—Lucas.
Su nombre escapó de mis labios antes de que pudiera detenerlo.
Al otro lado de la calle, bajo la luz amarillenta de la farola, permanecía inmóvil.
Como si no estuviera seguro de haber tomado la decisión correcta al aparecer.
Como si una parte de él quisiera marcharse otra vez.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Porque durante una semana había imaginado este momento.
Había imaginado qué le diría.
Cómo reaccionaría.
Si me enfadaría.
Si lo abrazaría.
Si lo ignoraría.
Pero ahora que estaba allí, no sabía qué hacer.
—¿Mary?
La voz de Adrián me devolvió a la realidad.
Se había dado cuenta de que estaba mirando algo.
O mejor dicho, a alguien.
Volví a girarme hacia Lucas.
Y fue entonces cuando ocurrió.
Lucas apartó la mirada.
Se dio media vuelta.
Y empezó a caminar.
Alejándose.
Otra vez.
—¡Lucas!
Crucé la calle sin pensarlo.
Ignorando el sonido de un claxon.
Ignorando la voz de Adrián llamándome.
Ignorándolo todo.
Solo quería alcanzarlo.
Necesitaba alcanzarlo.
—¡Lucas!
Finalmente se detuvo.
Sus hombros se tensaron.
Pero no se giró.
No inmediatamente.
Cuando lo hizo, la luz de la calle iluminó parcialmente su rostro.
Y sentí que algo se rompía dentro de mí.
Porque se veía terrible.
Más delgado.
Más cansado.
Más triste.
Las ojeras bajo sus ojos parecían más profundas que nunca.
Y había algo extraño en su expresión.
Algo vacío.
Como si estuviera agotado de existir.
—¿Qué haces aquí?
Mi voz salió más dura de lo que pretendía.
Lucas bajó la mirada.
—Quería verte.
La respuesta me desarmó por completo.
Porque no era la que esperaba.
—¿Después de tantas semanas?
—Mary...
—¿Después de ignorar mis mensajes?
—Lo siento.
—Ya dijiste eso.
Mi respiración era irregular.
La rabia que había acumulado durante días finalmente comenzaba a salir.
—¿Sabes lo preocupada que estaba?
Lucas permaneció en silencio.
—¿Lo sabes?
—Sí.
—Entonces ¿por qué lo hiciste?
Aquella pregunta pareció golpearlo.
Porque apartó la vista inmediatamente.
Y por un momento pensé que volvería a marcharse.
Pero esta vez no lo hizo.
—Porque no quería que me vieras así.
Fruncí el ceño.
—¿Así cómo?
Lucas soltó una pequeña risa.
Una risa amarga.
Triste.
—Destrozado.
El enojo desapareció de golpe.
Porque aquella palabra no sonó exagerada.
Sonó sincera.
Demasiado sincera.
—Lucas...
—No fue una buena idea ir a verla.
Mi corazón se encogió.
Su madre.
Claro.
Había olvidado por un momento que todo esto había comenzado allí.
—¿Qué pasó?
Los ojos de Lucas se cerraron.
Como si recordar doliera.
Como si incluso pensar en ello fuera demasiado.
—Nada que importe.
—Lucas.
—No quiero hablar de eso.
Lo observé durante varios segundos.
Y entonces me di cuenta de algo.
Tenía una pequeña marca rojiza cerca del cuello.
Apenas visible.
Pero estaba allí.
Mi estómago se encogió.
—¿Qué te pasó?
Su mano se movió inmediatamente hacia la zona.
Como si intentara ocultarla.
Demasiado tarde.
Ya la había visto.
—Nada.
—No mientas.
—Mary.
—¿Qué pasó?
Lucas guardó silencio.
Y aquel silencio fue peor que cualquier respuesta.
Porque confirmó que algo horrible había ocurrido.
—Lucas.
—Por favor.
Su voz se quebró.
Apenas un instante.
Pero lo suficiente para que lo notara.
—No me preguntes.
Y por primera vez comprendí que realmente no podía hacerlo.
No todavía.
Porque había heridas demasiado recientes.
Demasiado abiertas.
Demasiado dolorosas.
Así que simplemente asentí.
Y para mi sorpresa, pareció aliviado.
El silencio se instaló entre nosotros.
Extrañamente incómodo.
Extrañamente triste.
Hasta que Lucas habló.
—Vi que estabas con alguien.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿Adrián?
Él asintió.
Intentó parecer indiferente.
Fracasó miserablemente.
—Es un amigo.
—Ah.
Solo eso.
Ah.
Pero algo en la forma en que lo dijo me hizo fruncir el ceño.
—¿Eso es todo?
—¿Qué más debería decir?
—No lo sé.
—Yo tampoco.
La respuesta fue tan seca que me irritó.
—¿Por qué actúas así?
Lucas me observó confundido.
—¿Así cómo?
—Como si no te importara nada.
Una sombra cruzó su rostro.
—Porque es más fácil.
Aquella respuesta me dejó sin palabras.
Porque sonó demasiado honesta.
Demasiado real.
Y demasiado triste.
Cuando finalmente regresé junto a Adrián, él seguía esperando.
Lo primero que hizo fue observarme detenidamente.
—¿Todo bien?
—Sí.
Mentí.
Terriblemente.
Porque nada estaba bien.
Porque Lucas había vuelto.
Porque parecía roto.
Porque seguía ocultándome cosas.
Y porque, a pesar de todo, me había alegrado verlo.
Más de lo que quería admitir.
Adrián pareció notar que no quería hablar del tema.
Así que no insistió.
Y agradecí que lo hiciera.
Aquella noche, ya en mi habitación, el celular vibró.
Un mensaje.
Mi corazón se aceleró automáticamente.
Lucas.
Lo abrí de inmediato.
"Gracias por preocuparte."
Eso era todo.
Leí la frase varias veces.
Y justo cuando estaba pensando qué responder, llegó otro mensaje.
"Y lo siento."
Suspiré.
Porque seguía pidiendo perdón.
Como si fuera lo único que supiera hacer.
Como si creyera que tenía que disculparse por existir.
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Editado: 10.07.2026