Entre dos silencios
Habían pasado apenas unos días desde la fiesta.
Y apenas unos días desde que Lucas había reaparecido.
Después de casi un mes desaparecido.
Todavía me costaba creer que estuviera de vuelta.
Porque durante semanas me había acostumbrado a no verlo.
A mirar su asiento vacío.
A revisar mi celular esperando un mensaje que nunca llegaba.
Y ahora estaba ahí otra vez.
Sentado junto a la ventana.
Como siempre.
Como si nunca se hubiera ido.
Pero no era igual.
Nada era igual.
Lucas había vuelto.
Sin embargo, algo dentro de él seguía ausente.
Lo notaba en los pequeños detalles.
En la forma en que evitaba ciertas conversaciones.
En cómo se quedaba mirando al vacío cuando pensaba que nadie lo observaba.
En lo rápido que cambiaba de tema cuando mencionaba a su madre.
Y, sobre todo, en la forma en que se alejaba de mí.
No físicamente.
Seguíamos hablando.
Seguíamos viéndonos.
Pero había levantado una barrera invisible entre nosotros.
Una que no sabía cómo atravesar.
—Estás pensando demasiado otra vez.
Levanté la vista.
Adrián acababa de sentarse frente a mí en la cafetería.
Traía dos cafés.
Por supuesto.
A esas alturas ni siquiera preguntaba.
Simplemente aparecía con uno para mí.
—No estaba pensando demasiado.
—Claro que sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Suspiré.
—Algún día te cansarás de esta conversación.
—Lo dudo.
Empujó el café hacia mí.
—Además, alguien tiene que impedir que te conviertas en una ermitaña.
—No soy una ermitaña.
—Mary.
—¿Qué?
—Pasaste un sábado entero estudiando estadística.
—Había examen.
—Era dentro de dos semanas.
—Precisamente.
Adrián dejó caer la cabeza sobre la mesa.
—No puedo contigo.
No pude evitar reír.
Desde que lo conocí, Adrián parecía tener la extraña habilidad de hacerme reír incluso cuando no tenía ganas.
Y eso era peligroso.
Porque me estaba acostumbrando.
Me estaba acostumbrando a sus mensajes.
A sus bromas.
A encontrarlo en los pasillos.
A sus historias absurdas.
A su compañía.
Y cada vez que me daba cuenta de eso, algo dentro de mí se sentía extrañamente culpable.
Como si estuviera olvidando algo importante.
O a alguien.
—¿Vas a seguir mirando hacia allá?
La voz de Adrián me sacó de mis pensamientos.
—¿Qué?
—Llevas cinco minutos mirando la misma mesa.
Giré la cabeza.
Y me encontré con Lucas al otro lado de la cafetería.
Solo.
Otra vez.
Tenía un cuaderno abierto frente a él.
Pero no parecía estar leyendo.
Solo observaba las páginas.
Perdido en sus pensamientos.
—No estaba mirándolo.
—Claro.
—No estaba mirándolo.
—Mary.
—¿Qué?
—Lo estabas mirando.
Me hundí un poco en mi asiento.
Adrián sonrió.
Pero algo en aquella sonrisa parecía diferente.
Más apagada.
Duró apenas un segundo.
Luego desapareció.
Aquella tarde encontré a Lucas saliendo de la biblioteca.
—Hola.
Levantó la vista.
Y por un instante vi sorpresa en su expresión.
Como si no esperara encontrarme allí.
—Hola.
Caminamos juntos por el pasillo.
En silencio.
Algo que antes nunca ocurría.
Porque cuando éramos niños podíamos hablar durante horas.
Y ahora parecía que ninguno sabía qué decir.
—¿Cómo estás?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Lucas soltó una pequeña risa.
Sin humor.
—Bien.
—Mentiroso.
Aquello lo hizo girar la cabeza.
Por primera vez en días.
—¿Perdón?
—Siempre dices que estás bien.
Aunque claramente no lo estés.
Su expresión cambió.
Solo un poco.
Pero lo suficiente para notarlo.
—No quiero preocupar a nadie.
Mi corazón se encogió.
Porque esa era exactamente la respuesta que esperaba.
Y exactamente la respuesta que no quería escuchar.
—No tienes que cargar con todo tú solo.
Lucas bajó la mirada.
Durante unos segundos pensé que respondería.
Que diría algo más.
Pero finalmente solo murmuró:
—Ya estoy acostumbrado.
Y siguió caminando.
Aquella noche estaba terminando una tarea cuando mi celular vibró.
Sonreí automáticamente al ver el nombre.
Adrián.
Adrián: "Pregunta importante."
Reí para mí misma.
Mary: "Eso nunca termina bien."
La respuesta llegó casi al instante.
Adrián: "Confía en mí."
Mary: "Eso me preocupa más."
Pasaron unos segundos.
Luego apareció otro mensaje.
Y esta vez mi sonrisa desapareció.
Adrián: "¿Te gustaría salir conmigo este sábado?"
Me quedé inmóvil.
Mirando la pantalla.
Porque entendía perfectamente lo que significaba.
Adrián no era un desconocido.
No era alguien que acabara de conocer.
Durante semanas había estado ahí.
Haciéndome compañía.
Escuchándome.
Haciéndome reír.
Y ahora me estaba invitando a salir.
De verdad.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
No por emoción.
Sino por confusión.
Porque no sabía qué responder.
Porque una parte de mí quería decir que sí.
Porque Adrián era increíble.
Y porque otra parte de mí...
Pensó inmediatamente en Lucas.
Fruncí el ceño.
Molesta conmigo misma.
¿Por qué?
¿Por qué mi primera reacción había sido pensar en él?
El celular volvió a vibrar.
Adrián: "No tienes que responder ahora."
Miré el mensaje durante varios segundos.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026