando lo escuché suspirar.
—Sí.
La respuesta me sorprendió.
Porque normalmente habría intentado evitar la pregunta.
—¿Sí qué?
—Sí tengo pesadillas.
Bajó la mirada.
—Desde hace años.
Mi corazón se encogió.
—¿Sobre Mateo?
Lucas tardó unos segundos en responder.
—A veces.
—¿Y las otras veces?
Su mandíbula se tensó.
—Sobre mi madre.
El silencio cayó entre nosotros.
—¿La has visto?
Lucas negó lentamente.
—No desde que me mudé.
—¿Nunca?
—Mi padre sí va a visitarla.
Yo no.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
Por primera vez pareció incómodo.
—Porque no puedo.
—¿No puedes o no quieres?
Lucas soltó una risa amarga.
—Las dos.
Miré el suelo.
Intentando imaginar lo que debía sentirse.
Tener una madre viva.
Pero inaccesible.
Tener una madre que te culpa por la muerte de tu hermano.
Y aun así seguir queriéndola.
Porque estaba segura de que Lucas todavía la quería.
Aunque jamás lo admitiera.
—¿La extrañas?
La pregunta salió en voz baja.
Lucas permaneció inmóvil durante varios segundos.
Y cuando finalmente habló, su voz sonó rota.
—Todos los días.
Sentí que el corazón se me partía un poco.
Porque detrás de toda aquella culpa seguía habiendo un hijo.
Un hijo que había perdido a su madre mucho antes de que ella desapareciera de su vida.
—Mary.
Levanté la vista.
Lucas me estaba observando.
—¿Sí?
Parecía nervioso.
Lo cual era extraño.
Muy extraño.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
Desvió la mirada.
Como si le costara encontrar las palabras adecuadas.
—¿Me odiaste?
Parpadeé.
—¿Qué?
—Cuando desaparecí.
Mi corazón dio un vuelco.
Porque después de todo este tiempo...
Después de todo lo ocurrido...
Eso era lo que realmente quería saber.
—No.
Lucas pareció sorprendido.
—¿No?
Negué lentamente.
—Estuve enfadada.
Mucho.
Pero nunca te odié.
Sus ojos permanecieron fijos en los míos.
Como si intentara comprobar que estaba diciendo la verdad.
—¿Por qué?
Solté una pequeña risa.
—Porque eras mi mejor amigo, idiota.
Por primera vez en mucho tiempo sonrió.
Una sonrisa auténtica.
Y durante un segundo pude ver al niño que había conocido años atrás.
El niño que creía perdido.
—Te extrañé.
Las palabras escaparon de mis labios antes de que pudiera detenerlas.
Lucas dejó de sonreír.
No porque estuviera molesto.
Sino porque parecía incapaz de procesarlas.
—Mary...
—Es verdad.
Tragué saliva.
—Te extrañé durante años.
El viento movió suavemente las hojas de los árboles.
Los estudiantes caminaban a nuestro alrededor.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026