Durante los días siguientes intenté convencerme de que estaba exagerando.
Que la conversación que había escuchado entre Adrián y su amigo no significaba nada.
Que todo el mundo estaba viendo cosas donde no las había.
Y que yo seguía siendo exactamente la misma de siempre.
Pero era mentira.
Porque algo había cambiado.
Y lo sabía.
—¿Por qué me estás mirando así?
Adrián levantó una ceja desde el otro lado de la mesa.
Parpadeé.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras intentando resolver una ecuación.
—No estaba haciendo eso.
—Mary.
—¿Qué?
—Llevas diez segundos sin pestañear.
Aparté la mirada inmediatamente.
Lo peor era que tenía razón.
Otra vez.
Últimamente me estaba acostumbrando demasiado a que tuviera razón.
—Qué miedo.
Murmuró él.
—¿Perdón?
—Nada.
—Adrián.
—Nada.
Sonrió.
Y, para mi sorpresa, sentí algo extraño en el estómago.
Algo pequeño.
Algo que desapareció tan rápido como apareció.
Pero que definitivamente estaba ahí.
Aquella tarde terminamos caminando por el campus después de clases.
Era algo habitual.
Lo hacíamos desde hacía semanas.
Pero esta vez se sentía diferente.
Tal vez porque ahora era consciente de que a Adrián le gustaba.
O tal vez porque por primera vez estaba permitiéndome pensar en ello.
—¿Qué planes tienes para el fin de semana?
Preguntó.
—Dormir.
—Qué emocionante.
—Gracias.
—Voy a comprarte una vida social.
—No puedes comprar personas.
—Puedo intentarlo.
Me reí.
Y él sonrió satisfecho.
Como si ese hubiera sido su objetivo desde el principio.
Mientras hablábamos, varias personas lo saludaron.
Un grupo de chicos.
Luego dos chicas.
Después otra persona más.
Y Adrián respondió a todos.
Con la misma naturalidad.
Con la misma facilidad.
—Todavía no entiendo cómo conoces a tanta gente.
—Soy encantador.
—No.
—Sí.
—Definitivamente no.
—Tus argumentos son muy ofensivos.
Negué con la cabeza.
Pero terminé riendo.
Como siempre.
Y entonces me di cuenta.
Me gustaba estar con él.
Mucho.
Más de lo que había admitido hasta ahora.
Cuando llegué a casa aquella noche encontré un mensaje de Lucas.
Lucas: "¿Terminaste el informe?"
Sonreí.
Porque era exactamente el tipo de mensaje que esperaba de él.
Le respondí.
Hablamos unos minutos sobre clases.
Sobre tareas.
Sobre exámenes.
Nada más.
Y cuando terminó la conversación, ocurrió algo que me sorprendió.
No me quedé mirando el teléfono.
No me quedé esperando otro mensaje.
Simplemente seguí con lo que estaba haciendo.
Y por primera vez desde que Lucas había regresado, aquello me pareció importante.
Dos días después, Adrián apareció frente a mi salón.
—Tengo una propuesta.
—Eso nunca termina bien.
—Escúchame primero.
Suspiré.
—Habla.
—Hay una feria gastronómica cerca del centro este sábado.
—Ajá.
—Y quiero ir.
—Perfecto.
—Contigo.
Parpadeé.
—¿Conmigo?
—Sí.
—¿Por qué?
Adrián abrió mucho los ojos.
—Porque eres divertida.
—Eso es mentira.
—Porque me caes bien.
—Sigue sonando falso.
—Porque quiero pasar tiempo contigo.
Mi corazón se detuvo por un instante.
Solo un instante.
Pero él lo notó.
Porque sonrió.
Y yo odié que lo notara.
—Entonces...
Dijo.
—¿Qué dices?
Por alguna razón pensé en rechazar la invitación.
Por costumbre.
Por timidez.
Por miedo.
Pero también pensé en algo más.
Pensé en lo bien que me sentía cuando estaba con él.
En lo fácil que era hablarle.
En cómo conseguía hacerme reír incluso en mis peores días.
Y antes de que pudiera arrepentirme, respondí:
—Está bien.
La sonrisa de Adrián fue inmediata.
Genuina.
Brillante.
Y algo dentro de mí se sintió inexplicablemente feliz por haberla provocado.
Esa misma tarde encontré a Lucas en la biblioteca.
Estaba sentado junto a una ventana.
Leyendo.
O fingiendo leer.
Porque llevaba varios minutos mirando la misma página.
—Hola.
Levantó la vista.
—Hola.
Me senté frente a él.
Y por un momento todo volvió a sentirse como antes.
Tranquilo.
Familiar.
Seguro.
Lucas cerró el libro.
—Pareces contenta.
La observación me tomó por sorpresa.
—¿Sí?
Asintió.
—Sí.
No supe qué responder.
Porque tenía razón.
Últimamente me sentía más feliz.
Más ligera.
Y una parte importante de eso tenía nombre.
Adrián.
—Me alegro.
Dijo Lucas después de unos segundos.
Sonrió.
Pero había algo extraño en aquella sonrisa.
Algo que no logré identificar.
Y por primera vez no fui yo quien intentó descubrir qué estaba sintiendo.
Porque mis pensamientos ya estaban en otra parte.
En alguien más.
Y eso era nuevo.
Muy nuevo.
Y quizás un poco peligroso.
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Editado: 10.07.2026