Los días posteriores a la conversación con Lucas fueron extraños.
No malos.
Solo extraños.
Porque una parte de mí seguía pensando en todo lo que me había contado.
En la culpa.
En su hermano.
En aquella carta.
Y en la forma en que había dicho:
"Yo no me he perdonado."
Cada vez que recordaba esas palabras sentía un nudo en el pecho.
Pero al mismo tiempo...
La vida seguía avanzando.
Las clases seguían.
Los exámenes seguían.
Y yo también tenía que seguir.
—Estás distraída.
Levanté la vista de mis apuntes.
Adrián estaba sentado frente a mí en la cafetería.
—No es verdad.
—Mary.
—¿Qué?
—Acabas de escribir el mismo título tres veces.
Miré mi cuaderno.
Y efectivamente había escrito:
"Administración Financiera"
"Administración Financiera"
"Administración Financiera"
Solté un suspiro.
—No digas nada.
—Nunca había visto una declaración de amor tan apasionada hacia una materia.
No pude evitar reírme.
Y una vez más me sorprendió lo fácil que era sentirme mejor cuando estaba con él.
Durante el almuerzo hablamos de cualquier cosa.
De profesores.
De tareas.
De películas.
De música.
Y mientras lo escuchaba hablar me descubrí observándolo.
No a escondidas.
Simplemente observándolo.
La forma en que gesticulaba cuando se emocionaba.
La manera en que intentaba hacer reír a todo el mundo.
Su sonrisa.
Sus ojos.
Y por primera vez pensé algo que me hizo sonrojar inmediatamente.
Adrián era realmente guapo.
Mucho.
—¿Por qué estás roja?
Casi me atraganté con el refresco.
—¿Qué?
—Estás roja.
—Hace calor.
—Estamos bajo aire acondicionado.
—Pues igual tengo calor.
Adrián sonrió.
Y sospeché que no me creyó ni un poco.
Aquella tarde, cuando regresé a casa, encontré un mensaje de Camila.
Como siempre.
Camila: "Actualización romántica obligatoria."
Puse los ojos en blanco.
Mary: "No existe ninguna actualización romántica."
La respuesta llegó de inmediato.
Camila: "Mentira."
Mary: "¿Por qué?"
Camila: "Porque cuando una chica responde tan rápido es porque sí existe."
Suspiré.
Era imposible discutir con ella.
Esa noche me encontré pensando en Adrián.
No porque hubiera ocurrido algo especial.
Precisamente porque no había ocurrido nada.
Porque estar con él se estaba convirtiendo en algo normal.
En una parte de mi rutina.
Y me gustaba.
Mucho.
Al día siguiente sucedió algo que me tomó por sorpresa.
Estaba saliendo de una clase cuando automáticamente saqué mi celular.
Y sin pensarlo demasiado escribí un mensaje.
Mary: "¿Dónde estás?"
Lo envié.
Y solo después me di cuenta de algo.
Se lo había enviado a Adrián.
No porque necesitara algo.
No porque tuviéramos un trabajo pendiente.
Simplemente porque quería verlo.
Mi corazón dio un pequeño salto.
La respuesta llegó casi de inmediato.
Adrián: "Biblioteca."
Mary: "Voy para allá."
Hubo unos segundos de silencio.
Luego:
Adrián: "¿Todo bien?"
Sonreí.
Mary: "Sí."
Adrián: "Entonces me preocupa más."
Lo encontré sentado en una de las mesas del fondo.
Cuando me vio llegar pareció genuinamente sorprendido.
—¿Qué pasó?
Preguntó.
—Nada.
—¿Nada?
—Nada.
—Mary.
—Solo quería verte.
Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.
Y apenas lo hicieron, sentí que todo mi cuerpo se congelaba.
Porque acababa de decir eso.
En voz alta.
Delante de Adrián.
Durante unos segundos ninguno habló.
Luego él sonrió.
Una sonrisa lenta.
Sincera.
Hermosa.
—Ah.
Fue lo único que dijo.
Pero aquella sonrisa permaneció.
Y por alguna razón eso hizo que mi corazón comenzara a latir más rápido.
Más tarde, mientras regresaba a casa, vi una notificación.
Lucas.
Lucas: "¿Tienes apuntes de la clase de hoy?"
Sonreí.
Porque aquello sí era normal.
Aquello sí era Lucas.
Le envié las fotos.
Y seguimos hablando unos minutos.
Como amigos.
Como siempre.
Sin embargo, mientras conversábamos, me di cuenta de algo.
Por primera vez en mucho tiempo no estaba esperando sus mensajes.
No estaba pendiente del teléfono.
Porque mientras hablaba con él...
Pensaba en otra persona.
Esa misma noche, Lucas cerró la conversación y dejó el teléfono sobre su escritorio.
La habitación permaneció en silencio.
Durante varios minutos.
Hasta que finalmente abrió una fotografía vieja.
Una fotografía de dos niños sentados en una bicicleta demasiado grande para ellos.
Él y Mary.
Muchos años atrás.
La observó durante largo rato.
Y por primera vez se permitió pensar algo que llevaba semanas evitando.
Algo que lo asustó más que cualquier recuerdo de su pasado.
Porque algunas verdades eran imposibles de ignorar para siempre.
Y Lucas empezaba a sospechar que estaba enamorado de su mejor amiga.
#3219 en Novela romántica
#57 en Ciencia ficción
#novelajuvenil #romance #drama, #romace, #jovenesprotagonista
Editado: 10.07.2026