Cuando huir ya no basta

Capitulo 27- Un paso adelante

Un paso adelante

Durante los días siguientes no pude dejar de pensar en una cosa.

Me gustaba Adrián.

Era extraño decirlo incluso dentro de mi cabeza.

Pero ya no podía seguir fingiendo que no era cierto.

Me gustaba.

Y cuanto más intentaba negarlo, más evidente se volvía.

El problema era que ahora no sabía qué hacer con esa información.

Porque admitir algo y actuar en consecuencia eran cosas completamente diferentes.

Y yo siempre había sido terrible para la segunda.

—¿Estás nerviosa?

Levanté la vista.

Camila apareció en la pantalla de mi celular con una sonrisa sospechosa.

—No.

—Mentira.

—No.

—Mary.

—¿Qué?

—Tu voz subió dos tonos.

Suspiré.

—Te odio.

—No es verdad.

—Un poco sí.

Camila se echó a reír.

—Entonces sí te gusta.

Escondí el rostro entre las manos.

Porque ya era imposible seguir negándolo.

—¿Y qué vas a hacer?

Preguntó ella.

—Nada.

—Respuesta incorrecta.

—Gracias.

—De nada.

Rodé los ojos.

—No sé qué hacer.

Y por primera vez lo dije en serio.

Porque realmente no lo sabía.

Nunca había estado en una situación así.

Nunca había tenido que preguntarme si alguien me gustaba.

Mucho menos alguien que ya había confesado sentir algo por mí.

—Entonces haz algo sencillo.

Dijo Camila.

—¿Cómo qué?

—Invítalo tú.

Parpadeé.

—¿Yo?

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Gemí.

Porque odiaba cuando tenía razón.

Aquella misma tarde estuve mirando la conversación con Adrián durante casi diez minutos.

Diez minutos.

Completos.

Sin escribir nada.

Era ridículo.

Absolutamente ridículo.

Y lo sabía.

Finalmente cerré los ojos.

Respiré hondo.

Y escribí.

Mary: "¿Estás ocupado mañana?"

Lo envié antes de poder arrepentirme.

Y sentí que mi corazón intentaba escapar de mi pecho.

La respuesta llegó un minuto después.

Adrián: "Depende."

Fruncí el ceño.

Mary: "¿Depende de qué?"

Adrián: "¿Es una emergencia?"

Mary: "No."

Adrián: "Entonces no estoy ocupado."

Una sonrisa apareció automáticamente en mi rostro.

Mary: "Quería invitarte a algún lugar."

Pasaron varios segundos.

Muchos segundos.

Demasiados segundos.

Y entonces llegó la respuesta.

Adrián: "Espera."

Adrián: "¿Me estás invitando tú?"

Sentí el calor subir a mis mejillas.

Mary: "Sí."

La respuesta tardó casi un minuto.

Y cuando llegó entendí por qué.

Adrián: "Necesitaba un momento para recuperarme del impacto."

Solté una carcajada.

Al día siguiente me encontré con él después de clases.

Y para mi sorpresa parecía genuinamente feliz.

Más feliz de lo normal.

—No sabía que esto era posible.

Dijo mientras caminábamos.

—¿Qué cosa?

—Que Mary tomara la iniciativa.

—Puedo irme.

—No, gracias.

Su sonrisa fue tan sincera que tuve que apartar la mirada.

Terminamos en una pequeña cafetería cerca de la universidad.

Un lugar tranquilo.

Sin demasiada gente.

Perfecto.

—Tengo una pregunta.

Dijo Adrián mientras revolvía su café.

—Eso nunca termina bien.

—Probablemente.

Levantó la vista.

—¿Por qué me invitaste?

Mi corazón se aceleró.

Porque la respuesta era sencilla.

Y precisamente por eso daba miedo.

—Porque quería verte.

La frase salió mucho más suave de lo que esperaba.

Durante unos segundos Adrián no dijo nada.

Solo me observó.

Y aquello me puso más nerviosa que cualquier respuesta.

—Ah.

Dijo finalmente.

—¿Ah?

—Estoy intentando parecer tranquilo.

No pude evitar reír.

Y él también.

Por primera vez sentí que la distancia entre nosotros estaba desapareciendo.

Poco a poco.

Sin prisas.

Sin presión.

Como algo natural.

Cuando regresé a casa encontré un mensaje de Lucas.

Algo poco habitual.

Porque normalmente era yo quien escribía primero.

Lucas: "¿Tienes tiempo mañana?"

Fruncí el ceño.

Mary: "Sí."

Pasaron unos minutos.

Luego llegó la respuesta.

Lucas: "Necesito contarte algo."

Mi preocupación apareció inmediatamente.

Porque aquellas palabras nunca eran buenas.

Nunca.

Al día siguiente encontré a Lucas sentado bajo el árbol donde solía pasar tiempo cuando quería estar solo.

Pero algo parecía diferente.

No parecía triste.

No parecía angustiado.

Solo... nervioso.

Y eso era nuevo.

—¿Qué pasó?

Pregunté mientras me sentaba a su lado.

Lucas tardó unos segundos en responder.

Como si estuviera organizando las palabras.

—Hablé con mi padre.

Mi corazón se encogió un poco.

—¿Y?

Lucas bajó la mirada.

Luego soltó el aire lentamente.

—Voy a empezar terapia.

Durante un instante me quedé en silencio.

No porque me sorprendiera.

Sino porque nunca imaginé que sería él quien lo diría.

Por iniciativa propia.

—Lucas...

—No sé si funcionará.

Interrumpió.

—No sé si servirá de algo.

No sé si estoy listo.

Pero...

Guardó silencio unos segundos.

—Estoy cansado de sentirme así.

Aquellas palabras fueron más honestas que cualquier cosa que hubiera escuchado de él en meses.

Y por primera vez vi algo que llevaba mucho tiempo sin ver en Lucas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.