Me quedé mirando el mensaje durante varios segundos.
¿Cómo estuvo tu salida?
Una pregunta simple.
Normal.
Inofensiva.
Y, sin embargo, no podía dejar de leerla.
Porque Lucas nunca hacía preguntas así.
Nunca.
Era el tipo de persona que respondía cuando le hablaban.
No el que iniciaba conversaciones.
Mucho menos después de todo lo que había ocurrido entre nosotros durante las últimas semanas.
Volví a leer el mensaje.
Y luego otro recuerdo apareció en mi mente.
La expresión de Lucas cuando le dije que iba a salir con Adrián.
Aquella pequeña tensión en su mandíbula.
Aquella sonrisa que no había llegado a sus ojos.
Sacudí la cabeza.
Probablemente estaba imaginando cosas.
Últimamente parecía tener un talento especial para hacerlo.
Así que escribí una respuesta sencilla.
Mary: "Estuvo bien."
La envié.
Y casi inmediatamente apareció el indicador de que estaba escribiendo.
Desapareció.
Volvió a aparecer.
Desapareció otra vez.
Fruncí el ceño.
Finalmente llegó un mensaje.
Lucas: "Me alegro."
Nada más.
Por supuesto.
Suspiré.
Y dejé el celular sobre la cama.
Porque Lucas seguía siendo Lucas.
Capaz de hacerme pensar demasiado con apenas dos palabras.
El lunes encontré a Adrián en la cafetería.
Como siempre.
Aunque algo era diferente.
No tardé mucho en descubrir qué era.
Estaba intentando actuar con normalidad.
Intentando.
Pero se notaba.
En las pausas.
En las miradas.
En los silencios que antes no existían.
Y eso me hizo sentir culpable.
Porque sabía que era mi culpa.
O al menos una parte.
—¿Todo bien?
Pregunté mientras me sentaba frente a él.
Adrián sonrió.
—Claro.
Mentira.
Una mentira terrible.
Porque lo conocía lo suficiente para reconocerla.
Sin embargo, ninguno mencionó la conversación del sábado.
Y por alguna razón ambos parecíamos agradecidos por ello.
Las cosas cambiaron durante los días siguientes.
No de forma drástica.
No de un día para otro.
Pero sí poco a poco.
Como una grieta que se va extendiendo.
Adrián seguía buscándome.
Seguíamos hablando.
Seguíamos riéndonos.
Pero había momentos en los que parecía distante.
Momentos en los que se quedaba observándome como si estuviera intentando resolver un problema.
Y yo sabía exactamente cuál era ese problema.
Yo.
El jueves ocurrió algo inesperado.
Salía de la biblioteca cuando escuché voces cerca de una de las escaleras.
No les presté atención.
Hasta que reconocí una de ellas.
Adrián.
—No entiendo por qué sigues insistiendo.
Era una voz masculina.
Uno de sus amigos.
—Porque me gusta.
Respondió Adrián.
Mi corazón se detuvo.
Instintivamente me quedé quieta.
—Adrián...
—¿Qué?
—Es obvio.
Silencio.
—¿Qué es obvio?
—Que ella está enamorada de otro.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
Porque aquellas palabras me golpearon de forma extraña.
Muy extraña.
—No lo está.
La respuesta de Adrián llegó demasiado rápido.
Como si quisiera convencerse a sí mismo.
—Claro que sí.
—No.
—¿Entonces por qué cada vez que alguien menciona a Lucas ella deja de prestar atención a todo lo demás?
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—Estás exagerando.
—¿En serio?
Hubo una pausa.
—Mírala cuando él entra a un salón.
Mírala cuando está preocupado.
Mírala cuando desapareció.
Todos nos dimos cuenta, Adrián.
Todos menos ella.
Cerré los ojos.
Porque de pronto quería dejar de escuchar.
Pero no podía moverme.
No podía respirar.
No podía pensar.
—No sabes de lo que hablas.
La voz de Adrián sonó más dura.
—Tal vez.
Respondió su amigo.
—Pero creo que tú sí.
Los pasos comenzaron a alejarse.
Y yo permanecí inmóvil.
Sin entender por qué aquellas palabras seguían resonando dentro de mi cabeza.
Todos nos dimos cuenta.
Todos menos ella.
No.
Eso era absurdo.
Completamente absurdo.
Lucas era mi mejor amigo.
Mi amigo de la infancia.
La persona que había perdido durante años.
Por supuesto que me preocupaba.
Por supuesto que me importaba.
Eso no significaba...
¿Verdad?
Aquella noche apenas pude concentrarme en mis tareas.
Y como si el universo hubiera decidido burlarse de mí, mi celular vibró cerca de las diez.
Un mensaje de Lucas.
Lucas: "¿Terminaste el trabajo de economía?"
Me quedé observando la pantalla.
Porque era una pregunta completamente normal.
Y aun así sentí algo extraño.
Algo que no sabía explicar.
Mary: "Sí."
Pasaron unos segundos.
Lucas: "¿Puedo verlo mañana?"
Sonreí involuntariamente.
Porque era exactamente el tipo de mensaje que Lucas enviaría.
Nada emocional.
Nada profundo.
Solo tareas.
Solo universidad.
Solo algo seguro.
Mary: "Claro."
Esta vez tardó más en responder.
Y cuando lo hizo, el mensaje fue inesperado.
Lucas: "Gracias."
Luego apareció otro.
Lucas: "Y por ayudarme siempre."
Mi respiración se detuvo.
Porque Lucas jamás decía cosas así.
Jamás.
Y porque, por alguna razón, aquellas palabras me hicieron sonreír durante varios minutos.
Mucho después de que la conversación terminara.
Al día siguiente encontré a Lucas sentado bajo un árbol cerca de la facultad.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026